Anorexia y bulimia son los desórdenes más conocidos, pero tras la pandemia ha cambiado el patrón y los denominados TCA no específicos se han incrementado un 110%. Aumentan en varones y en edades cada vez menores: por debajo de los 12 años

Rocío R. García-Abadillo / El MUndo
Oviedo
La dieta de la alcachofa. La dieta del melón. La dieta de los zumos de frutas… Hay personas, sobre todo mujeres, de 30 a 40 años que llevan toda su vida haciendo dietas a las que se añade ejercicio compulsivo. Su principio fundamental es no engordar. Es lo que se conoce como permarexia y es una de las muchas formas de presentación de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) no específicos o no especificados, a menudo ocultos.
Los TCA más conocidos son la anorexia y la bulimia nerviosas, pero esto ha cambiado en los últimos años, especialmente después de la pandemia. «Se ha ido modificando la presentación de este tipo de patología. Aunque se conservan la anorexia y la bulimia tradicionales, lo que llamamos cuadros clásicos, está apareciendo toda una serie de manifestaciones y alteraciones de la relación del individuo con el alimento, con la nutrición», explica Antonio Torres, miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que está celebrando estos días su congreso en Oviedo (Asturias).
Para Torres estos TCA silenciosos y menos visibles se deben a un «trasfondo biológico, genético, hormonal, lo que podríamos llamar un eje absolutamente cerebro-metabólico, y es altamente difícil de tratar desde el punto de vista biológico. Pero además tenemos todo lo que es el componente psicosocial«. Lo que sí recalca Torres es que ninguna de las formas de TCA es ninguna moda, «no es ninguna elección personal de un individuo, es alguien que involuntariamente cae en una enfermedad».
Los TCA no específicos comparten datos de diferentes alteraciones, pero no se ajustan a los parámetros de ninguna de ellas: «No cumplen los criterios completos de la anorexia, ni de la bulimia… pero tienen un fin común que es la desnutrición y las alteraciones psicofísicas«. Torres incide en que al haber mayor sensibilización ante estos temas se diagnostican más, pero lo cierto es que se han disparado: desde el año prepandemia, es decir, 2019 a los años 2024-2025 se han incrementado un 110%. «Solo los trastornos de la conducta alimentaria no específicos son el doble de la suma de la prevalencia de la bulimia y la anorexia nerviosa tradicionales», asegura Torres.
En ese sentido, según datos de estudios de prevalencia en nuestro país y de la Asociación Española de Pediatría, la anorexia nerviosa tiene una prevalencia estimada en España de entre el 0,5 y el 1% (con el pico de incidencia en los 13-15 años); la bulimia nerviosa tiene una prevalencia estimada del 1-2,5% (y pico de incidencia de los 16 a 19 años); los trastornos por atracón, 2-3,5% (siendo el pico de incidencia en adultos jóvenes, a partir de los 20 años); y los TCA no especificados, un 3-5% de prevalencia estimada, dándose ese pico de incidencia a cualquier edad.
El peso ya no es el principal problema
Hace tiempo que conocemos la vigorexia o dismorfia muscular (alteración de la imagen corporal por la que el paciente presenta una preocupación excesiva hacia su cuerpo), pero ha surgido también la ortorexia, que es la obsesión patológica por la comida sana y por controlar su calidad y falta de añadidos. Este trastorno se convierte en una disminución de la ingesta que termina siendo realmente una alteración que va a terminar provocando enfermedades graves que pueden llevar a la muerte, detalla Torres.
Todos estos cambios ponen en común, según el experto, que el peso ya no es el principal problema «y por eso en atención primaria o incluso en otras especialidades nos pasa desapercibido porque ya no vamos a ver esos pacientes con esa emaciación, esa caquexia [pérdida extrema de peso] casi podríamos decir terminal que hemos visto en el final de una anorexia nerviosa y en esas bulimias con todos los signos físicos del vómito inducido, las alteraciones dentales, etc. Pero sí vemos todas las otras alteraciones: podemos ver las cardiovasculares, las nefrológicas, las gástricas, etc.», relata el especialista de la SEMG.
