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Ramsés II, el faraón que viajó en avión y recibió honores de jefe de Estado | Historia NG

En 1976, la momia de Ramsés II fue llevada a Francia para ser sometida a una serie de estudios y trabajos de restauración debido a la acción de hongos y bacterias que que ponían en peligro su conservación.

Detalle de la momia del faraón Ramsés II en 2015. Museo Nacional de la Civilización Egipcia, El Cairo.
Speedster (CC BY-SA 4.0)

Carme Mayans / Historia National Geographic

El 26 de septiembre de 1976, Ramsés II, el faraón más longevo y famoso (reinó nada menos que 67 años), se convirtió en el primer rey del antiguo Egipto que se subió a un avión. La momia del monarca, de tres mil años de antigüedad, fue subida a un avión militar de hélice tipo Transall dentro de un sarcófago de madera de roble especialmente fabricado y a prueba de choques, incendios e insumergible.

Los miembros de Ramsés estaban acolchados entre papel, algodón y gomaespuma para protegerlos de las turbulencias del viaje. El faraón se dirigía a Francia, al aeropuerto de Le Bourget, donde le serían rendidos grandes honores, prácticamente de Jefe de Estado, para posteriormente ser trasladado a París, donde la momia del rey iba a ser sometida a un minucioso estudio y proceso de restauración que duraría ocho meses.

Ramsés fue despedido en el aeropuerto de Heliópolis, en El Cairo, asimismo con honores de Jefe de Estado, y fue escoltado y acompañado en todo momento por el embajador de Francia en Egipto y por la famosa egiptóloga Christiane Desroches-Noblecourt (entonces conservadora del departamento de antigüedades egipcias del Museo del Louvre), que no le abandonaría en ningún momento.

honores de jefe de estado

Tras el despegue, el viaje desde El Cairo se hizo a baja altura para evitar las turbulencias. Se dice que el piloto, antes de abandonar el espacio aéreo de la capital, dio una vuelta a la ciudad para ofrecer al viejo faraón una última visión de la tierra que gobernó tanto tiempo atrás. Cuando el avión entró en espacio aéreo francés, fue escoltado por dos reactores militares.

A su llegada, Ramsés fue recibido por la secretaria de Estado para Universidades Alice Saunier-Seité, el embajador de la República Árabe de Egipto en Francia, el general en jefe de la base aérea y un destacamento de la Guardia Nacional. La Secretaria de Estado pronunció estas emotivas palabras: «Francia saluda a los restos mortales de uno de los más grandes Jefes de Estado de toda la antigüedad».

La momia de Ramsés II fue trasladada a París ante su preocupante estado de deterioro para someterla a una profunda restauración. 
La momia de Ramsés II fue trasladada a París ante su preocupante estado de deterioro para someterla a una profunda restauración. CordonPress

Pero la salida al extranjero del faraón no estuvo exenta de dificultades. Estuvo sometida a largas negociaciones entre los dos países. Las leyes francesas exigían que «cualquier persona, viva o muerta» que entrase en su territorio debía llevar un documento de identificación en regla para acceder legalmente al país, así que las autoridades egipcias tuvieron que emitir los documentos migratorios pertinentes para que el anciano faraón pudiese viajar sin problemas. Así, Ramsés también se convirtió en el primer faraón que obtuvo un «pasaporte».

Hongos y bacterias

Pero ¿qué le pasaba a la momia de Ramsés II? ¿Por qué se había tomado la drástica decisión de trasladarla tan lejos de su hogar, en un viaje sin precedentes? El motivo era su delicado estado. La incisión a través de la cual los antiguos embalsamadores habían extraído los órganos del monarca se estaba ensanchando cada vez más, y ese deterioro alarmó a los científicos que la habían estudiado a principios de la década de 1970.

Además, una serie de pequeñas «hendiduras» atravesaba asimismo el envoltorio de lino que cubría brazos, piernas y el busto de Ramsés. También tenía un corte de 40 cm que le atravesaba la cadera. Y, lo más preocupante, cuando los investigadores abrieron la caja de cristal donde se exponía la momia en el Museo Egipcio de El Cairo, en la plaza Tahrir, notaron un fuerte olor que delataba la presencia de bacterias y hongos. Si se quería salvar la momia de Ramsés era preciso intervenir de inmediato.

Museo Egipcio de El Cairo. Sede de la plaza Tahrir. Actualmente las momias reales se exponen en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia.
Museo Egipcio de El Cairo. Sede de la plaza Tahrir. Actualmente las momias reales se exponen en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia.Bs0u10e01 ( CC BY 3.0)

Francia disponía en aquel momento de unas instalaciones científicas que permitían poder llevar a cabo los estudios y trabajos de conservación más adecuados, y el país galo puso a disposición de los científicos cuarenta laboratorios y los más avanzados instrumentos de diagnosis del momento.

Así daría comienzo el que fue bautizado como «Proyecto Ramsés II». El faraón fue trasladado a París y hospedado en la tercera planta del Museo del Hombre de la capital, donde se habilitaron dos estancias para «alojarle», con aire acondicionado para mantener la temperatura y humedad adecuadas. También se tapiaron las ventanas para impedir el paso de luz solar.

