Del jitomate maldito a la cruda realidad

Por Javier Cobos Fernández
@jcobosfernandez
Hay formas cómodas de explicar la inflación. Y hay formas correctas.
La primera quincena de marzo de 2026 ofreció una tentación evidente: atribuir el repunte inflacionario a un choque puntual en alimentos. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) creció 0.62% quincenal y la inflación anual se ubicó en 4.63%, impulsada principalmente por el alza en productos agropecuarios, particularmente el jitomate (INEGI, 2026a).
La explicación es cierta. Pero es incompleta.
Porque el dato de marzo no es un evento aislado. Es la convergencia de tres capas inflacionarias simultáneas que, juntas, explican mucho mejor lo que está ocurriendo en la economía mexicana.
Primera capa: el choque visible
El detonante inmediato está en el campo.
El jitomate registró un aumento de 32.17% en la quincena, acompañado por alzas relevantes en tomate verde, calabacita, papa, limón y pollo. El subíndice de frutas y verduras creció 8.34% quincenal y acumula una inflación anual cercana a 24% (INEGI, 2026a).
Esto es un choque de oferta clásico: estacionalidad, condiciones climáticas, logística, costos de transporte. Es abrupto, es visible y es estadísticamente dominante en el corto plazo.
Pero también es, por definición, transitorio.
El problema no es que exista esta capa. El problema es que no es la única.
Segunda capa: la inflación que persiste
Debajo del ruido del campo, hay una señal mucho más relevante: la inflación subyacente sigue sin ceder.
En la misma quincena, el componente subyacente se ubicó en 4.46% anual, mientras que los servicios alcanzaron 4.49% y los alimentos procesados se mantienen cerca de 6% anual (INEGI, 2026a).
Esto cambia completamente la lectura del dato.
Porque cuando los precios volátiles suben en una economía donde la inflación subyacente ya está controlada, el efecto suele ser pasajero. Pero cuando suben en una economía donde la inflación de fondo sigue elevada, el riesgo es distinto: el choque puede contaminar expectativas, trasladarse a otros precios y volverse persistente.
Los servicios son la clave aquí. Restaurantes, comida preparada, vivienda y otros servicios no responden a shocks de corto plazo, sino a estructuras de costos más rígidas: salarios, rentas, contratos. Por eso su inflación es más lenta… y más peligrosa.
En ese sentido, marzo no sólo muestra un aumento de precios. Muestra que la desinflación en México nunca terminó de consolidarse.
Puebla: donde el dato se vuelve tangible
La heterogeneidad regional confirma la intensidad del fenómeno.
Puebla registró una inflación quincenal de 0.96%, por encima del promedio nacional. La ciudad de Puebla alcanzó 0.88%, mientras que Izúcar de Matamoros se colocó como una de las ciudades con mayor incremento a nivel nacional (INEGI, 2026a).
El boletín no desagrega causas específicas por entidad, pero la lectura económica es clara: las presiones en alimentos y servicios encontraron en Puebla una transmisión más intensa que en otras regiones.
Y esto importa porque la inflación no se mide sólo en índices, sino en su impacto sobre el gasto cotidiano. Cuando los aumentos se concentran en alimentos y consumo básico, el efecto es inmediato en la percepción de los hogares.
Ahí es donde la inflación deja de ser un dato… y se convierte en una experiencia.
Tercera capa: el margen que se redujo
Hasta aquí, el análisis podría quedarse en una combinación de choque de oferta e inercia inflacionaria. Pero falta la capa más incómoda.
El contexto monetario.
En los últimos aproximadamente 24 meses, México transitó de una postura monetaria claramente restrictiva hacia un proceso de relajamiento gradual. Tras haber alcanzado niveles cercanos a 11.25% en 2023, la tasa de referencia fue reduciéndose de forma progresiva a lo largo de 2024 y 2025, hasta ubicarse alrededor de 7% en 2026 (Banxico, 2026a).
