Los Periodistas

Tu cerebro no envejece con los años, sino por culpa de la rutina (spoiler, y rejuvenece cuando lo sorprendes) | TELVA

Lo que deteriora tu cerebro no es tanto el paso del tiempo, como si la falta de estímulo que, curiosamente, se tiende a recortar con los años por creer que las capacidades merman durante el envejecimiento. Y no es así.

A los 80 años, Katharine Hepburn llevaba una vida activa alejada del cine, practicaba deporte y mantenía una viva curiosidad cultural. Getty Images

En el libro ¿Envejeces o rejuveneces? (Alienta editorial), de la doctora Sari Arponen, leí algo con lo que todos nos podemos identificar pasado el mal trago de asumir que la juventud no volverá. «Si algo nos preocupa del envejecimiento, además de la discapacidad física general y de nuestro aspecto, es la función cerebral. Queremos mantener nuestro cerebro joven hasta el final de nuestros días», escribe la experta en medicina interna y doctora en ciencias biomédicas. Una vez que lo superficial pasa a un segundo (o tercer) plano, lo que más nos suele preocupar es perder la capacidad de discernir, procesar, memorizar o razonar. Se da por sentado que se pierde agilidad mental con el tiempo, como la juventud se marcha con los años, pero el cerebro se rige por normas muy distintas a las estéticas. La mente no se deteriora como la piel se arruga. Si no hay enfermedades, se puede decir que cada cual es responsable de su propio desgaste cognitivo.

Cumplir años, en el pensamiento social generalizado, equivale a pensar más despacio, olvidar con más facilidad o perder agudeza mental. «Ay, los años», se suele escuchar. Sin embargo, no son los años los que provocan ese deterioro, y la neurociencia está desmontando esa creencia. Al cerebro no le afecta tanto el paso del tiempo (que, obviamente, al ser un organismo celular también lo sufre), como si la falta de estímulos (o repetición de los mismos).

Eso que se dice: «Cuanto menos haces, menos quieres», en alusión a la pereza, viene bien al caso. La falta de motivación que requiere de empeño es la que nos lleva, en ocasiones, por el camino de la rutina. Pero al cerebro esa rutina no le va bien, porque le sirve en bandeja la ley del mínimo esfuerzo. Y cuanto menos hace al momento, mas le cuesta hacer después. Se acomoda. Y cuando los días se vuelven predecibles y la vida discurre por los mismos caminos mentales, el cerebro entra en modo automático. Y envejece.

La previsibilidad contra tu mente

El proceso no sucede de golpe. El cerebro se va apagando poco a poco. Cada rutina que se repite sin variaciones reduce la necesidad de atención, de aprendizaje y de ajuste en los circuitos neuronales. El fenómeno, conocido como habituación neural, es el proceso por el cual el cerebro deja de responder con intensidad a estímulos repetidos. Es una forma de decirle al sistema nervioso: «Tranquilo, esto está controlado», lo que provoca la pasividad que merma las capacidades mentales.

La familiaridad que puede resultar cómoda, y a ratos tranquilizadora, es silenciosamente peligrosa para la capacidad cognitiva. La repetición constante le resta motivos a las neuronas para que crezcan. Y con menos conexiones nuevas que establecer y menos razones para mantenerse alerta, el tiempo de procesamiento mental crece y la agudeza mental se desvanece lentamente. ¿Cómo es posible que la rutina se conciba como una buena práctica para el cuerpo y no lo sea tanto para el cerebro? Porque cuando hablamos de rutina física entendemos que se trata de un entrenamiento y en el plano mental es simplemente una repetición constante. Físicamente, repetir los ejercicios supone la mejora del cuerpo por ser una forma de entrenamiento. Sin embargo, esa repetición no puede estar anclada en los mismo términos sine die, porque no habría mejoras. Los músculos, como el cerebro, necesitan variación de estímulos para notar mejoría. Quizá por eso se suiele decir que el cerebro es un músculo más que necesita entrenamiento. La mente necesita sorprenderse para aprender.

El cerebro prospera cuando lo sorprendes. Cada nueva experiencia (desde aprender una habilidad hasta mantener una conversación que desafía nuestras ideas) genera señales eléctricas que fortalecen las conexiones neuronales. La novedad activa circuitos dopaminérgicos directamente implicados en la motivación, la atención y la memoria, razón por la cual las experiencias nuevas no solo se sienten más intensas, sino que se recuerdan mejor. Esto, cuando la vida se vuelve excesivamente previsible, se activa cada vez menos. Como resultado, además de una mente más lenta, surge una percepción del tiempo comprimida y aparece la típica frase: «Cuanto mayor eres, más rápido pasan los años». En el cerebro no queda registro detallado de aquello que se repite y la memoria se colapsa con experiencias que parecen fotocopias entre si. «¿Tanto hace de aquello? Parece que fue ayer», se suele decir. Probablemente en esa mente haya muchos registros similares y tengan mayor reminiscencia los más recientes.

