La representación de las mujeres de cierta edad nunca había sido tan alta. ¿Qué está ocurriendo?

Por Vanessa Friedman / The New York Times
Este mes, Vogue hizo algo que nunca había hecho antes, algo que la mayoría de la gente pensaba que probablemente nunca haría: puso a dos mujeres de 76 años en su portada.
Claro, no eran mujeres de 76 años cualquiera. Eran Meryl Streep y la supervisora de Vogue Anna Wintour, y estaban allí de una forma meta para hablar de la mitología en torno a El diablo viste a la moda 2, en la que Streep interpreta a una versión de Wintour. Pero aún así, 76 años.
“Realmente revolucionario”, decía un comentario en la publicación de Instagram de la revista.
Lo irónico es que, al transgredir la barrera de la edad, Vogue en realidad consiguió parecer muy actual, no anticuada. Hoy en día, como escribió Wintour en la revista, “siento que la edad es en realidad una ventaja”. O eso es lo que empieza a percibirse en el mundo de la moda.
La ronda más reciente de desfiles de moda, que terminó el mes pasado, destacó no solo por la ausencia casi total de diversidad de tallas en la pasarela, sino también por el hecho de que, al mismo tiempo, dio un paso gigante en lo que respecta a otro aspecto de la inclusividad: la edad.
Stephanie Cavalli, de 50 años, dio inicio al desfile de Chanel, y fue una de las 15 modelos mayores de 40 años que caminaron por la pasarela. Bottega Veneta contó con nueve modelos mayores. Tom Ford, nueve (mujeres y hombres). Givenchy, ocho. Balenciaga, cinco. Louis Vuitton, cuatro. Y eso sin contar las modelos mayores famosas, como Kate Moss, de 52 años, que desfiló en la pasarela de Gucci; Gillian Anderson, de 57 años, que cerró Miu Miu, y siete figuras del mundo del arte, entre ellas Ming Smith, de 79 años, y Amy Sherald, de 52 años, que desfilaron en Carolina Herrera.
VideoStephanie Cavalli, who opened the Chanel ready-to-wear show in Paris in March.CreditCredit…Video by Chanel
Dicho de otro modo, según los datos del buscador del mundo de la moda Tagwalk, el 5 por ciento de las 20 marcas principales incluyeron al menos una modelo con curvas, o de tallas grandes, en sus desfiles, pero el 100 por ciento incluyó una modelo mayor.
En el lenguaje de la moda, por “mayor” se entiende simplemente tener más de 30 años. Sin embargo, dijo Alexandra Van Houtte, fundadora y directora ejecutiva de Tagwalk, “lo que realmente estamos viendo es que las marcas adoptan cada vez más modelos con signos visibles de la edad, como canas o arrugas”, rasgos que suelen aparecer más cerca de los 50 años.
Y no solo en la pasarela. En Celine, el diseñador Michael Rider invitó a Joan Juliet Buck, de 77 años, editora de Vogue Francia convertida en actriz, escritora en la plataforma Substack y presentadora de radio, a sentarse en el centro de la primera fila del desfile, junto con Naomi Watts, Sarah Paulson y Tracee Ellis Ross, todas de cincuenta y tantos. En Loewe, la lista de invitados famosos de Jack McCollough y Lazaro Hernandez incluía a Sissy Spacek, de 76 años, que hacía su primera aparición en la Semana de la Moda de París.
“La edad se ha convertido en algo que las marcas parecen estar genuinamente orgullosas de destacar”, dijo Van Houtte.
Incluso más allá de la pasarela, ha florecido un movimiento en el que la gente del mundo de la moda, o espacios adyacentes, opta por resaltar su edad, en lugar de borrarla. La exsupermodelo y actual embajadora de Estée Lauder Paulina Porizkova, de 61 años, ha encabezado el debate en Instagram, donde revela a sus 1,4 millones de seguidores sus líneas de expresión y el aumento de peso relacionado con la edad en fotos sin maquillaje y videos en ropa interior.
A ella se ha unido Buck, quien publicó un primer plano de una selfi en el espejo del baño antes del desfile más reciente de Celine, titulado, en parte, “la cara que nunca pensé que tendría”. Dijo que la foto había inspirado más comentarios positivos que prácticamente cualquier otra cosa que hubiera hecho. Y luego está el reciente debate sobre la menopausia y la perimenopausia que ha impulsado con fuerza un nuevo segmento del mercado de la belleza y que está liderado por mujeres como Watts, Halle Berry y Gwyneth Paltrow.
