El misterio del suicidio, más allá de la culpa y los juicios simplistas

Alfons Gea / Exaudi
Un sacerdote joven, con aceptación por parte de la comunidad y una vida entregada falleció a causa de las lesiones que se propició y le causaron la muerte. Acompañando la noticia del sacerdote salió casi a la vez, la muerte por suicidio de un diputado francés.
La reacción y los comentarios, en general versan sobre la culpa. Culpables la sociedad que lo provoca, con un estilo de vida, o cada uno de nosotros, con los “pecados sociales”: soledad, indiferencia, exigencia… O bien, la falta de fe y confianza. El caso es que se mira como algo que se puede evitar.
En una reunión con el equipo de psiquiatría de un gran hospital, en el que fui a hablarles del duelo; les pregunté la razón por la cual no ingresaban a los que acudían a urgencias con un acto de suicidio a sus espaldas. A muchos les daban el alta y acababan consiguiendo su objetivo. Me comentaron que el suicidio no es ninguna enfermedad, que eran libres para hacerlo. De alguna manera coincidían con la moral católica.
Con el suicidio tenemos muchos interrogantes y pocas respuestas. El intento de dar una explicación desde la culpa es un intento de no quedarse con la incertidumbre del por qué y castigar a los culpables, la sociedad o nosotros que no proporcionábamos remedio a la situación. Por parte de los familiares, la culpa, tiene la función de hacer daño, de castigar la normalidad. La unión con el difunto es tan grande, que nos identificamos con él. Si tú que te has ido no puedes comer, yo tampoco comeré. Ese dolor autoinflingido, calma la ansiedad que se puede producir cuándo nos sentimos culpables de vivir.
Esa culpabilidad existe incluso antes, cuando la persona que se suicida, lo ha intentado otras veces. Los familiares se sienten culpables de no poderlo evitar. Y en los casos en los que no ha habido ninguna señal externa, que delatara las intenciones del suicida, los familiares también se sienten culpables de no haber escuchado más.
A veces sucede que la persona que vive torturada por las tormentas mentales, de las cuales no se puede librar, aunque lo intenta, toma la determinación de finalizar el sufrimiento, aun a costa de la vida. En ese momento que decide el final, se libera de la angustia de vivir y es capaz de convocar a la familia y amigos para “despedirse” aun sin decirlo expresamente. Les convida ara un aniversario o fiesta, done es feliz, y de alguna manera se despide sin saberlo los demás. Es el caso en el que comentan los demás, que no se lo explican porque precisamente se veía muy feliz.
La idea del suicidio, en las personas que lo padecen, les suele acompañar mucho tiempo. El paciente que así lo vive, aprende a tapar lo que siente. Está cansado de que le digan lo que tiene que hacer, lo equivocado que está u otros consejos o acciones más molestos para el que recibe ese bombardeo de consejos. Se tiende a creer que el suicida no sabe vivir, y necesita el consejo sabio de cualquiera.
En otros casos, según nos comentan, los que lo intentaron sin conseguirlo, que en aquel momento en que hicieron el acto, más que el intento, de suicidarse, no pensaban en la familia que dejaban, no en las repercusiones que iba a tener para los familiares supervivientes. Se enajenó la conciencia. Se nubló el entendimiento y solamente veían la liberación de aquella situación que percibían como sin salida.
Hay otros casos de verdadero trastorno mental, diagnosticado o no. El caso más extremo que recuerdo, es el de una familia en que se suicidó un adulto que era camionero. Me comentaban que era especial. Conseguí que me explicaran algo que tenían archivado e integrado, dentro de sus rarezas. Que hacía unos meses que estuvo desaparecido tres días y volvió a casa, mal vestido y sucio, sin el camión, diciendo que lo habían abducido uno seres extraños. Los familiares ni dieron parte a la autoridad, ni le llevaron al psiquiatra. Pensaron que había sido una excusa para justificar tres días de juerga.
Es muy difícil adivinar el futuro, en cuanto que, a veces, la persona, anuncia o amenaza que lo va hacer. Eso que se dice que quien lo anuncia no lo hace, no es cierto. Pero sí podemos decir que, en muchos casos, la idea de suicidarse se usa para chantajear y conseguir objetivos egoístas.
Otros suicidios, sobre todo en adolescentes, han sido frutos de juegos macabros, mal controlados. La adolescencia tiene el defecto de no conocer todavía los límites humanos.
