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Los mejores presidentes de Estados Unidos | LD

De George Washington a Ronald Reagan, así son los presidentes norteamericanos que más han hecho por la libertad.

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Pedro Fernández Barbadillo / Libertad Digital

La declaración de independencia de las colonias de Norteamérica se produjo en 1776, pero la actual república nació en 1787, con la redacción de la Constitución, que sigue vigente, con las posteriores 27 enmiendas.

La Declaración de Independencia de las Trece Colonias, el 4 de julio de 1776

El primer presidente, George Washington, fue elegido entre diciembre de 1788 y enero de 1789, sin rivales, y tomó posesión en abril de 1789. Desde entonces, el país ha tenido otros 44 presidentes. Nunca se han suspendido las elecciones presidenciales y siempre se han celebrado todos los años bisiestos. De estos 45, ¿cuáles se consideran los mejores?

George Washington, sin partido (1789-1797)

Rico plantador virginiano y jefe del Ejército Continental que obtuvo la victoria sobre los británicos, con la ayuda de españoles y franceses. Dotó a la presidencia de una reputación que casi ningún otro en su puesto habría podido repetir. Sus poderes estaban en constante discusión por los representantes de unos estados muy celosos de sus prerrogativas. Hasta se protestó por que pronunciase el Mensaje de Acción de Gracias a todo el país, ya que, según los críticos, se trataba de una fiesta religiosa y él desempeñaba un cargo civil.

En sus ocho años de gobierno mantuvo la unidad de un pequeño gobierno de solo cuatro departamentos (Secretarías de Estado, del Tesoro y de Guerra, más la Fiscalía General) y la vicepresidencia, pero dividido por dos de las figuras más impresionantes de la revolución: Alexander Hamilton, federalista, y Thomas Jefferson, demócrata-republicano y tercer presidente.

En su mandato, se aprobaron y entraron en vigor las diez primeras enmiendas de la Constitución, que limitan el poder estatal sobre los ciudadanos.

Tan grande era el respeto que le rodeaba que se le ofreció un tercer mandato, pero lo rechazó, con lo que introdujo el precedente de los dos mandatos presidenciales como regla.

Su Mensaje de Despedida, redactado por Hamilton, expone las líneas principales que dirigieron la política de EEUU en las décadas siguientes, como la neutralidad en las guerras europeas y la desconfianza ante los partidos políticos.

Andrew Jackson, demócrata (1829-1837)

Andrew Jackson

Con el séptimo presidente, el general Andrew Jackson, entró el pueblo en la Casa Blanca. Invitó por primera vez a cientos de ciudadanos del común a su toma de posesión, al coste del destrozo del mobiliario y la vajilla de la Casa Blanca.

Aunque nació en las Carolinas y poseía esclavos, era un nacionalista intransigente que combatió todo acto de sedición, aunque viniese de sus paisanos. Se consideraba el único cargo público elegido por todo el pueblo y eso, junto con su baja extracción social, le condujo a la demagogia. Exacerbó el sistema de despojos, ya asentado en Nueva York y Pensilvania.

Fue el primer y único presidente en pagar la deuda pública con los fondos ingresados de la venta de tierras, los impuestos y las aduanas. Se opuso a la existencia de un banco central, porque estaba convencido de que era un instrumento de corrupción de las oligarquías del Norte y desconfiaba del papel moneda. Pero permitió una burbuja de bancos locales que emitieron papel y dieron créditos sin respaldo en metálico. A su sucesor, su vicepresidente Martin van Buren, le dejó el Pánico de 1837.

Su principal herencia fue la implicación real de millones de ciudadanos humildes en la política, en contraste con el elitismo de las dinastías de los virginianos (el estado dio cuatro presidentes) y los Adams (padre e hijo ocuparon el cargo). A partir de entonces, varios candidatos alardearon de haber nacido en una cabaña de troncos o en la frontera, o de no haber cursado estudios universitarios.

