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¿Qué culpa tienen las élites del auge del populismo? | VozPópuli

Libros y artículos denuncian la abdicación de responsabilidades de quienes están llamados a dirigir Occidente

La palabra «élites» se usaba hace sesenta años con sentid⁹o claramente positivo. Todavía suena hoy con esas connotaciones, aunque su deterioro ha sido constante, además de acelerado. Tenía razón el profético pensador Cristopher Lasch, que asesoró al presidente Jimmy Carter, cuando tituló uno de sus ensayos más conocidos como La rebelión d⁸e las élites y la traición a la democracia. Allí explicaba que quienes fueron educados para esa responsabilidad decidieron renunciar para dedicarse en exclusiva a sus beneficios, su narcisismo y su entrega a los placeres mundanos. El resultado de esa degradación todavía nos pasa factura, como se ha señalado desde espacios de izquierda y de derecha.

El último ejemplo es la isla de Epstein, por donde pasaron figuras de todo el arco político, desde el anarquista Noam Chomsky hasta el republicano Donnal Trump y el príncipe Andrés de Inglaterra. A la espera de condenas judiciales, el material resulta repulsivo y confirma la impresión de unas élites dedicadas al hedonismo extremo, en vez de al cuidado de la sociedad. La sospechosa muerte de Epstein, vendida como un suicidio, muestra también la capacidad de los poderosos para bloquear nuesto derecho a la información. Muchos han recordado estos días la extraña muerte de Stanley Kubrick cuando aún no se había estrenado Eyes wide shut, su película sobre fiestas sexuales de los multimillonarios. Lo de Epstein no es una excepción, recordemos la orgías de Berlusconi en Villa Certosa o las orgías nazis de Max Mosley, alto cargo de la Fórmula 1.

La revista de izquierda Jacobin, referencia del progresismo global, publicaba hace unos un texto sobre la vigencia de La élite del poder (1956), ensayo del sociólogo C. Wright Mills que conserva toda su vigencia. Un fragmento: “los hombres de las altas esferas no son representativos; su privilegiada posición no es resultado de la virtud moral; su éxito fabuloso no está firmemente ligado a la capacidad meritoria. Quienes ocupan los puestos poderosos son seleccionados y formados por los medios de poder, las fuentes de riqueza, los mecanismos de la celebridad que prevalecen en su sociedad… Comandantes de un poder sin igual en la historia de la humanidad, han triunfado dentro del sistema estadounidense de irresponsabilidad organizada”, denunciaba.

El populismo es la saludable reacción del pueblo contra las élites

Vivimos en una sociedad rota, como dejan claras las cifras de la pandemia. El mal de muchos puede convertirse en beneficios para unos pocos. Así lo explica el texto: “Mientras la mayoría de los estadounidenses registran un patrimonio neto negativo, solo tres multimillonarios controlan más riqueza que la mitad más pobre de todo el país. Cuando decenas de millones de personas sufrían y morían en el punto álgido de la pandemia de coronavirus, 745 multimillonarios estadounidenses aumentaron su riqueza colectiva en dos billones de dólares en tan solo diecinueve meses. Y mientras los ingresos del 99 % de la población mundial caían en picado y más de 160 millones caían en la pobreza, los diez más ricos —todos multimillonarios— aumentaron su riqueza colectiva a más del doble”, señala Heather Gauney, socióloga y asesora de Bernie Sanders.

Estos días también se publica el ensayo colectivo La maldición del aclamo: retratos , ideologías, programas del pasado y presente del populismo. Allí se analiza la amplia oleada antielitista que ha arrasado occidente, desde el resurgir del lepenismo hasta el fenómeno Podemos, pasando por el Brexit y la revolución conservadora de Viktor Orban en Hungría, modelo para muchos líderes actuales, entre ellos J.D. Vance, vicepresidente de la actual administración Trump. La conclusión de muchos de los textos es sí muchos de estos fenómenos inesperados no serán solamente rconclusión populares inevitables a unas élites que han cortado cualquier tipo de vínculo con las poblaciones que gobiernan.

 Tecnócratas contra populistas

Miklós Szanthó, director del Centro de Derechos Fundamentales, la institución que publica el texto, arranca su aportación con una frase del alto funcionario europeo Jean-Claude Juncker: “Hay demasiados políticos escuchando las opiniones de su pueblo, en lugar de opinar como europeos a tiempo completo”. La Unión Europea es hace décadas un club de buŕocratas incapaces de dirigirse a sus ciudadanos sin este aire de condescendencia. Así lo resume Szanthó: “El fenómeno de una élite tecnocrática enfrentada a los representantes de un movimiento político que abraza la voluntad del pueblo nos acompaña desde hace milenios, ya que estuvo en el centro de uno de los conflictos más famosos de la antigüedad europea: pensemos en la lucha de los optimates contra los populares en el ocaso de la república romana”, explica.

Así se desarrolló aquello: “Uno de los dos protagonistas de este conflicto interno de la república, que duró casi un siglo y estuvo marcado por las guerras civiles, los optimates insistían rígidamente en la primacía de las instituciones, especialmente el Senado, sobre todos los intereses racionales del Estado, y eran aficionados a distorsionar el derecho romano de su propósito original, utilizándolo como un ariete contra sus oponentes. Mientras tanto, los populares se apoyaron en las instituciones de la república más cercanas a los ciudadanos, las asambleas populares y los tribunos de la plebe, para impulsar reformas que protegieran el estatus social y material de los ciudadanos romanos libres. ¿Le suena al lector este esquema?”. Muchos ven a la nueva derechs populista como bárbaros, pero solo recogen una antigua tradición milenaria de defensa de los ciudadanos de Europa.

Fuente: https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/que-culpa-tienen-las-elites-del-auge-del-populismo.html#goog_rewarded

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