Mientras una diputada destacó que solo se buscaba divulgar la reforma y no modificarla, los ponentes advirtieron que es un escudo político y un arma de censura

Daniela Hernández / El Sol de Puebla
Quienes asistieron al primer foro ciudadano de ciberseguridad, con la clara intención de defender la reforma de ciberasedio, no pudieron hacer frente a la aplanadora mayoría de opiniones contrarias. Las críticas de académicos, abogados, padres de familia e, incluso, de menores de edad, fueron contundentes, derivando en una misma opinión: la reforma es un escudo político y un arma de censura.
A las cinco de la tarde apenas ingresaban los primeros asistentes, quienes se registraron previamente en un formulario que facilitó el Congreso en sus redes sociales. Media hora más tarde, la sala que albergaría el foro lucía lleno. Al menos 150 ciudadanos llegaron con un discurso en papel o en mente, con la incertidumbre de si sus nombres serían llamados a participar entre los 40 que podrían hacerlo.
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La morenista Gabriela Chumacero inauguró el foro, advirtiendo que la intención era divulgar la reforma, más no modificarla. Un video corto, editado a modo persuasivo y un tanto emocional, mostró un testimonio de una presunta víctima de ciberasedio, un menor de edad. Esto no conmovió a quienes fueron seleccionados para la primera ronda de participaciones. Sus voces, severas, críticas, enmudecieron al oficialismo.
El primero en opinar, un académico de la BUAP, lanzó una crítica tras otra en contra de la reforma, calificándola como insalvable, peligrosa y ambigua. Esto, frente a los diputados de Morena y aliados que, poco a poco, disimulaban su incomodidad. Ahí también se encontraba la presidenta del Congreso, Laura Artemisa García Chávez, quien no emitió ningún discurso.
Tras ello, una activista en contra de la violencia vicaria en Puebla advirtió que el castigo con cárcel al ciberasedio generará persecución de agresores contra víctimas. Prueba de ello, dijo, es que aun sin esta ley, mujeres que han alzado la voz ya han sido denunciadas por ciberacoso. La activista fue una de ellas.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco participantes más. Una menor de edad lanzó: “no necesitamos leyes que nos protejan, necesitamos educación digital”. Un padre de familia: “están haciendo las cosas mal”. Los aplausos del público cerraban cada discurso, hasta que pasó un último ponente, un empresario, quien excedió sus tres minutos de participación leyendo un texto que defendía la reforma. “Puebla será punta de lanza en materia de ciberseguridad”, dijo.
Un grupo de cinco ponentes, servidores públicos de la Fiscalía General del Estado (FGE), el Poder Judicial del estado y la Policía Cibernética estatal -que asistieron con el propósito de mostrar las ‘bondades de la ley’- aguardaba para opinar, con el ceño fruncido cada que alguien refutaba la reforma, y con una ligera sonrisa cuando una última persona les concedió -a modo- la razón.

Funcionarios, a salvar la reforma
Uno de los funcionarios de la FGE fue el primero en intentar salvar la reputación de la reforma, que fue aplastada por las críticas vertidas de los primeros participantes. Defendió que Puebla registró mil 531 carpetas de investigación por ciberacoso en el último año y solo seis derivaron en una acción penal.
Esto, porque el ciberacoso está relacionado estrictamente con una connotación sexual, por lo que 970 de estas investigaciones fueron determinadas con el no ejercicio de acción penal. Un servidor público de la Policía Estatal Cibernética respaldó la postura: “la mayoría de de casos de ciberacoso no se podían tipificar porque no eran de índole sexual y no avanzan”.
La sala enmudeció, los presentes dejaron de hacer caso al discurso repetitivo impulsado por el oficialismo, ahora en voz de burócratas. El dinamismo que encendió el foro con las duras críticas del inicio, decayó con la extensa participación de los funcionarios. Una vez que terminaron, un segundo video con un testimonio se reprodujo en las cuatro pantallas de la sala.
Segunda ronda equilibró a medias las posturas
Casi a las siete de la noche empezó la segunda ronda que, de inicio, parecía ser el contrapeso de las críticas en contra de la reforma. El primero, un joven no mayor a 30 años, apoyó la misma, con el argumento de que esta era fundamental para que Puebla fuera un estado ejemplar.
Segundo ponente: el abogado que lleva el caso de la primera denuncia por presunto ciberasedio en Puebla. En un discurso, con halagos entre sus letras, agradeció al gobernador Alejandro Armenta Mier por respaldar tal reforma y al Congreso local por aprobarla.
Tercera participante, una madre de familia. Su suave introducción se convirtió en un reproche directamente en contra del oficialismo. “No se combate el ciberasedio en un estado donde la ley se usa para intimidar a quien se opone”, dijo antes de exceder sus tres minutos de participación. “Es hora de quitarse la máscara del partido, legislen para todos, no solo para quienes votaron por ustedes”, gritó mientras una campana sonaba, señal de que el tiempo había concluido. Ella siguió: “no utilicen el sufrimiento como escudo político para imponer una censura”. De pronto apagaron su micrófono, la indignación de los presentes se tradujo en reclamos. Al darse cuenta de su error, el equipo de sonido prendió nuevamente el micrófono.
Pasó un estudiante de licenciatura con una postura en contra de la reforma, después un abogado que lanzó “las leyes no son para callar las voces y la consciencia crítica”. Un padre de familia: “qué error aprobar la ley y después hacer foros”. Por último, una criminóloga: “acaban de legislar la autocensura”.
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Nuevamente, con los mismos argumentos, los cinco panelistas apaciguaron el ambiente. Una tercera ronda, pero ahora con menos participantes, remató la postura de rechazo contra la reforma. Casi a las ocho de la noche, García Chávez abandonó la sala.
“La ley es perfectible”, admitió una vez que concluyó el foro una funcionaria de la FGE, cerca de las ocho y media de la noche. García Chávez volvió a la sala para despedirse de los pocos que ahí quedaban.