La contaminación, las epidemias y las devastadoras inundaciones que provocó, llevaron a ocultarlo bajo la vialidad

Erika Reyes / El Sol de Puebla
El río que dio origen a Puebla terminó sepultado por la propia ciudad. Durante siglos fue indispensable para el desarrollo de la antigua Ciudad de los Ángeles, pero la contaminación, las epidemias y las devastadoras inundaciones que provocó conforme crecía la mancha urbana llevaron a ocultarlo bajo el Bulevar Héroes del 5 de Mayo. Sin embargo, su cauce permanece vivo y cada temporada de lluvias recuerda a los poblanos que nunca desapareció.
Puebla se fundó en 1531 junto al río Almoloyan, después llamado río San Francisco, siguiendo un principio que marcó el origen de numerosas civilizaciones: establecerse cerca de una fuente de agua que garantizara la subsistencia y favoreciera el desarrollo económico. Su caudal permitió construir molinos, batanes y puentes, además de impulsar el crecimiento de la población naciente.
El río también funcionó como un punto de referencia geográfico y como un límite natural de la ciudad junto al templo y convento de San Francisco, razón por la cual el afluente fue conocido con ese nombre.
Los primeros habitantes aprovecharon la inclinación del terreno para canalizar el agua de lluvia y controlar su corriente. Asimismo, las orillas del río proporcionaban recursos naturales indispensables, como piedra, barro y paja que el cauce arrastraba, materiales empleados en la construcción de las primeras viviendas.
El río llegaba a la ciudad con aguas turbias debido a los sedimentos de arena y tierra que arrastraba, por lo que no era apto para su consumo sin un tratamiento previo o sin ser conducido mediante acueductos. Por eso, sus aguas no podían aprovecharse para regar las tierras. En cambio, la fuerza de la corriente se utilizó para mover molinos destinados a la molienda de trigo y maíz, así como batanes, máquinas hidráulicas empleadas para golpear y compactar las telas durante su fabricación.
Sin embargo, la ausencia de infraestructura sanitaria adecuada modificó rápidamente la función del río. Apenas unos años después de establecida la naciente ciudad, el cauce comenzó a utilizarse como canal de desfogue de aguas negras y como vertedero natural de desechos urbanos, hasta convertirse paulatinamente en una cloaca a cielo abierto.
“Las malas condiciones sanitarias del afluente hicieron que la población enfermara”, asegura la periodista Olga Yolanda Couoh en el libro Los puentes históricos en el río San Francisco de Puebla de Los Ángeles, editado por el Centro de Estudios Históricos de Puebla en 1965, bajo el patrocinio de la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla.
En 1545, los habitantes de Puebla sufrieron una enfermedad de la piel, parecida a la sarna, que recibió el nombre de ‘peste’. Según el padre Calancha, las aguas del San Francisco criaban la sarnase lee.
Epidemias y primeros grandes desbordamientos
Los desbordamientos del río fueron un problema para Puebla desde su fundación. Prueba de ello fue el cambio de ubicación de su primer asentamiento, decisión que respondió a la grave inundación sufrida en el verano de 1531. A causa de este desastre, los pobladores de la antigua Ciudad de los Ángeles se vieron obligados a trasladarse a su ubicación actual.
A cinco meses de su fundación, los pobladores se comenzaron a trasladar al poniente del río San Francisco, que dividió el territorio en todo su curso. Debido a la necesidad de comunicar el caserío primitivo con las nuevas construcciones, se improvisó un puente hecho con largas vigas apoyadas en uno y otro lado. Pero la importancia del tránsito y la seguridad obligó a que se reemplazará por una construcción de cal y canto.
“El puente más antiguo era el de San Francisco (después de Dolores), que estaba frente al convento homónimo. Unía el barrio de El Alto con el centro de la población (sobre las antiguas calles de Mesones –8 Oriente— y Mercaderes –2 Norte—). Fue construido en 1555, por orden del corregidor San Luis de León Romano”, señala el libro. El puente tenía gran importancia porque estaba en la entrada del camino a Veracruz.
Couoh aseguró que, “una de las inundaciones más devastadoras ocurrió el 15 de octubre de 1697, durante la festividad de Santa Teresa”. El episodio pasó a la historia como la “avenida de Santa Teresa’”. En este caso, la palabra avenida no hace referencia a una calle, sino al término con el que antiguamente se designaba la creciente o desbordamiento de un río.