James Polk, demócrata (1845-1849)

Este sureño extendió su país de costa a costa en su único mandato. El Congreso aceptó a la república de Texas en la Unión (1845), lo que provocó la guerra con México, en la que Estados Unidos le arrebató la mitad de su territorio, más de 3.000.000 de km². En la guerra actuó como capitán general, nombrando y destituyendo mandos y aprobando campañas. Su ejemplo fue un precedente que permitió a Lincoln, un abogado y político sin experiencia militar, dirigir su bando como máxima autoridad.

Zanjó la disputa con el Reino Unido sobre el territorio de Oregón mediante un tratado de partición (1846), después de amenazar a Londres con otra guerra. Suprimió la obligación de que la Secretaría del Tesoro depositara su liquidez en bancos privados y pasó a guardarla en su edificio central y sus delegaciones, hasta que se instauró la Reserva Federal (1913). Otro de los puntos de su programa fue la rebaja de los aranceles, para beneficiar al sur.

Cumplió su promesa de gobernar un solo mandato, pero no disfrutó mucho de su retiro, porque murió de cólera a los 104 días de salir de la Casa Blanca.

Abraham Lincoln, republicano (1861-1865)

Abraham Lincoln

El primer presidente del Partido Republicano es el más importante del siglo XIX, porque consiguió mantener unido al país y abolió la esclavitud, a la que era contrario.

Las decisiones de Abraham Lincoln en la guerra también influyeron en el sistema constitucional y desequilibraron en favor de la Presidencia la relación entre esta y los estados. El Gobierno se apoderó de la política monetaria y emitió papel moneda sin pedir consentimiento a los estados. Para financiar la guerra, Lincoln estableció nuevos tributos, entre ellos el primer impuesto de la renta, que se mantuvo hasta 1873. A fin de impulsar la industria bélica, elevó los aranceles, que ya formaron parte de la política económica nacional hasta entrado el siglo XX. Fundó el estado de Virginia Occidental con condados abolicionistas separados de Virginia. El Congreso le autorizó a suspender el habeas corpus, facultad que él empleó.

Estuvo a punto de perder las elecciones en 1864, aunque la mayoría de los soldados votó por él. Su asesinato, pocos días después de la rendición del general sudista Robert Lee, le elevó a la condición de héroe nacional.

Reforzó en sus compatriotas el sentimiento de excepcionalidad de su país al definirlo en su discurso en Gettysburg así: «una nueva nación concebida en la libertad y consagrada en el principio de que todas las personas son creadas iguales».

Lincoln no solo salvó la Unión, sino que, además, preparó el camino para que la Presidencia atrajera y acaparara más facultades de gobierno, en detrimento del Congreso y de los estados.

Su sucesor, el demócrata Andrew Johnson, desmovilizó el inmenso ejército heredado de la guerra, entonces el mayor y más poderoso del mundo, dotado de armas automáticas.

Theodore Roosevelt, republicano (1901-1909)

Theodore Roosevelt

Fue el quinto vicepresidente en alcanzar la Casa Blanca por la muerte de su predecesor, en su caso de William McKinley (1897-1901), asesinado por un anarquista, pero fue el primero que, una vez agotado ese mandato, ganó otro más con su nombre como candidato principal. A McKinley le elogió Donald Trump en su segundo discurso inaugural por su política arancelaria.

En el exterior, realizó más intervenciones militares que sus predecesores (combatió en Cuba en 1898), aunque sin disfraces humanitarios. Agregó una nueva joya al imperio colonial norteamericano: el canal de Panamá. Y dejó claro a las potencias europeas que el Caribe pasaba a ser una esfera de influencia exclusiva de Washington.

En el interior se constituyó en el defensor de los hombres sencillos frente a los abusos de los trusts, el primero de los cuales se había formado en 1882 en torno a la petrolera Standard Oil, y los holdings. Se enfrentó a magnates como John Rockefeller, E. H. Harriman y J. P. Morgan. En una huelga de mineros del carbón, obligó a una negociación entre el sindicato y la propiedad; también obligó a los fabricantes de medicamentos y los envasadores de carne a mejorar sus productos.

