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¿Hemos llegado al Rubicón de la inteligencia artificial? Las advertencias de Frankenstein | VozPópuli

La criatura nació con la inocencia de su creador, que cree dominar la ciencia a su antojo, sin consecuencia alguna

Gustavo Entrala, el gran comunicador tecnológico, conocido, entre otras cosas, por facilitar que Benedicto XVI pudiera normalizar el uso de X (en ese momento Twitter) en el papado, ha entrevistado recientemente en su canal de YouTube a Geoffrey Hinton, conocido como el “padre” de la IA y ganador del Premio Nobel de Física en 2024. En esta entrevista afirma, entre otras cosas, que ha creado un monstruo que puede llegar a ser ingobernable si no tomamos medidas a tiempo, ya que dice que vamos por el camino de crear superinteligencias artificiales que pueden llegar a dominar el mundo si no hacemos algo a tiempo. Hecho que recuerda a Skynet y Terminator, pura ciencia ficción, o también a la novela de Mary Shelley, Frankenstein. Es decir, a un monstruo horrible, una máquina de destruir y hacer daño porque está “herido” por la falta de cariño que ha recibido, ya que no tiene familia. En el caso de la IA podemos hablar del “nuevo Frankenstein” o del “Frankenstein digital”. Pero para entender mejor esta comparación, veamos qué podemos aprender de la novela.

Gregorio Luri, en 2018, hablando sobre esta obra en su bicentenario, escribió: “Mary Shelley nos ofrece en Frankenstein o el moderno Prometeo un mito posmoderno, moderno y precristiano. Lo posmoderno es la concepción terapéutica de la existencia; lo moderno, la reflexión sobre las consecuencias morales de la técnica; lo precristiano, el canto a la dignidad del sacrilegio, porque para ser sacrílego de verdad hay que enfrentarse a los dioses, no limitarse a dejar escapar una ventosidad ante los lares familiares”.

Si tomamos la perspectiva moderna, es decir, la reflexión moral sobre las consecuencias de la creación y el desarrollo de la IA, quizá estamos llegando tarde. Todo apunta a que estamos cerca de un punto de inflexión en el crecimiento de esta herramienta tecnológica. Podemos decir que estamos llegando a su Rubicón, entre otros motivos porque su “padre” lo afirma. Esta herramienta tan útil es, a la vez, una bola de nieve imparable. Su futuro es tan poco alentador como la sucesión de asesinatos que comete, directa o indirectamente, en la novela la criatura de Frankenstein (William, la ejecución de Justine, Clerval, Elizabeth, la muerte del padre…), fruto de la superación de los límites de la ciencia y la naturaleza.

Lo verbaliza muy bien su creador cuando dice: «—¡Demonio! —grité—, ¿cómo te atreves a acercarte? ¿No temes que desate sobre ti mi terrible venganza? Aléjate, ¡monstruo despreciable! Pero no, ¡detente! ¡Quisiera pisotearte hasta convertirte en polvo si, con el fin de tu existencia inmunda, pudiera devolverles la vida a aquellos que tan diabólicamente has asesinado!». Le espeta con odio el doctor Frankenstein a la criatura que tanto deseó crear cuando vuelve a encontrarse con ella y ve en lo que se ha convertido.

La criatura nació con la inocencia de su creador, que cree dominar la ciencia a su antojo, sin consecuencia alguna. ¿Pero cuándo cruzó el Rubicón para acabar siendo un monstruo? Este “hijo” se desarrolla con la inocencia del recién nacido hasta que el “pecado original” aparece en él: el rechazo de la humanidad por su horrible aspecto y la falta de seres queridos, lo que le llena de odio. Esta criatura de Víctor Frankenstein justifica su maldad diciendo: «Yo era bueno y cariñoso —dice—; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad y volveré a ser virtuoso». Pero su creador se ve incapaz de complacer la petición de la criatura, que le demanda una “mujer” creada como él para hacerle feliz y promete retirarse con ella a un lugar recóndito de la Tierra, porque Frankenstein teme algo peor: dos monstruos actuando juntos contra la humanidad.

Enrique García-Máiquez comenta la respuesta de esta bestia cuando dice: “…la virtud a veces no conduce a la felicidad, pero nadie tiene derecho a ser feliz. A lo que de verdad tenemos derecho todos es a ser amados”. A la criatura de Frankenstein le falla el amor de su creador, algo que nunca nos falta a los hombres si lo buscamos en Dios. Shelley tal vez no podía entenderlo, pero sí echa profundamente en falta el amor familiar.

El “Frankenstein digital” o “nuevo Frankenstein” crece de manera exponencial, camino de convertirse en un monstruo perfecto para ¿dominar o facilitar? a la humanidad, como afirma Geoffrey Hinton, si no le ponemos límites a tiempo. Es ahora, antes de llegar al punto de no retorno, cuando debemos plantearnos si queremos superinteligencias artificiales que nos controlen y limiten, o un asistente útil en nuestras vidas. El futuro depende de nuestro presente, de las decisiones que tomemos ahora.

Fuente: https://www.vozpopuli.com/altavoz/cultura/hemos-llegado-al-rubicon-de-la-inteligencia-artificial-las-advertencias-de-frankenstein.html

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