Aunque el suicidio más numeroso y que pasa desapercibido, es el que se realiza diariamente y lentamente, adoptando conductas que llevan a la muerte. Recuerdo un enfermo de SIDA, al inicio de la enfermedad, cuando la única cura que se conocía era mejorar la calidad de vida. Cómo ese enfermo, hacía todo lo contrario de lo que se aconsejaba: exceso de trabajo, fumar, mal alimentado… Le pregunté por qué lo hacía. Me respondió que tenía prisa en morir.
Evidentemente que una muerte propiciada por la misma persona despierta muchos interrogantes y puede ser el motivo para analizar las formas de vida, que de alguna manera contribuyen al hecho: soledad, obsesiones, culpabilidades, trastornos mentales diagnosticados o no, desamores, presiones sociales o personales, dificultades económicas, adicciones… Si bien cualquiera de estas formas o motivos, puede ser el desencadenante que propicie que suceda la muerte producida por el mismo individuo. Pero ninguna de las razones expuestas por si solo justifica el hecho del suicidio. Si todos los fracasos amorosos acabaran en muerte, la población quedaría mermada. Si todos los problemas abocaran al suicidio, no quedaría humanidad.
También es cierto que hay factores que van sumando puntos para que la autolesión debute. Uno de ellos, es el calendario. Por navidades y fin de año, por vacaciones estivales, aumenta el número de casos. El bienestar también está asociado al aumento. Se entiende que la lucha para sobrevivir, es un buen aliciente para la lucha por la vida.
Otros factores estudiados, son el sexo, la edad, dónde cada vez, se van encontrando casos más jóvenes, la identidad sexual. Hay datos que hablarían del mayor porcentaje de sucesos entre los que han optado por el cambio de sexo. Y como es obvio, muchas enfermedades mentales, que hacen sufrir lo indecible al individuo, como la esquizofrenia.
El consumo de drogas, incluido el alcoholismo, también está dentro de las variables que indican un aumento de casos.
En el caso de los sacerdotes, se ha escrito sobre la soledad, la carga psicológica que se lleva y otros factores no conocidos por la mayoría. El apoyo que pudiéramos necesitar, es difícil de obtener cuando reconocer la debilidad supondría mostrar la derrota en un ámbito que suele ser muy competitivo.
Sería necesario, reconciliarnos con la mediocridad, dar cabida a espacios temporales y espaciales de ocio, vivir con un cierto optimismo, al margen de la bajada de vocaciones al laicado y a la vida religiosa, ser más trasparentes en todo, renunciando a conservar las apariencias ostentosas, Es decir practicar la sencillez y la humildad, para evitar la frustración.
Se están haciendo intentos serios de ayudar a los sacerdotes. Algo ayudará a mejorar la salud mental, pero el problema persistirá. Precisamente porque no está asociado a ninguna dedicación, profesión o vocación.
La iglesia, ha modificado el abordaje del suicidio. De pasar a ser motivo para excluir el nombre y la persona de los ritos fúnebres, dónde era considerado como un apóstata, enterrándose fuera del cementerio, hasta nuestros días donde el padre Matteo Balzano, ha recibido un trato tierno y afectuoso desde el dolor por su pérdida.
En una carta, el vicario para el Clero y la Vida Consagrada, Franco Giudice, ha señalado que “solo el Señor sabe comprender los misterios más impenetrables del alma humana. Elevamos al Dios de la misericordia una oración por Don Matteo, nuestro hermano en el sacerdocio, expresando nuestra cercanía, en este momento dramático, a su familia y a toda la comunidad parroquial de Cannobio”.
Algunos, hablaran del tema con contundencia y seguridad, como lo suelen hacer con cualquier otro tema que también ignoran. Están en su derecho. Pero si la persona es por si compleja, mucho más algunos temas, cómo el que nos ocupa en el artículo. En un concepto como este, conviene mirar las muchas variables que intervienen.
Me quedo con la anécdota personal, donde sin pretenderlo la muerte de don Matteo, ha ayudado a unos padres, a vivir sin tanta angustia.
Al finalizar la sesión de hoy, con unos padres que tienen una adolescente con pensamientos suicidas, les he referido el caso del sacerdote fallecido. De alguna manera se han sentido desculpabilizados, pues una de las hijas padece un trastorno alimentario y está próxima a las ideas de suicidio. Se sienten malos padres, se culpan. Pero la noticia les ha aliviado la culpa, pues si esto le sucede a una persona con unos valores sublimes, quiere decir puede suceder con cualquiera. Aunque parezca un contrasentido, hay muchos familiares de suicidas que les va a suceder lo mismo.

Alfons Gea
Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi – Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.
Fuente: https://www.exaudi.org/es/el-enigma-del-suicidio-que-la-culpa-quiere-explicar/