Estudio en profundidad

Para proceder al estudio de la momia de Ramsés, ésta fue cuidadosamente colocada sobre una tabla de plexiglás para facilitar su traslado. Los científicos no tenían permitido extraer tejidos de la momia, pero sí examinar cualquier material suelto pegado a ella. A partir de aquí pudieron identificar 60 tipos de hongos distintos (uno de ellos, el Daedalea biennis, particularmente destructivo), sobre todo en la espalda. Cuando estudiaron la cavidad por donde fueron extraídas las vísceras, hallaron un total de 379 colonias de hongos más, divididas en 89 especies.

Los investigadores exploraron el interior de la momia de Ramsés para conocer el estado de salud del faraón durante sus últimos días de vida. Para ello estudiaron la cavidad abdominal con un endoscopio y usaron un microscopio de exploración electrónica para examinar el cabello (descubrieron que el faraón se teñía con henna).

Fotografía de perfil y de frente del rostro de la momia de Ramsés II. Catálogo General de Antigüedades Egipcias del Museo de El Cairo: Las Momias Reales, G. Elliot Smith.
Fotografía de perfil y de frente del rostro de la momia de Ramsés II. Catálogo General de Antigüedades Egipcias del Museo de El Cairo: Las Momias Reales, G. Elliot Smith.PD

También se utilizaron las técnicas radiológicas más avanzadas de la época. La xerorradiografía, una técnica que permite registrar tanto el tejido duro como el suave, determinó que el faraón había sufrido artritis, así como un agarrotamiento de la arteria carótida (arteriosclerosis); también pudieron constatar el terrible estado de su dentadura: al anciano monarca le faltaba el primer molar inferior y sufrió un absceso dental muy grave, que posiblemente le ocasionó la muerte.

La cromodensitografía (un sistema mediante el cual los investigadores pueden transferir los grises, claros y oscuros de una radiografía a diferentes gamas de colores) reveló que el faraón tenía el cuello roto, posiblemente debido a la manipulación del cuerpo durante el proceso de momificación.

Pero tal vez uno de los descubrimientos más sorprendentes acaecidos durante la restauración de la momia es que se identificaron fragmentos vegetales atribuidos a Nicotiana sp. en la cavidad abdominal. Dado que el tabaco es una planta originaria de América, este hallazgo ha sido objeto de controversia y suele interpretarse con cautela, ya que podría deberse a contaminación posterior o a tratamientos modernos de conservación más que al proceso original de momificación.

La puesta a punto final

Tras el estudio de la momia, los conservadores tomaron el relevo. Se procedió a limpiar y arreglar las vendas que aún cubrían parte del cuerpo del faraón, sobre todo manos y pies. Se limpiaron de arena y polvo, y los trozos sueltos de tejido fueron recosidos con hilos de lino antes de envolver con ellos de nuevo a la momia. También se recuperó un sudario de lino de la dinastía XIX del Museo del Louvre, que fue lavado con agua destilada varias veces, y se cubrió con él a la momia del faraón.

Ataúd donde fue colocada la momia de Ramsés II, descubierto en el escondrijo de Deir el-Bahari en 1881. Museo Nacional de la Civilización Eigpcia, El Cairo.
Ataúd donde fue colocada la momia de Ramsés II, descubierto en el escondrijo de Deir el-Bahari en 1881. Museo Nacional de la Civilización Eigpcia, El Cairo.Merytat3n (CC BY-SA 4.0)

El ataúd también fue cuidadosamente restaurado. Al final, el monarca fue depositado de nuevo en su féretro y sometido a una intensa «ducha» de rayos gamma de cobalto para eliminar totalmente los hongos y bacterias. El proceso tuvo lugar en una instalación nuclear fuera de París, concretamente en el Centro de Energía Nuclear de Grenoble.

En mayo de 1977, la momia real fue subida de nuevo a un avión con todas las precauciones para regresar a su país de origen y despedida por las autoridades francesas con la misma ceremonia protocolaria que a su llegada. Una vez de regreso a Egipto, se sacó al faraón de su embalaje y los presentes quedaron entusiasmados por el trabajo realizado por los expertos.

El presidente egipcio, Anwar el-Sadat, envió un sentido telegrama a su homólogo, el presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, en el que decía lo siguiente: «Querido y gran amigo. Doy gracias a Francia, por el grandioso trabajo de sus expertos. La cooperación científica y técnica de nuestros países, enorgullecerá a las generaciones futuras».

Así, Ramsés II, «curado» de sus afecciones, estuvo durante muchos años en una sala especial en el Museo Egipcio de la plaza Tahrir. Finalmente, desde 2021, tras un espectacular desfile en el que las momias reales fueron llevadas a su nuevo emplazamiento, descansa para siempre en la sala dedicada a las momias de los faraones en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia en El Cairo.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/antiguo-egipto/ramses-ii-faraon-que-viajo-avion-recibio-honores-jefe-estado_15339

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