Una serie de excavaciones han destapado infraestructuras agrícolas que muestran la adaptación climática de los mayas.

Cortesía del Proyecto Arqueológico Caracol/Universidad de Houston
Sarah Romero / Historia National Geographic
En los humedales del noroeste de Belice, un pueblo que decidió no marcharse dejó postes de madera intactos, campos elevados y canales, como testigos que contradicen el relato más repetido del colapso maya por el que las ciudades de interior fueron abandonándose poco a poco.
Una nueva excavación en el complejo de humedales Birds of Paradise deja claro que no todo el mundo se marchó. Allí, un equipo liderado por la arqueóloga de de la Universidad de Nueva York Lara Sánchez-Morales y el geógrafo Timothy Beach (de la UT Austin) ha documentado un asentamiento ocupado entre aproximadamente el 800 y el 1500 d. C., es decir, después de que muchos núcleos urbanos mayas del interior entraran en declive. Lo extraordinario no es solo la cronología sino la preservación de arquitectura de madera, algo rarísimo en los trópicos.
Los investigadores, que publican sus hallazgos en la revista PNAS, plantean un nuevo capítulo de adaptación humana cuando el entorno se vuelve impredecible. Testigos de ello son los canales, campos elevados, plataformas y madera conservada por el barro anóxico.
¿Cómo se ha conservado la madera en un lugar así?
En la arqueología tropical, la madera suele ser una víctima segura. Calor, humedad, hongos e insectos acaban desintegrándola en poco tiempo; por eso asociamos a los mayas, sobre todo, con piedra a través de sus templos, estelas o palacios, porque la madera no sobrevive. Pero aquí ha ocurrido algo impensable.
El equipo halló estructuras de madera excepcionalmente preservadas en un humedal perennemente saturado. No se trata de restos carbonizados de una hoguera, sino de postes estructurales (algunos cercanos a los dos metros) aún en su posición, conservados en un barro sin oxígeno que frena la descomposición. Allí se documentaron varios postes en una misma plataforma, además de madera asociada a otros montículos.
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Este tipo de preservación es rarísima incluso en el área maya y los expertos coinciden en que se trata del mayor conjunto de madera arquitectónica preservada fuera de casos muy específicos como las salinas costeras de Paynes Creek, también en Belice. Y si la madera puede sobrevivir en ciertos humedales interiores, quizá hemos estado pasando por alto otros asentamientos aparentemente invisibles.
Gracias a Lidar
La tecnología viene últimamente de la mano de la arqueología y es que, antes de excavar, los investigadores aplicaron el sistema de escaneo con pulsos láser desde el aire capaz de ‘ver’ el relieve bajo la cubierta vegetal (LIDAR), pudiendo identificar hasta ocho montículos de tierra y una gran plataforma de caliza.
El lidar no solo permitió ubicar estructuras; también confirmó algo esencial para entender la adaptación maya en este lugar. Los humedales no eran un espacio salvaje ocupado al azar, sino un territorio cubierto de ingeniería, intensamente modificado por manos humanas a tenor de las superficies elevadas, áreas drenadas o controladas y trazas de infraestructura con las que se han topado los arqueólogos.
Agricultura adaptativa
Curiosamente también representa una prueba de resiliencia, ya que en entornos de lluvias erráticas, sequías o variaciones estacionales, cultivar se convierte en un juego de equilibrio. Y esta comunidad decidió convertir el humedal en una despensa flexible gestionando el exceso de agua o diversificando sus recursos, ya que el humedal aporta peces, caza y suelos ricos, lo que amortigua el riesgo agrícola. Cuando el clima deja de ser estable, la supervivencia depende menos de una sola cosecha y más de una estrategia mixta, como este caso.
Pero no solo aparecieron postes en la excavación. También fragmentos cerámicos, incluidos pesos cerámicos para redes de pesca y un incensario, herramientas de piedra y restos faunísticos, lo que sugiere que la pesca y el aprovechamiento de la fauna complementaban la agricultura. Además, el incensario fabricado también en cerámica apunta a prácticas rituales, dejando claro que la vida simbólica no desaparece.

Este asentamiento no fue temporal. Los expertos contemplan una ocupación prolongada y remodelaciones a lo largo de los siglos. Si bien aún se desconoce cuán grande era esta población de humedal ni cómo funcionaba, el camino está abierto a nuevas investigaciones.
«En conjunto, estos hallazgos revelan una comunidad altamente adaptable con diversas herramientas, alimentos y materiales de construcción», afirma Timothy Beach, coautor del estudio. Esto nos muestra que las comunidades mayas pudieron cambiar de hábitat y sobrevivir a condiciones climáticas extremas».