Durante aquella inundación, el caudal salió de su cauce, arrasó viviendas, destruyó el puente de San Francisco y provocó graves afectaciones en las propiedades ubicadas a sus márgenes. El historiador Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, en su libro la Historia de la Fundación de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles en la Nueva España, narra:
Todavía dura la memoria de la irrupción que hizo el día 15 de octubre de 1697, en que a las cuatro y media de la tarde creció rápidamente más de 14 varas (12 metros) y subiendo el puente de San Francisco, derramándose a uno y otro lado, entró en el convento, inundando la plazuela, arruinando tres casas y haciendo otros estragos
Décadas después, el 26 de mayo de 1743, el río volvió a desbordarse. En esa ocasión, Couoh refiere que la corriente derribó el puente de Analco y dejó inservible el de San Francisco.
A pesar de los daños que ocasionaron las inundaciones, las crecidas también aportaron beneficios. Según Echeverría y Veytia, las corrientes arrastraban grandes cantidades de arena limpia y piedra que los habitantes aprovechaban para construir edificios y pavimentar calles, lo que reducía considerablemente los costos de las obras.
Con el paso de los años, el río dejó de ser únicamente una fuente de recursos y comenzó a resentir los efectos del crecimiento urbano. Veytia señala en su libro que los desagües de las viviendas descargaban directamente en el cauce y muchos habitantes arrojaban basura desde los puentes, provocando una creciente contaminación. Paradójicamente, las crecientes del río ayudaban a limpiar de manera natural parte de esos desechos al arrastrarlos corriente abajo.
Acumulación de basura e intentos de saneamiento
La acumulación de basura se convirtió en un problema constante para las autoridades. Couoh destaca que, en 1803, los desechos se arrojaban al río San Francisco, detrás de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, y se acumulaban junto al puente. La gran cantidad de residuos formó un montículo que obstruía el cauce y obligaba al agua a desviar su curso, golpeando directamente el muro de contención del camino Real (14 Oriente), una de las entradas de la ciudad.
La fuerza de la corriente había desgastado el suelo casi un metro. El caudal ya presentaba una gran cavidad y carecía de cadenas de seguridad debido al enorme remolino provocado por la acumulación de basura.
Con el propósito de frenar la contaminación, en 1862 se volvió a publicar el bando del 7 de julio de 1842, una disposición emitida para regular la conducta de los habitantes y preservar el buen gobierno de la ciudad. El documento establecía “multas de 50 pesos” o un mes de servicio comunitario para quienes arrojaran basura al río. Lo recaudado se destinó, en partes iguales, a premiar a los denunciantes y a embellecer la Plaza de la Constitución.

Según Couoh, el proyecto para entubar el río existió desde la época de la ocupación francesa en Puebla (1863-1867). Las autoridades manifestaban de manera constante su preocupación por el estado del río. En 1865, la Prefectura Superior Política (autoridad competente del imperio de Maximiliano) ordenó al Ayuntamiento reparar los daños ocasionados por las inundaciones del río San Francisco antes de la temporada de lluvias.
La necesidad de sanar el cauce cobró mayor importancia en 1872, cuando una epidemia de viruela afectó a los barrios de Analco y La Luz.
Ante los graves problemas provocados por la contaminación, en 1884 se integró una comisión encargada de limpiar el río y hacer cumplir la prohibición absoluta de arrojar basura al agua. Esta propuso construir un caño maestro al sur del cauce para conducir las aguas negras y los desechos sanitarios fuera del río.
*Proyectos de saneamientos y grandes catástrofes*
Hacia 1900, Puebla contaba con 98 mil 32 habitantes, de acuerdo con Couoh. Toda el agua residual y sanitaria de la ciudad incluidos los desechos humanos y las aguas de uso doméstico e industrial— era descargada en los cauces de los ríos San Francisco y Alseseca.
Los trabajos de limpieza y saneamiento continuaron durante el Porfiriato, la Revolución y las primeras décadas del siglo XX. Con el fin de prevenir inundaciones y accidentes, las autoridades realizaban periódicamente el desazolve de los cauces, retiraban grandes acumulaciones de basura y rociaban petróleo como parte de las campañas de saneamiento.
Couoh dijo que el primer proyecto técnico de mayor alcance se concretó en 1901. El 15 de mayo de ese año, el ingeniero Eduardo Bello Pérez presentó un estudio, acompañado de planos, para el saneamiento del río. Su propuesta contemplaba la construcción de dos conductos principales a los costados del cauce, con el fin de que por ellos circularan las aguas limpias y evitar que las aguas contaminadas atravesaran zonas como las calles de la Acequia y huertas del molino del Carmen.
Cinco años después, en 1906, el ingeniero W.A. Sheaffer, representante de la Compañía mexicana de Construcciones y Obras de Ingeniería, S.A., presentó un nuevo proyecto con planos, costos y especificaciones para ampliar una propuesta previa relacionada con el alcantarillado de la ciudad y la canalización del río San Francisco.
Para evaluar las distintas alternativas, el Ayuntamiento integró una comisión formada por Carlos Revilla, Carlos Bello y Joaquín Bernal. Tras analizar las propuestas, desecharon el proyecto de W.A. Sheaffer, y otro de la compañía S. Pearson and Son. En cambio, aceptaron parcialmente la propuesta de R. Gayol para el saneamiento de la margen poniente del río, aunque recomendaron modificaciones importantes para el lado oriente. Se lee que los proyectos no se ejecutaron.
Durante la administración del alcalde Francisco de Velasco (1906-1911) volvió a plantearse la posibilidad de entubar el río, pero la magnitud del costo y las limitaciones técnicas impidieron su realización. Finalmente, sólo fue posible desarrollar el sistema de drenaje y alcantarillado financiado mediante un préstamo obtenido de una empresa inglesa.
Mientras tanto, el río continuó representando un grave problema para la ciudad. En 1930, el Ayuntamiento mantenía trabajos permanentes de limpieza y desazolve para prevenir desbordamientos. “Más de 300 peones trabajaban en el tramo comprendido entre Xanenetla y El Carmen, donde la acumulación de basura generaba malos olores, riesgos sanitarios y obstrucciones al flujo del agua”, se lee.

