Arqueólogos han descifrado un misterio milenario tras analizar una extraña sustancia blanca hallada sobre momias en China. La presencia de kéfKéfir, ir y ciertas bacterias ha sido clave

Rubén Badillo / Historia National Geographic
En 2014, un equipo de arqueólogos chinos se enfrentaron a un enigma tras descubrir una serie de momias de la Edad del Bronce en la cuenca del Tarim. Aunque los propios cuerpos arrojaron multitud de datos interesantes sobre los rituales funerarios de la época, lo que realmente llamó la atención de los investigadores fue una extraña sustancia blanquecina sobre sus cuerpos. Pues bien, un artículo científico publicado en la revista Cell ha arrojado luz sobre ella y, al parecer, lanza un desafío directo a las creencias tradicionales sobre la evolución de la ganadería primitiva. Y es que los restos analizados contienen kéfir, una sustancia empleada para fabricar un tipo primitivo de queso.
Los investigadores descubrieron que estos alimentos fueron esparcidos deliberadamente sobre las cabezas y los cuellos de los cuerpos momificados en el cementerio de Xiaohe, situado en el noroeste de China. Enterradas en un suelo extremadamente seco y salino, las momias se conservaron de forma natural dentro de ataúdes con formas de barcos durante más de tres milenios, protegiendo este valioso tesoro arqueológico de la descomposición ambiental. Debido a la disposición intencionada de estos elementos, los expertos coinciden en que el producto representaba un bien funerario de enorme valor para la comunidad.
El objetivo de la población de la cuenca del Tarim era proveer a los difuntos de un alimento vital que les sustentara en su viaje hacia el más allá, reflejando una mística reverencia por los productos derivados de la leche. A través de la extracción de material genético de muestras recolectadas en tres tumbas distintas, el equipo de investigación identificó componentes de vacas y cabras. A diferencia de las prácticas de Oriente Medio o Grecia, donde se mezclaban distintos tipos de leche, los artesanos asiáticos procesaban las leches en lotes completamente separados.
Un descubrimiento a nivel molecular
La secuenciación genómica confirmó además la presencia de microorganismos clave como Lactobacillus kefiranofaciens y Pichia kudriavzevii, elementos fundamentales que componen los granos de kéfir modernos. Estos componentes actúan de manera similar a una masa madre, permitiendo la transformación de la leche cruda mediante cultivos simbióticos de bacterias probióticas y levaduras. El estudio genético comparativo entre bacterias antiguas y contemporáneas evidencia cómo el microorganismo incrementó su estabilidad con el paso de los siglos.
Estas bacterias se adaptaron al huésped humano para mitigar respuestas inmunitarias en el intestino moderno, optimizando sus capacidades de fermentación a través de procesos evolutivos de intercambio genético. El análisis filogenético demostró que la bacteria ancestral está vinculada estrechamente con el grupo genético que hoy en día sobrevive en el Tíbet. Este hecho histórico rompe la narrativa tradicional de que la producción de este lácteo surgió únicamente en el norte de las montañas del Cáucaso, en la actual Rusia.
La investigación demuestra con solidez que la cultura quesera de la comunidad de Xiaohe ha persistido en la región de Sinkiang de forma ininterrumpida desde la Edad del Bronce. El estudio sistemático de estos restos de 3.600 años ofrece una ventana directa hacia los hábitos alimenticios y la tecnología biológica de las civilizaciones más remotas de Asia Central. Los entornos desérticos permitieron detener el reloj biológico de los alimentos, aportando datos que los yacimientos europeos o de Egipto no habían podido conservar.
Evolución de la fermentación
El análisis pormenorizado de las estructuras celulares desvela que los métodos empleados en el continente asiático contaban con una sofisticación técnica inesperada para la época. Cada lote de producción se gestionaba con un control estricto de las materias primas animales, evitando la contaminación cruzada entre los rebaños caprinos y bovinos. Esta separación sistemática sugiere la existencia de pastores especializados que dominaban las pautas de selección de los fermentos lácteos primigenios en las aldeas.
Las conclusiones de los expertos abren nuevas vías para entender las rutas comerciales y migratorias de las poblaciones ganaderas de la Edad del Bronce en Eurasia. El hallazgo en el gigante asiático redefine los manuales de la antropología nutricional y consolida la importancia de los alimentos probióticos en los rituales sagrados antiguos. Quizá este tipo de conservación en ambientes áridos permita localizar en el futuro nuevos restos orgánicos que sigan completando el mapa evolutivo de la alimentación de la humanidad.