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Cazador de ratas: así era el oficio más insólito (y lucrativo) del Londres victoriano | Historia NG

Entre alcantarillas, hurones y terriers: los exterminadores del siglo XIX que combatían plagas, hacían espectáculo… y hasta vendían ratas como mascotas.

Uno de los ‘rat catchers’ más famosos fue Jack Black.
iStock

Sarah Romero / Historia National Geographic

Viajamos hasta Londres en la segunda mitad del siglo XIX. En aquel entonces, era toda una ciudad en ebullición con muchas fábricas, humo, hacinamiento, mercados rebosantes y una red de alcantarillado que, aunque avanzaba, todavía no podía con todo. Y, en ese ecosistema perfecto para la basura (y para quien vive de ella), las ratas encontraron su paraíso. El problema de las ratas era tan grande que suponía una amenaza diaria para la comida, los almacenes, los barcos, las viviendas… y, sobre todo, para la salud pública, en una época en la que la relación entre suciedad, epidemias y animales no se comprendía del todo, pero sí se temía.

Y de la necesidad de acabar con tal multitud de roedores nació un oficio hoy casi increíble: elrat catcher o cazador de ratas. Su trabajo era simple, aunque no tanto de ejecutar, Tenían que cazar ratas a mano, con trampas o con animales entrenados, en los lugares más inmundos de la ciudad. Y, contra todo pronóstico, podía ser un negocio sorprendentemente rentable.

Un oficio nacido del caos urbano

La explosión demográfica y la urbanización acelerada convirtieron a Londres en un bufé libre para los roedores. Había muchos refugios seguros (las alcantarillas) y toneladas de desperdicios para su alimentación. Además, se extendió con fuerza la rata parda o noruega (Rattus norvegicus), más grande, prolífica y agresiva.

A ese cóctel se sumaba el hecho biológico de que las ratas se reproducen a una velocidad increíble. Solo una pareja de ratas, dada la gestación corta y su gran capacidad reproductiva, pueden tener una docena de crías unas 5-10 veces al año, lo que permite una multiplicación demencialmente exponencial. Así que con ratas por todas partes, la ciudad buscó soluciones. Y una de las más eficaces fue la más práctica. Pagar a alguien para que se metiera donde nadie quería meterse y acabar con ellas.

¿Qué hacía exactamente un cazador de ratas?

  • Los cazadores de ratas combinaban varios métodos en su oficio:
  • Trampas: desde cajas/jaulas hasta trampas de golpe
  • Hurones: que se usaban para expulsar ratas de madrigueras y escondites.
  • Terriers: perros pequeños, ágiles y tenaces que nacieron para meterse en la tierra y sacar alimañas.
  • Manos desnudas: las capturas manuales también eran habituales donde el cazador bloqueaba todas las salidas posibles salvo una y se preparaba para atrapar todo lo que saliera por el agujero existente.
rat catcher
Cazador de ratas del siglo XIX.The Granger Collection, New York / Cordon Press

¿Y el veneno? Existía, por supuesto. Muchos alardeaban de fórmulas secretas, pero la realidad es que mezclaban arsénico en alimentos grasos o muy olorosos simple y llanamente. Sin embargo, este último método no era muy recomendable, ya que las ratas podían morir en lugares inaccesibles de los interiores y provocar hedor por descomposición.

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La paradoja social del cazador de ratas

Todo el mundo estaba de acuerdo en que este oficio era más que necesario, pero también era despreciado. Eran tratados como marginados; se les miraba por encima del hombro por llevar a cabo un trabajo sucio, y además conllevaba riesgos reales. En una época de miedo a las epidemias y a las infecciones, ser mordido era un peligro cotidiano (y no hacía falta saber de bacterias para comprenderlo).

Y si bien este trabajo existía desde mucho antes de la era victoriana (ya en tiempos medievales), es en los siglos XVIII y XIX cuando se profesionaliza en serio, al ritmo de la Revolución Industrial y de las nuevas políticas de saneamiento urbano.

Jack Black: el ‘rock star’ de los cazadores de ratas

Si el oficio tuvo una celebridad, fue Jack Black, un personaje a medio camino entre el exterminador, el empresario y el artista callejero y, además, cazador oficial de ratas de la reina Victoria. Su imagen era parte del negocio, ya que llevaba un ‘uniforme’ muy llamativo (con un abrigo verde o escarlata según las versiones) y adornos con forma de rata. Siempre iba con jaulas, hacía demostraciones, vendía productos (incluido veneno) y construía un personaje público que fascinaba y repelía a la vez al público.

Pero lo más sorprendente es que cuando capturaba ratas de colores inusuales, las criaba y las vendía como mascotas. Ratas como animales de compañía. Y es que el Londres victoriano podía ser extravagante incluso en su guerra contra las plagas.

En general, el oficio se pagaba por servicio y también existían las recompensas por captura si se superaban ciertos números al año. Además, la venta de ratas vivas para espectáculos como el rat-baiting (muy popular y brutal), donde se apostaba por cuántas ratas mataba un perro en un tiempo dado, era otra oscura manera de lucrarse mediante este trabajo. ¿Y qué terminó con los cazadores de ratas? Las mejoras en saneamiento y redes urbanas, un control químico más sistemático y la profesionalización del control de plagas hasta convertirse en lo que hoy llamaríamos exterminadores.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/contexto/cazador-ratas-asi-era-oficio-mas-insolito-y-lucrativo-londres-victoriano_25990

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