#ElRinconDeZalacain | “Preparar sabrosas comidas, y compartirlas con los seres que amamos, es un maravilloso acto de amor”
Por Jesús Manuel Hernández*
En la mesa fue soltada la premisa sobre la calificación dada a quienes optan por tomar los alimentos en soledad, es decir sin compañía. Zalacaín había leído algunos tratados de psicología sobre esa “manía” o característica de personajes cuya actividad gastronómica se desempeñaba en soledad.
Laura Fuster, psicóloga especializada en ansiedad, consideraba en un texto: “el pequeño acto de comer sin compañía tiene mucho que contarnos, puede revelar un autoestigma social, la ansiedad social y el miedo al juicio ajeno que nos dan pistas”.
Al aventurero le vino a la cabeza esa leyenda negra sobre los llamados “inspectores” de la Guía Michelin y otras clasificadoras acerca de la importancia de un establecimiento de comida.
Varias películas refieren cómo los “inspectores” pretenden pasar desapercibidos cuando se presentan en un restaurante para calificarlo, pero siempre bajo la premisa de la discreción, es decir, no ser descubiertos, pues de lo contrario los camareros y el chef le darían una atención especial.
Aun así, eso de comer solo, al aventurero le había parecido algo despreciable. En su vida cotidiana acostumbraba a desayunar solo, frente a la computadora o revisando algunos papeles de su trabajo, pero le parecía bastante tedioso compartir horas de desayuno con personas cuya actividad, políticos o jubilados, les obligaba a ocupar el tiempo y a gastar poco, de ahí el crecimiento de los llamados “desayunadores” en Puebla, su ciudad de residencia.
Desayunar solo, para el aventurero era un punto vital para arrancar el día, poner orden a la agenda, planear las horas siguientes, pero principalmente: confeccionar el menú para la comida, pensado siempre en los vinos como primer punto y los gustos de los o las acompañantes, esa era una lección aprendida hacía unas cinco décadas de uno de sus mejores maestros, quizá el mejor.
En los desayunos, se hace una comida mañanera larga y completa, dando paso a prácticamente evitar la comida del medio día y dedicarle otro espacio a la alimentación vespertina o nocturna.
En cambio las comidas, cuestan más y aparte de los alimentos aparece el vino y las bebidas alcohólicas, con lo cual la sobremesa constituye ocupar más tiempo, máxime cuando aparecía la poesía, los tríos y las canciones vernáculas.
Zalacaín citó ante el grupo de amigos la emblemática figura de “Antón Ego”, el crítico gastronómico en la excelente película de Ratatouille, quien con sentido mordaz destruía los platos del chef Gusteau.
La caracterización de Ego, es de un individuo amargado, solo, sin sentido del humor, severo, fiel a la norma y con escasa apertura a deleitar un plato. Pero un día prueba el Ratatouille, mezcla de verduras francesas condimentadas con hierbas finas, muy parecido al “Pisto Manchego” de los españoles, salvo por el huevo frito encima.
La charla continuó y el bombardeo sobre el aventurero se manifestó. ¿Podría Zalacaín comer solo? Definitivamente sí, les dijo, en el avión, todos rieron; pero efectivamente algunas veces lo ha hecho, sentado frente a un plato de angulas y una media botella de Fino.
Zalacaín aportó algunas premisas aparecidas en artículos de especialistas. Comer solo significa sentir comodidad consigo mismo, revela el pensamiento independiente y la confianza en las decisiones; además una amiga psicóloga le había dicho “comer solo es disfrutar de tu propia compañía”, una herramienta muy importante para el bienestar psicológico.
Y entonces recordó la frase de una chiquilla a quien el aventurero le decía coloquialmente “Mi Chamana”, era bajita y pizpireta, muy aguda en el pensamiento y con una gran capacidad para llamar a las cosas por su nombre.
La frase, dijo, era de su abuela: “La cocina es un arte. Pintores, escritores, actores, han puesto el arte culinario en un lugar destacado. Pero preparar sabrosas comidas, y compartirlas con los seres que amamos, es un maravilloso acto de amor”.
Ante esa premisa, el aventurero soltó la suya: «Desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo».
Pero, esa, esa es otra historia.
YouTube El Rincón de Zalacaín
* Autor de “Orígenes de la Cocina Poblana” Editorial Planeta.