Es un cambio sorprendente en una industria que durante mucho tiempo ha sido famosa por fetichizar la juventud. Y destaca en un mundo en el que los espectadores están inundados de imágenes en las que cada signo de la edad —cada arruga, hueco, mancha— se ha rellenado, estirado, filtrado, levantado o borrado de cualquier otra forma. Especular sobre las intervenciones que se ha hecho alguien, aunque tenga poco más de 30 años, se ha convertido en un juego de salón al que todo el mundo puede jugar, y la inteligencia artificial ha hecho que la modificación y la reinvención constantes formen parte de nuestra dieta visual.
Se está gestando una reacción contra la era del retoque fotográfico.
En pos de los consumidores mayores
“Hay una realidad práctica a la que las agencias y la industria tienen que enfrentarse: que las mujeres mayores tienen poder adquisitivo para comprar lo que se presenta, y desean verse a sí mismas y sus experiencias de vida en estos espacios”, dijo Romae Gordon, una exmodelo de 52 años que volvió a la pasarela hace un año.
Gordon empezó a trabajar como modelo cuando era adolescente en Jamaica, a principios de la década de 1990. Tuvo cierto éxito, pero su carrera nunca despegó del todo, y lo dejó unos años después para terminar la universidad y así dirigir una agencia de modelos. Hace un año, tras la muerte de su pareja, una amiga la convenció para que volviera a ponerse delante de la cámara.
En septiembre la contrataron para el primer (y único) desfile de Versace de Dario Vitale, y en enero caminó en la pasarela de alta costura de Chanel, seguida del desfile prêt-à-porter de Chanel. Ahora, dijo, está viviendo su mejor temporada. Y no es la única.

“Hace poco reclutamos a una mujer de más de 60 años en un supermercado de las afueras de París, porque estamos observando un aumento” de la demanda de modelos mayores, dijo Talisa Carling, directora de IMG Models. El término (o eufemismo) actualmente popular para referirse a esas modelos maduras es, dijo, “generacional”.
Puntualmente, cuando Pierpaolo Piccioli, director creativo de Balenciaga, intentaba contratar a un amplio espectro de personas para su desfile más reciente en París, dijo que era más fácil encontrar modelos mayores que de tallas grandes. (“Hace dos años, era habitual ver a chicas con cuerpos de formas diferentes”, dijo. “Ahora ya no. Este año, he tenido que traerlas por avión”).
Aunque los economistas llevan décadas hablando del poder de lo que se conoce como el dólar de plata o el mercado gris, la moda generalmente ha dado poca importancia a la idea en sus iniciativas de cara al público… hasta ahora.
“La realidad es que la mitad del poder adquisitivo está en la cohorte de mayores de 50 años, y la mitad del crecimiento del poder adquisitivo está en la cohorte de mayores de 50 años”, dijo Gemma D’Auria, codirectora mundial de la práctica de comercio especializado, de moda y de lujo de la consultora McKinsey. En un momento en que el crecimiento del lujo se ha ralentizado o estancado, ignorar a un importante grupo de consumidores no es una buena estrategia.
De hecho, según la Reserva Federal, más del 70 por ciento de toda la riqueza de Estados Unidos se concentra en el grupo de más de 55 años, que también es responsable de más del 45 por ciento del gasto de los consumidores.
Esto se refleja en parte en lo que Ashley Mears, modelo convertida en profesora de sociología de la Universidad de Ámsterdam y autora de Pricing Beauty: The Making of a Fashion Model, denominó “la nueva visibilidad de las mujeres mayores en público”. Veamos, por ejemplo, a Martha Stewart en la portada de Sports Illustrated a los 81 años o a Demi Moore a los 61 en el circuito de premios por su papel en La sustancia.
Sin embargo, dijo Mears, “es una paradoja porque no aparentan la edad que tienen. Para las mujeres que tienen éxito en sus campos y necesitan tener visibilidad, lo que suele ocurrir en una etapa más avanzada de la vida, el mensaje es: ‘tienes que esforzarte para verte bien’”. Y eso es costoso, pues existe una conexión entre la juventud y la clase y la riqueza, y crea más barreras de entrada en un momento en que la moda necesita derribarlas.

Quizá por eso Matthieu Blazy, director artístico de Chanel, dijo que consideraba importante que, en lo que respecta a las modelos de su desfile de Chanel, “no cambiáramos su aspecto ni intentáramos rejuvenecerlas”. Quería que su mensaje fuera más “ven tal como eres”.
Gordon, quien no se ha sometido a más tratamientos estéticos que los faciales, dijo que este enfoque era común en todos los desfiles en los que participa. “No quieren maquillarme”, dijo. “Les agradezco que piensen que mi piel está en buen estado, pero una que otra pestaña no le hace daño a nadie”.