El movimiento, en principio, era razonable: desaceleración económica, necesidad de reactivar crédito, normalización global. Pero el problema no fue el movimiento… sino el momento.
El relajamiento monetario ocurrió cuando la inflación subyacente aún no había convergido a niveles compatibles con la meta de 3%. Es decir, se empezó a retirar el freno antes de haber estabilizado completamente el vehículo.
Aquí es donde la causalidad debe entenderse con precisión.
Los recortes de tasa no provocan directamente el alza del jitomate. Pero sí alteran las condiciones macroeconómicas de forma más sutil y relevante:
- reducen el costo del financiamiento,
- relajan las condiciones financieras, y, sobre todo,
- disminuyen la capacidad del sistema para absorber choques sin amplificarlos.
En otras palabras: no generan el choque… pero reducen el margen para contenerlo.
Y ese margen importa más de lo que parece.
Porque el propio Banco de México ha reconocido que la convergencia de la inflación a la meta se ha retrasado hasta 2027 y que el balance de riesgos sigue sesgado al alza (Banxico, 2025).
Esto significa que el sistema ya venía operando con poca holgura.
La advertencia: cuando el contexto alcanza al dato
En ese entorno, las advertencias formuladas desde enero de 2026 adquieren otra dimensión.
La tesis era clara: utilizar la tasa de interés como palanca principal de crecimiento, en ausencia de inversión estructural, podía generar presiones inflacionarias y reducir el margen de estabilidad macroeconómica (Cobos, 2026a; 2026b; 2026c; 2026d).
El dato de marzo no demuestra que esa haya sido la causa directa del repunte. El detonante sigue siendo un choque de oferta.
Pero sí confirma algo más importante: que el espacio para usar la política monetaria como sustituto de crecimiento era más estrecho de lo que se asumía.
Y que, en ese contexto, cualquier perturbación —por pequeña que parezca— tiene mayor capacidad de amplificarse.
Explicar la inflación de marzo como un problema de jitomate es cómodo.
Explicarla como un fenómeno de tres capas es correcto.
Un choque de oferta en alimentos,
una inflación subyacente persistente,
y un entorno monetario con menor margen de maniobra.
Por separado, cada una es manejable.
Juntas, forman una estructura mucho más frágil de lo que sugieren los titulares.
México no está en crisis inflacionaria. Pero tampoco está en control inflacionario.
Y en ese punto intermedio —el más engañoso de todos— es donde los errores de diagnóstico suelen ser más costosos.
Referencias
Banco de México (Banxico). (2025). Informe Trimestral Octubre-Diciembre 2025.
https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/informes-trimestrales/%7B2630AEA1-9142-A3C2-C9E2-F70CE6FBA170%7D.pdf
Banco de México (Banxico). (2026a). Anuncios de política monetaria.
https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/anuncios-de-las-decisiones-de-politica-monetaria/anuncios-politica-monetaria-t.html
Cobos, J. (2026a). La tasa como palanca de crecimiento.
https://www.e-consulta.com/opinion/2026-01-23/la-tasa-como-palanca-de-crecimiento
Cobos, J. (2026b). Se estrecha la puerta del oxígeno transitorio.
https://www.e-consulta.com/opinion/2026-01-28/se-estrecha-la-puerta-del-oxigeno-transitorio
Cobos, J. (2026c). Economía mexicana: cambio de ruta en parte.
https://www.e-consulta.com/opinion/2026-02-05/economia-mexicana-cambio-de-ruta-en-parte
Cobos, J. (2026d). Analiza Banxico posibles nuevos recortes.
https://www.e-consulta.com/opinion/2026-02-12/analiza-banxico-posibles-nuevos-recortes
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2026a). Índice Nacional de Precios al Consumidor. Primera quincena de marzo de 2026.
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/inpc/inpc_1q2026_03.pdf
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2026b). Índice Nacional de Precios al Consumidor. Febrero de 2026.
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/inpc/inpc_2q2026_02.pdf
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