Estas políticas, que le convirtieron en uno de los presidentes más populares, tanto que intentó un tercer mandato con otro partido, sirvieron para impedir el crecimiento del Partido Socialista de América, fundado en el mismo 1901. Theodore Roosevelt convirtió al republicano en un partido de clases medias y populares.

Se ganó el apodo de presidente conservacionista, porque estableció cinco parques nacionales y declaró dieciocho monumentos nacionales.

Inventó las ruedas de prensa en la Casa Blanca y la prensa popularizó su figura, con crónicas y fotografías.

Franklin Roosevelt, demócrata (1933-1945)

De la misma familia que el anterior, dirigió la nación en la Gran Depresión y en la Segunda Guerra Mundial, y ambas catástrofes cambiaron de arriba abajo Estados Unidos.

Para sacar al país de la recesión (en julio de 1932, el número de desempleados se acercó a los quince millones), intervino la economía con medidas aún muy discutidas y aumentó el gasto público. Eso llevó a un cambio de mentalidad del pueblo norteamericano, que abandonó para siempre la doctrina del laissez-faire. Además, el Partido Demócrata se convirtió en el mayoritario hasta los años 60.

FDR no solo quería derrotar al Eje, sino que también pretendía el desmantelamiento del imperio británico y del colonialismo europeo. Guiado por su ideología progresista, planeó un reparto del nuevo mundo entre EEUU y la URSS. Estaba convencido de que convertiría en demócrata a Stalin, de cuyos genocidios estaba informado, por su encanto personal y sus concesiones.

Una de las decisiones capitales de Franklin Roosevelt para la posguerra fue la sustitución en el ticket para las elecciones de 1944 (que se negó a suspender o aplazar) de su vicepresidente, Henry Wallace, por el realista Harry Truman.

Puso las bases de la Presidencia Imperial, casi omnipotente en política exterior. Fue el primer presidente que usó el FBI para espiar a sus rivales y ocultó a los ciudadanos su poliomielitis. Tras él, se aprobó la enmienda XXII, que limita los mandatos presidenciales a dos.

Su sonrisa y su agradable voz, transmitida por la radio a todo el país, escondían a un político despiadado. El periodista Frank Waldrop dijo que Roosevelt era «más duro» que Joseph Kennedy, otro célebre corruptor de hombres. «Joe nunca comprendió que Roosevelt pudiera estar siempre sonriendo y, al mismo tiempo, ser un malvado».

Ronald Reagan, republicano (1981-1989)

Fue el único presidente que ha sido miembro de un sindicato ¡y actor de cine! Encarnó una revolución conservadora que no se limitó a bajar los impuestos, sino que se extendió a las ideas, primero en California, de la que fue gobernador entre 1967 y 1975, y luego en el país entero. La derecha se atrevería a romper con el paradigma progresista. Una de las manifestaciones de ese movimiento fue el enfrentamiento con el bloque socialista, no la mera coexistencia, y con el objetivo de derrotarlo.

Ronald Reagan puso en marcha un programa de armamento de alta tecnología, la Iniciativa de Defensa Estratégica, que acabó de arruinar a la URSS. Apoyó a los combatientes anticomunistas, desde Nicaragua a Polonia. Su vicepresidente y sucesor, George Bush, recogió el triunfo del desmoronamiento del que él bautizó como imperio del mal.

Después de «una generación de dudas, cuestionamientos y críticas internas» (Stanley Payne), Reagan restauró el sentido del idealismo y los principios consustanciales a la nación, así como de la Presidencia como símbolo y guía. Contaba para ello con «un don misterioso para unir al pueblo norteamericano» (Henry Kissinger). Como muestra de su optimismo, le gustaba citar la frase de Tom Paine: «Está en nuestro poder volver a empezar el mundo».

Su prestigio es tan alto que hasta Barack Obama le alabó. Entre sus fracasos, una amnistía a más de tres millones de inmigrantes en 1986, que empezó la transformación de California en ciudadela progresista.

Fuente: https://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2026-07-04/pedro-fernandez-barbadillo-los-mejores-presidentes-de-estados-unidos-7430894/

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