MÁS EN TELVA

Las 18 prácticas que puedes hacer desde hoy para envejecer bien por dentro y por fueraLas 18 prácticas que puedes hacer desde hoy para envejecer bien por dentro y por fuera

Neuroplasticidad, la llama de la juventud mental

Durante mucho tiempo se creyó que los cambios en el cerebro se daban solamente en edad de crecimiento y al convertirte en adulto era prácticamente imposible que hubiese ninguna alteración más. Hoy sabemos que esa idea es errónea. La neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse, crear nuevas conexiones y adaptar sus redes, no desaparece con la edad. Viajar, aprender un idioma o enfrentarse a un reto desconocido obliga al cerebro a adaptarse en lugar de funcionar en piloto automático. Y esa adaptación es, en esencia, juventud cerebral.

Según la doctora Sari Arponen, el abordaje de la educación y el aprendizaje debería ser muy ambicioso e ir mucho más allá del ámbito académico infanto-juvenil. «Necesitamos alimentar cada día nuestra reserva cognitiva, es decir, la capacidad que tiene nuestro cerebro para compensar los cambios relacionados con el envejecimiento cerebral y para mantener el funcionamiento de éste a pesar de que cumplamos años», señala. Y la mejor forma para ello es cultivar la curiosidad para aprender algo nuevo todos los días, salir de la zona de confort y realizar tareas que sean demandantes para el cerebro. «Por supuesto, tener relaciones sociales enriquecedoras y mantener debates y charlas también es muy favorable para nuestra salud cerebral», indica la doctora, además de otras muchas prácticas que pueden ayudar a mantener el cerebro en forma directamente (puzzles, ajedrez, juegos de estrategia…) o indirectamente (como el ejercicio o la nutrición).

Entrenar la curiosidad y la sociabilidad

La psicóloga Begoña del Campo, especializada en reprogramación mental, dice que la neuroplasticidad no solo te enseña cómo cambia tu cerebro, sino que también te da algo que todos necesitamos: esperanza. En sus palabras, demuestra que nadie está atrapado en sus limitaciones mentales. El cerebro es moldeable, y lo que pensamos, sentimos y practicamos cada día deja una huella física real. La cuestión es mantener viva la curiosidad que de adultos tendemos a callar. «La curiosidad puede entrenarse«, explica la experta en su libro, Reinicia tu mente (Kitaeru). Lejos de ser un rasgo que se pierde con los años, puede cultivarse con práctica y constancia. No siempre surge de forma espontánea. A veces hay que tratarla como un ejercicio que sabes que tienes que hacer incluso cuando no te apetece.

Teniendo en mente que se trata de abandonar la zona de confort, podrías simplemente leer sobre un tema desconocido, cocinar sin receta o ir a un sitio sin usar el GPS. Con eso estarías activando regiones cerebrales vinculadas al enfoque, la flexibilidad y la resolución de problemas. Lo interesante es que tengas la capacidad de romper el patrón y explorar nuevos caminos.

Del mismo modo, la conexión social activa funciones cognitivas en el cerebro. Las conversaciones que desafían nuestra perspectiva expanden las redes neuronales, mientras que el aislamiento y las cámaras de eco las reducen. El cerebro humano evolucionó para la interacción y si dejamos de involucrarnos con los demás, los patrones de comunicación neural se debilitan, especialmente en áreas relacionadas con la memoria y el equilibrio emocional. No es casualidad que la soledad esté asociada a un mayor riesgo de deterioro cognitivo. Charlar con los amigos, debatir diferentes asuntos y compartir experiencias es emocionalmente saludable, pero también un arma de estimulación cerebral muy poderosa.

El miedo a envejecer mentalmente debería surgir cuando dejamos de hacernos preguntas y preferimos la comodidad al esfuerzo, la repetición al pensamiento. Poco puedes hacer por el devenir del tiempo, pero tienes todo el poder de influencia y decisión sobre mantener tu mente activa. Tu eliges cómo y a qué ritmo envejece tu cerebro. ¿Lista para aprender algo nuevo cada día?

Fuente: https://www.telva.com/bienestar/2026/01/29/697a479702136e8b7d8b4585.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio