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Gustavo Palacios, experto en hantavirus de los Andes: “Este patógeno es más virulento y puede haber contagios en cadenas” | El País

Este microbiólogo argentino descubrió que la transmisión entre personas del virus de los Andes puede darse en simples contactos sociales y generar casos ‘supercontagiadores’

Gustavo Palacios, microbiólogo

Enrique Alpañés / El País

Los responsables de la Organización Mundial de la Salud han comparado la situación vivida en el buque MV Hondius, donde ya han muerto tres personas, con otro brote de hantavirus que se dio en la Patagonia argentina entre 2018 y 2019. Tras la introducción del virus desde un reservorio de roedores, tres personas sintomáticas asistieron a eventos sociales concurridos: un cumpleaños, un funeral y la consulta del médico. Son eventos supercontagiadores, situaciones en las que un virus cuyo reservorio principal son los ratones pasa de humano en humano y crea un brote. Entonces hubo 34 contagios y 11 muertes.

Ahora la comunidad científica mundial intenta aprender de la experiencia de aquel evento, que pasó por confinamientos y rastreo de contactos. Pero en su momento, hace apenas seis años, fueron pocos los que creyeron a un grupo de científicos que intentó trazar el rastro del virus y demostrar que este podía contagiarse entre personas con relativa facilidad. Gustavo Palacios, microbiólogo del Monte Sinaí de Nueva York, fue el autor principal del estudio, publicado en la prestigiosa revista médica The New England Journal of Medicine.

Pregunta. ¿Qué es lo que hace al virus de los Andes una excepción entre los hantavirus?

Respuesta. Los hantavirus se descubrieron durante la guerra de Corea. Se pensaba que solo había una transmisión de roedores a humanos. No había transmisión entre humanos. Y esto es verdad para los hantavirus del Viejo Mundo, que degeneran a veces en síndrome renal. No hay transmisión de persona a persona. En 1995, el CDC norteamericano descubrió, en la zona de Four Corners, en los Estados Unidos, un nuevo virus: lo llamaron “Sin nombre Virus”, que fue el primer representante de los virus del Nuevo Mundo. Y se vio que causaban una enfermedad distinta, el síndrome pulmonar del hantavirus, con una tasa de mortandad muy alta.

En 1996 se descubrió el virus de los Andes, el segundo de los hantavirus del Nuevo Mundo. Hubo un primer brote en el 97, 98, y se vio una serie de casos que estaban epidemiológicamente unidos y no se podían explicar por la transmisión solo de roedor a humanos. En ese momento no tenían las herramientas disponibles para demostrarlo, y si bien se reportó como un caso de transmisión secundaria, no fue aceptado completamente por la virología, porque era algo nuevo que cambiaba el paradigma. Durante muchos años hay pequeños reportes, noticias que hablan de contagio, pero se decía que eran situaciones intrafamiliares, contactos muy estrechos, o que no se podía determinar si era una transmisión secundaria o primaria.

P. Y es entonces cuando se da el brote que usted estudió…

R. Exacto. En 2018 surgió un nuevo brote, de nuevo en Argentina, en la misma zona geográfica que el anterior. Se presentaba de la misma manera, con una serie de neumonías no diferenciadas. Y pensamos que era una oportunidad de estudiarlo, de demostrar científicamente que hay una transmisión persona a persona. Pero vimos cierta resistencia de la comunidad científica. No solamente estábamos diciendo que teníamos un patógeno que era mucho más virulento que los otros, sino que además estábamos diciendo que podía haber contagios en cadenas. Entonces, bueno, costó. Yo me he sumado a esta historia al final, pero ha habido mucha gente que llevaba años luchando para que se tomaran esto en serio. Ha sido una historia de David contra Goliat, de intentar convencer a la virología mundial. Y si vos mirás en la literatura científica, sigue saliendo quien lo rebate: el año pasado salió un estudio en donde decían que no se creían realmente que el contagio pudiera ser de persona a persona.

P. Al informar sobre este virus, preguntando a distintos expertos, todos minimizaban esa posibilidad, decían que para que haya un contagio, tiene que ser un contacto muy estrecho, sexual u hospitalario. ¿No es del todo así?

R. No, pero es verdad que nuestro caso es anecdótico. Hay que poner todo esto en contexto. Hay menos de mil casos documentados de este virus. Y en la mayoría de los casos no vemos cadenas de transmisión secundaria. La definición de caso de contacto cercano o de alto riesgo que utilizamos en este estudio era una persona que haya estado a menos de un metro por lo menos 30 minutos. Obviamente, es una definición estricta, para tratar de localizar a todos los posibles casos de riesgo para hacer un seguimiento. Pero sí, hay una anécdota muy interesante. Hay una persona que va a una fiesta de cumpleaños, digamos un poco formal, porque era en un salón y demás. Está en la fiesta una hora nada más, porque se empieza a sentir mal, se encuentra febril y se va. Más tarde muere.

Había como 100 personas en esa fiesta. Vimos cómo eran las mesas, cómo estaban organizadas y cómo fue el contacto. Y vos podés ver que en realidad solamente contactos muy cercanos son los que se contagiaron. Pero había uno que se contagió y estaba en una mesa separada. Al principio no lo entendíamos, pero en la reconstrucción vimos que se encontraron en el baño y se saludaron.

P. Entonces, ¿deberíamos ser más alarmistas? ¿Avisar de que no solo te contagias teniendo relaciones sexuales?

R. No hay que ser alarmista, hay que ser realista. Te estoy diciendo lo mismo que le digo a los de la OMS. Las condiciones que nosotros estudiamos en este brote en la Argentina son bastante diferentes a las condiciones que se están viendo ahora. Y en realidad, desde el punto de vista teórico, obviamente sin datos, las condiciones son peores en el buque de lo que nosotros hemos estudiado. Porque la zona donde se dio el brote en la Argentina era una zona rural, poco densa, con buen clima y donde se hace mucha vida al aire libre. Un barco es ya de por sí un lugar que facilita el contagio.

P. En el paper decís que la media reproductiva del virus en esos brotes era de 2,12 antes de implementar las medidas de control. Es un número altísimo. El coronavirus era el tres al principio de la pandemia.

R. Hay que tener en cuenta que ahí hay un sesgo importante. Y es que el primer caso, el que transmitió el virus en la fiesta de cumpleaños, transmitió a muchas personas al mismo tiempo [el número que se sacó del coronavirus era una media en la que se tenía en cuenta a gente con una vida social mucho más reducida]. Es verdad que es un número importante. Pero puedes ver la parte positiva. Cuando el Ministerio de Salud sugirió a las personas que se aislaran, bajó muy rápidamente este número [al 0’96]. En otros casos, la transmisibilidad no baja tan rápido.

La otra razón por la cual esto no es tan transmisible como el coronavirus es porque en los hantavirus hay un dead end, un punto muerto donde se frena el contagio. En la mayoría de hantavirus se encuentra en el primer contagio, no pasa de persona a persona. En el virus de los Andes es un poco más: nosotros vimos hasta tres generaciones, es lo máximo que hemos visto. Pero no hay casos de contagio sostenido. En la viruela del mono, por ejemplo, demostramos que se puede transmitir a siete generaciones y ya decíamos que era poco transmisible. El covid es mucho más transmisible porque es más difícil romper la cadena.

P. Y aquí la cadena solo puede tener tres eslabones: termina ahí.

R. Exactamente. Así que su potencial de contagio es relativo. De todas maneras, hay que tener en cuenta que sabemos poco sobre el virus Andes, porque se ha estudiado poco. Nunca habíamos visto cómo se comporta en un barco. Es una situación nueva.

P. Hace dos semanas, 30 personas que estaban en el barco se bajaron en la isla de Santa Elena y volvieron a sus casas. Cogieron aviones, hicieron vida normal. ¿Deberíamos estar preocupados?

R. Habría que reconstruir las cadenas de contacto y ver cuáles son las posibilidades de cada uno de los individuos de haber estado en contacto con un caso y analizar si deberían ser casos de más riesgo. Las autoridades sanitarias deberían estar al tanto para mantener la vigilancia. El periodo de incubación de esta enfermedad puede ser de hasta 45 días y esto hay que tenerlo en cuenta en cada paciente.

Fuente: https://elpais.com/ciencia/2026-05-08/gustavo-palacios-experto-en-hantavirus-este-patogeno-es-mas-virulento-y-puede-haber-contagios-en-cadenas.html

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