La situación se agravó en 1931, cuando la Junta de Vigilancia de la ciudad solicitó a la autoridad municipal prohibir el uso de aguas negras para riego y canalizarlas adecuadamente al río San Francisco. Aunque las brigadas de limpieza continuaban retirando basura de manera permanente, cada temporada de lluvias el cauce volvía a desbordarse e inundaba las zonas más bajas de la ciudad, especialmente los barrios de Analco, El Alto y La Luz.
Las labores de desazolve y las multas impuestas a quienes arrojaban desperdicios al río resultaron insuficientes. El crecimiento demográfico y la falta de un servicio eficiente de recolección de basura provocaron que muchos habitantes continuaran utilizándolo como basurero. Los desechos se acumulaban principalmente detrás del Puente de Nochebuena, formando grandes depósitos de lodo e inmundicia que afectaban a miles de personas y contribuían a nuevos desbordamientos.
Los esfuerzos no fueron suficientes para evitar nuevas tragedias. El 19 de octubre de 1932, una intensa tormenta provocó que el río creciera más de un metro de altura, inundando las viviendas más vulnerables construidas a ras de suelo y ocasionando cuantiosas pérdidas materiales. Los bomberos trabajaron durante más de seis horas para rescatar y poner a salvo a los afectados.
Ocasionó grandes pérdidas materiales. Los bomberos trabajaron en el salvamento de los vecinos afectados más de seis horas. Esta experiencia hizo un llamado al Ayuntamiento para redoblar sus esfuerzos en la limpieza de los drenajes y el lecho del ríoasegura Couoh.
Apenas siete años después, el lunes 17 de julio de 1939, la ciudad de Puebla sufrió una catástrofe considerada la gran inundación del siglo XX. Una manga de agua proveniente de las laderas de La Malinche provocó el desbordamiento del río San Francisco, ocasionando una devastación sin precedentes, cuantiosos daños materiales y la pérdida de vidas humanas.
La magnitud del desastre llevó a las autoridades a plantear soluciones definitivas para enfrentar el problema de las inundaciones que había acompañado a la ciudad desde su fundación.
A lo largo del segundo tercio del siglo XX, el debate sobre el futuro del río San Francisco continuó. Además del entubamiento mediante un colector cerrado, también se propusieron alternativas para sanear el cauce a cielo abierto, inspiradas en modelos aplicados en ciudades como San Antonio, Texas, donde el río urbano dejó de ser foco de infección para convertirse en un espacio de valor urbano y paisajístico.
Uno de los principales impulsores de esta última propuesta fue el urbanista Miguel Íñigo Olea, quien defendió la recuperación del río San Francisco hasta su muerte en 1960.

Se concreta la vialidad
Enrique Cordero y Torres escribió en el libro Historia del río San Francisco, embovedamiento y bulevar Héroes 5 de Mayo, editado por el Centro de Estudios Históricos de Puebla, bajo el patrocinio de la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla, que el proyecto para entubar el río San Francisco se formalizó el 27 de agosto de 1963 cuando se publicó en el Periódico Oficial del Estado, Tomo CXCI, Número 17:
Ley sobre el embovedamiento y urbanización del Río de San Francisco y el Arroyo Xonaca, y los recursos de que ha de disponer para su financiamiento
Las obras se realizaron mediante un convenio tripartito entre el gobierno del estado, el Ayuntamiento y la extinta Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla. El patrimonio total de las obras hasta su terminación fue de 62 millones de pesos.
Para construir la avenida encima del río entubado y darle el ancho necesario, el gobierno tuvo que tomar parte de las propiedades privadas y construcciones que estaban en las orillas originales del afluente. El entonces gobernador Antonio Nava Castillo, expidió un decreto de expropiación para obligar a los dueños a vender o ceder sus terrenos por causa de “utilidad pública”.
La ceremonia oficial de inauguración del Bulevar Héroes del 5 de Mayo se realizó en el kilómetro uno de la carretera a Valsequillo, en donde termina la obra de embovedamiento. Fue presidida por el entonces alcalde Carlos Vergara Soto durante la conmemoración de la Batalla del 5 de Mayo de 1965.
El río San Francisco fue ocultado bajo el Bulevar Héroes del 5 de Mayo, pero no desapareció. Su cauce sigue corriendo debajo de la ciudad y, cada vez que las lluvias rebasan su capacidad, recuerda a los poblanos que el río continúa ahí, reclamando el espacio que alguna vez le perteneció.
Fuente: El Sol de Puebla