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Los enanos y bufones de Velázquez, la dignidad de los «monstruos» de la corte de Felipe IV | Historia NG

Diego Velázquez inmortalizó el variopinto ejército de personajes que servían y entretenían Felipe IV y su familia y retrató sus taras físicas y mentales con gran dignidad.

El bufón El Primo retratado por Diego Velázquez en 1644. Museo del Prado
The Granger Collection / Cordon Press

Àlex Sala / Historia National Geographic

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El bufón Calabacillas

Juan Calabazas, Calabacillas o El bizco, era un entrañable personaje natural de Coria que entró en la corte de Felipe IV en 1632 tras haber estado antes al cargo del duque de Alba (y marqués de Coria) y del cardenal-infante al Fernando de Austria, hermano de Felipe IV. No sufría acondroplasia pero sí una evidente discapacidad intelectual que Velázquez reflejó en este retrato de la segunda mitad de 1630 en el que lo presenta en una insólita postura y con una sonrisa bobalicona. Las calabazas que hay junto a él hacen alusión a su nombre y a su escaso juicio. Durante el Siglo de Oro, esta hortaliza (de gran tamaño pero hueca por dentro) simbolizaba la falta de inteligencia. A pesar de todo, viste con una elegante dignidad, con un traje verde oscuro y zapatos negros, con valona y finos puños de encaje de Flandes.

Calabazas

Heritage Art/Heritage Images / Cordon Press

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Posición privilegiada

El mismo título recibe este retrato de cuerpo entero del mismo personaje al poco de su ingreso en la corte. Velázquez lo retrato completamente vestido de negro, a la manera que puso de moda la dinastía de los Austrias, reservada a la familia real y a sus más destacados cortesanos. Juan Calabazas gozaba de un alto reconocimiento en la corte felipina, con tratamiento de don, coche y forraje a su disposición. Disponía de una asignación anual de 96.894 maravedís, a la que se sumaban otros 190.000 en concepto de raciones de carne y pescado todos los días del año, una dieta al alcance solamente de una élite en la España del Siglo de Oro. La pintura fue expoliada por José Bonaparte en 1813 y después de pasar más de un siglo por distintas colecciones europeas, fue adquirida por el Instituto de Arte de Cleveland en 1965.

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Bufón con libros

Hacía 1640, Velázquez retrato a este bufón sentado junto a un enorme libro cuyas páginas apenas puede mover con sus pequeñas manos. El personaje ha sido tradicionalmente identificado con Diego de Acedo, el Primo, que más que un bufón fue un importante funcionario en la corte de Felipe IV entre 1635 y 1660, al cargo de la oficina y estampa real, despacho responsable del registro y la validación de los documentos oficiales. La ropa que viste y las grandes hojas que maneja harían referencia su labor de estampillero. Era un hombre culto y vanidoso, con fama de mujeriego y conquistador, hasta empunto de verse involucrado en un crimen pasional en 1643, cuando el aposentador de palacio Marcos de Encinillas asesinó en un arrebato de celos a su esposa, señalando a Acedo como su amante. 

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The Granger Collection / Cordon Press

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¿Sebastián de Morra o El Primo?

Siempre se había pensado que el personaje de este emblemático retrato era Sebastián de Morra, bufón que sirvió en Flandes al cardenal-infante Fernando de Austria y que a la muerte de este, entró al servicio del heredero, Baltasar Carlos, con quien parece ser que estableció una estrecha amistad. Pero tras los últimos estudios, en 2012, el museo decidió cambiar su identificación y su título por el de Bufón el Primo. En la actualidad, la mayoría de expertos consideran que este retrato sedente, y no el Bufón con libros, es el que habría realizado Velázquez al Primo en Fraga en 1644 (donde acompañó a Felipe IV durante la sublevación de Catalunya). La postura enfatiza la baja estatura del modelo que, con su penetrante expresión parece recriminar la mirada prejuiciosa del espectador

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El niño de Vallecas

Este retrato recibió su título actual en 1794, aunque al parecer representa a un bufón que nunca fue conocido con este nombre. El personaje se ha identificado con Francisco Lezcano, nacido en Vizcaya, un enano del príncipe Baltasar Carlos. Entró al servicio del palacio real en 1634 y murió en 1649, tres años después que su señor, el heredero al trono. Lezcano padecía una enfermedad diagnosticada en la actualidad como hipotiroidismo congénito (cretinismo), debida a la disminución o falta de la producción de la hormona tiroidea en el feto durante el embarazo, que provoca un déficit del desarrollo físico e intelectual y deformidades del cuerpo, como un cráneo grande en proporción a la caray un rostro hinchado que acentua una mirada triste, plasmada con gran realismo por Velázquez.

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Alamy Stock Photo / Cordon Press

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Los enanos de la reina

De la proximidad de los bufones y enanos con la familia real da buena cuenta el retrato real por excelencia, Las Meninas, en el que Velázquez incluyó a dos de estos personajes en el círculo más intimo de los treyes y sus hijas. Se encuentran en la esquina inferior derecha y son Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato, sirvientes de la reina Mariana. Bárbola era una mujer de origen alemán que padecía enanismo acondroplásico: extremidades cortas y macrocefalia, cabeza grande y desproporcionada, con la frente ancha y prominente (olímpica). En cambio Pertusato padecía enanismo hipofisario o armónico, de cuerpo proporcionado y aspecto aniñado. A diferencia de Bárbola, que fue desterrada a la muerte de su señora, Pertusato conservó el favor real y ascendió a ayuda de cámara, con trato de don y una ración acorde a su dignidad.

Bufo´n con perro

Art Media/Heritage Images / Cordon Press

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Bufón con perro

Es un retrato de aires velazqueños pero atribuido en la actualidad a un seguidor o a un miembro de su taller: su amigo Juan Carreño de Miranda, según la mayoría de especialistas, o Juan Bautista Martínez del Mazo, yerno y colaborador de Velázquez. Tradicionalmente, el personaje que posa junto al mastín, cuyo gran tamaño amplifica la escasa talla de su amo, fue identificado erróneamente con Antonio el Inglés, bufón de Felipe III fallecido en 1617, décadas antes de la realización de la obra (1645). La condición de bufón del retratado se desprende tan solo de la talla del protagonista, ya que el desconocido personaje está rícamente vestido y posa con una actitud de orgullo mirando al espectador con cierta altivez, como se acostumbraba en los retratos de la alta nobleza de la época.  

Junto a atildados nobles y consejeros reales, recios militares, embajadores extranjeros y sirvientes pululaba por la corte de Felipe IV un variopinto ejército de enanos, bufones y personajes con algún tipo de discapacidad física o intelectual que entretenían y complacían a la familia del monarca. Estos fenómenos o monstruos (término que no se usaba de forma despectiva) fueron en muchos casos personajes queridos y respetados por el rey y su familia y algunos de ellos se convirtieron en importantes colaboradores y consejeros.

Diego Velázquez dejaría testimonio de esta realidad cotidiana en palacio con una serie de pinturas que inmortalizaron a varios de estos personajes y sus «taras» físicas y mentales, tratándolos con la misma dignidad y respeto con la que retrató a los grandes de España y al propio Felipe IV y su familia.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/enanos-y-bufones-velazquez-dignidad-monstruos-corte-felipe-iv_26782

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