
Por Fidencio Aguilar Víquez
Para formar una ciudadanía responsable, es decir, consciente y libre, es preciso conocer las obligaciones y los derechos que conciernen a los ciudadanos. No basta, empero, conocer las leyes y el marco jurídico que sostiene el régimen, aunque sea indispensable, es necesario tener una conciencia crítica y moral de quienes ejercen el poder. Conocer lo que ocurre a nivel nacional, local y hasta municipal es, además, saludable. Los medios de comunicación son sustanciales en esta tarea (in)formativa.
A nivel nacional, si bien hay crítica mediática, ésta no ha sido eficaz. La crítica al poder y a quienes lo ejercen no tiene el resultado que tuvo en otros momentos: la moderación, el recato y hasta la corrección. El régimen que actualmente gobierna, ante la crítica, se obsesiona en sus posturas —a veces más ideológicas que de gobierno—, se envalentona, se coloca como juez, sentencia y condena a sus críticos y opositores. No sólo eso, los amenaza y los persigue hasta hacerlos desistir.
En los sexenios previos al morenismo, la crítica surtía sus efectos como contrapeso al poder. Bastaba la denuncia de que una toalla de la residencia presidencial costaba miles de pesos para que el gobierno inmediatamente se avergonzara y corrigiera, o al menos, el responsable no sólo quedaba exhibido, sino era despedido. Quizá eran gobiernos más sensibles (o hipocritones, si usted, amable lector, lectora, quiere). Pero el acto denunciado era censurado y/o castigado. Hoy hay, en cambio, cinismo.
También existe una inversión mediática. Medios y periodistas que en algún momento fueron críticos han sido seducidos, cooptados y/o sometidos por el poder. Otros han surgido al amparo del poder, como publicistas o propagandistas: defienden a capa y espada al régimen, replicando el discurso de éste, echan la culpa al pasado y elogian la “calidad moral” del oficialismo, sin el mínimo rubor ni crítica. No es que haya cambiado la dinámica mediática, sino el régimen mismo: hoy es autocrático.
A nivel local la cosa no es distinta. Si a nivel federal la autocracia se ha traducido en varias formas de autoritarismo, a nivel local éste es la forma cotidiana de gobernar. Ahí está el caso del Cablebús, la controversia en San José Chiapa por el llamado “Polo de desarrollo económico del bienestar”, el estilo bravucón del gobierno estatal para reprender a periodistas críticos —y someterlos— y seducir o cooptar a periodistas, haciéndolos promotores, publicistas y propagandistas del oficialismo local.
El caso de e-consulta es sui generis. En buena medida el medio surgió con la personalidad y el talante —y talento— de su fundador, Rodolfo Ruíz Rodríguez, y de sus colaboradores. La experiencia previa de Rodolfo estaba avalada por sus incursiones en medios noticiosos y por El Universal Puebla. El equipo, con veteranos experimentados y con nuevas fuerzas, consolidó un proyecto relevante en la región. No sólo se caracterizó por ser un medio crítico en lo noticioso, sino en lo editorial.
Con la noticia de la salida y el relevo de Ruiz, parece confirmarse lo que era un grito a voces desde hace algunos meses: el régimen local por vía indirecta había logrado su cometido. Varios colaboradores de la sección Opinión y editorialistas al enterarse de esto, de forma pública, abandonaron la página editorial, como un gesto de solidaridad con Rodolfo y como protesta contra el régimen armentista por su grotesca y grosera forma de cooptar la libertad de expresión. Algunos se despidieron amablemente.
Yo querría tomar, entre los extremos, un punto intermedio, tratando de buscar un equilibrio virtuoso. Sé que hay momentos de definición, de tomar partido, postura clara, definitoria. La solidaridad con Rodolfo Ruíz debe ser clara: este medio que fundó acogió una pluralidad de intelectuales que enriqueció la crítica informativa y noticiosa. También debe ser clara la crítica al poder, lo detente quien lo detente. Pero, por otro lado, la crítica al poder debe permanecer, permear, continuar, incluso en este medio.
En los años que tengo escribiendo, desde los lejanos años ochenta en El Sol de Tlaxcala (aunque haya sido uno o dos artículos), pasando por El Universal Puebla, hasta este momento en e-consulta, he aprendido y madurado una convicción: pensar ayuda también a formar ciudadanía. Pensar nos humaniza y nos ayuda a mantenernos humanos, nos ayuda a tomar nuestra existencia en nuestras propias manos y a ejercer nuestra libertad responsablemente. Siendo humanos exigiremos al poder servicio —sobre todo a los más vulnerables—, no arrogancia ni cinismo ni falsa calidad moral.
Esta convicción es la que me hace expresar mi solidaridad con Rodolfo Ruíz Rodríguez y mi determinación a mantener la crítica contra el régimen actual —y contra los regímenes que vengan—, desde este espacio y desde los espacios que se puedan. Si e-consulta mantiene la pluralidad y la crítica, continuaré aquí. Si no es posible esto, entonces, sin duda, lo haré por otros medios. El pensamiento, como la poesía, es como un incendio, una vez prendido nadie lo puede detener. Pensar siempre ayuda.
[Este artículo ya no fue publicado en e-consulta.]