Los médicos están detectando un aumento significativo de casos relacionados con una obsesión por la alimentación perfecta, el control calórico extremo y el ejercicio compulsivo, sobre todo vinculados a modelos corporales idealizados difundidos en internet. «Las redes sociales, combinadas con la cultura fitness y una intensa presión estética, están transformando conductas obsesivas en hábitos aparentemente saludables validados socialmente«, explica Torres. El impacto es especialmente profundo en adolescentes y jóvenes, que terminan interiorizando «estándares corporales inalcanzables y editados como la norma».
El problema es que muchas de estas conductas pasan desapercibidas porque se disfrazan de interés por la salud, la alimentación saludable o el ejercicio físico. «El peligro radica en la sutil línea entre salud y enfermedad«, señala el médico. Torres insiste en la importancia del médico de Familia para detectar de forma temprana estos problemas: «Cuanto antes empiece antes podremos dar soluciones definitivas, tenemos que estar atentos porque no es nada fácil». Y es que las modificaciones no han alterado solo la forma de presentación, también las edades y el sexo. «De siempre hemos sabido que nueve de cada 10 anorexias se observaban en mujeres. Esto está cambiando en varones y adolescentes».
Destaca Torres también el momento de aparición: «Estamos teniendo ya casos de alteraciones de conducta de alimentación en menores de 12 años. Durante años se han dado entre los 12 y 18 años, era la banda de control que se estaba utilizando, y se está ya mirando entre 6 y 24 años, lo cual hace que ya esa vulnerabilidad no sea solo la vulnerabilidad del adolescente, que decíamos en su momento».
El especialista habla también de los denominados trastornos de evitación y restricción de la ingesta de alimentos (cuyo acrónimo es Teria o Arfid en inglés por Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder), «sencillamente por su aspecto, su sabor, su color, por el miedo a atragantarse porque en un momento determinado pudieron haber tenido un atragantamiento… En definitiva, es eso de lo que muchas veces se nos quejan los padres en la consulta cuando dicen ‘es que mire, no le gusta nada, es que no encontramos nada que le guste'».
En el extremo opuesto a la evitación o restricción de ingesta está el atracón. «A consulta vienen pacientes que se les detecta que tienden atracones compulsivos de comida sin mecanismos de compensación, que entonces sería una bulimia pues tendrías una forma de presentación. Muchas veces es el familiar o el tutor el que nos viene informando de ello», señala Torres. El experto indica que en varones, por ejemplo, el atracón y la vigorexia están siendo predominantes -aunque también está creciendo en este grupo la anorexia nerviosa clásica-.
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Otras formas de presentación de los TCA no específicos son la alcohorexia (o drunkorexia en inglés), que combina la restricción extrema de calorías con el abuso de alcohol. «Sencillamente lo que hacen nuestras chicas adolescentes hoy en día, que comen mal y poco durante la semana para compensar el exceso de ingesta calórica que van a tener el fin de semana con el alcohol. Porque saben el número de calorías que tiene cada calimocho, cada gin tonic o cada bebida alcohólica que van a tomar. Luego ya te está indicando alguien que se preocupa excesivamente por las calorías de todo lo que le rodea», subraya Torres.
El especialista menciona también la diabulimia, que es «el proceso que hacen algunas diabéticas jóvenes que dejan de pincharse la cantidad adecuada de insulina para generar una glucosuria intensa y hacer unas pérdidas rápidas de peso. Ponen en peligro su vida». O la dieta restrictiva que realizan algunas embarazadas «para intentar compensar el aumento de peso fisiológico que van a tener al gestar un niño. Esto va a traer alteraciones a la paciente y desde luego al niño, esto se está viendo». Son distintas formas de presentación de estos TCA ocultos «que todas van a terminar generando un daño, que además se puede prolongar en el tiempo: imaginemos si la diabética entra en un coma de los peligrosos que termina en una UCI. Evidentemente, estamos hablando de cosas que no son baladíes», remata Torres.
Fuente: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2026/06/13/6a2b4398fdddff675a8b4578.html