Piccioli añadió: “Todos queremos mostrar a mujeres poderosas, incluso cuando son vulnerables. Y el orgullo de mostrar tu edad es un símbolo de fuerza y poder”. Encubrirlo o disfrazarlo es subvertir la idea misma que ahora supuestamente vende la moda.
El anhelo por la vieja casa de piedra
La moda ha tenido momentos de aceptación de la edad. En 2024, Batsheva Hay presentó un desfile solo con mujeres de más de 40 años, y Olivier Rousteing salpicó sus pasarelas de Balmain con modelos maduras. Modelos de pelo blanco como Carmen Dell’Orefice y Maye Musk han tenido largas carreras. Esta vez, el consenso es que el fenómeno puede ser señal de un cambio sistémico.
“En realidad, no creo que sea una tendencia”, dijo Carling, de IMG. “Creo que es estructural”.
En parte, esto puede deberse a que aceptar al menos algunas de las realidades de la edad es una forma relativamente fácil que tiene el mundo de la moda para demostrar que es consciente del mundo en general. “La inclusión de la edad es un espacio relativamente seguro para la moda, porque no cuestiona la estética básica, que gira en torno a un modelo relativamente delgado”, dijo Emily Huggard, profesora asociada de la Escuela de Diseño Parsons y codirectora de su Laboratorio de Inclusión de la Talla en la Moda. “La inclusión de tallas exige un cambio más estructural en torno a la producción”.
Pero se trata de algo más que de dinero.
Buck empezó a actuar de nuevo cuando tenía unos 50 años, después de haber tenido una carrera como escritora y editora de Vogue Francia. Le dieron el papel de administradora de una escuela culinaria francesa en la película de 2009 Julie & Julia, tras lo cual, dijo, “uno de los productores se acercó y dijo: ‘Es genial que no te hayas hecho nada en la cara. Vas a conseguir mucho trabajo porque eso es muy inusual’”.



Un conjunto de modelos “generacionales” en las pasarelas de, en el sentido de las agujas del reloj, de arriba a la izquierda, Balenciaga, Givenchy, Michael Kors, Tom Ford, Chanel y Emilia Wickstead.
Más común, al menos en público, es el mensaje que llega de los influentes y los famosos, donde ser transparente sobre tus intervenciones cosméticas se ha convertido en una tendencia en sí misma. Pensemos en Kris Jenner, de 70 años, quien declaró a Vogue que su nuevo estiramiento facial —el que le hacía aparentar casi la misma edad que sus hijas— era su versión de “envejecer con gracia”.
“Siempre hay dos polos en cualquier movimiento”, dijo Buck. “Existe esta tendencia hacia ser posthumano, más brillante, más nuevo, clonado, etcétera; la sensación de que la gente ha dado más importancia a la superficie lacada de la máquina que al cuerpo”.
Por otra parte, dijo, hay una tendencia que corresponde hacia “soy real”.
“Creo que somos como las viejas casas de piedra”, continuó. “Tenemos el valor de la antigüedad. Si no te has retocado, es como si tuvieras una chimenea que funciona desde 1680. Somos auténticos”.
La autenticidad es, por supuesto, una de las palabras de moda actuales, no solo en la moda, sino en la cultura en general. Es un reflejo del temor a que el estilo individual se haya perdido en favor del algoritmo.
“Todo está tan recargado, aterciopelado y bien arreglado debido a la cultura de Instagram, donde todo el mundo vive en el mismo apartamento con la misma silla, que ser tú mismo se ha convertido en el lujo supremo”, dijo Blazy. Agregó que sentía “hambre” de algo diferente.
No son solo los influentes y los famosos quienes se han convertido en vehículos de esta versión de la uniformidad sin edad. También las figuras políticas, y ahí la tendencia es aún más complicada. Como muchas mujeres MAGA han adoptado la “cara Mar-a-Lago”, rellena y alisada, se ha convertido en una expresión de un giro social más general hacia normas exageradas y roles de género patriarcales anticuados, y no solamente una simple moda cosmética.
Buck lo expresó de esta manera: “Para todas las mujeres, existe esa línea entre elegir ser maleable y agradable y ajustarse a las normas colectivas o rechazarlas”. Cada vez más, afirmó, las mujeres dicen: “No, no voy a entrar en ese juego”.
Vanessa Friedman ha sido la directora de moda y la crítica jefe de moda del Times desde 2014.
Fuente: https://www.nytimes.com/es/2026/04/21/espanol/cultura/moda-mujeres-mayores.html