Tanto los socialistas como los ‘insumisos’ de Mélenchon piden dirigir el Gobierno

 ¿Quiénes son las siete figuras de la izquierda francesa?

El expresidente François Hollande, ayer, frente a la Asamblea Nacional, junto a los otros socialistas elegidos diputados | BERTRAND GUAY / AFP

EUSEBIO VAL / Corresponsal París / LA VANGUARDIA

La izquierda francesa, compuesta por varios partidos, quiere apretar el acelerador para sugerir cuanto antes un candidato a primer ministro, aunque las prisas hacen aflorar ya las disputas internas. El primer secretario del Partido Socialista (PS), Olivier Faure, se mostró dispuesto ayer a ocupar el cargo, e inmediatamente La Francia Insumisa (LFI), la componente más radical y con mayor número de diputados, reclamó el puesto para ella.

Los contactos se intensifican, a múltiples bandas, en busca de una fórmula de gobernabilidad que será compleja, frágil y provisional porque las elecciones anticipadas han dado una Asamblea Nacional sin una mayoría clara.

Los macronistas proponen una amplia alianza de derecha a izquierda que deje fuera a los extremos

En el bando gubernamental, el llamado “bloque central”, sobre el que se apoya el presidente Emmanuel Macron, se toman las cosas con calma y avisan de que la negociación puede ser larga, que el actual Gobierno podría seguir en funciones durante los Juegos Olímpicos de París, que se celebran entre el 26 de julio y el 11 de agosto, e incluso hasta la rentrée política de septiembre.

Paris (France), 07/07/2024.- A person waves a French flag as people react after the second round of the French legislative elections results at Place de la Republique in Paris, France, 07 July 2024. France voted in the second round of the legislative elections on 07 July. According to the first official results, the left-wing New Popular Front (Nouveau Front populaire, NFP) was ahead of President Macron's party and Le Pen's far-right National Rally (RN). (Elecciones, Francia) EFE/EPA/YOAN VALAT

Análisis

Francia en España

ENRIC JULIANA

En un artículo en Le Monde , el secretario general de Renacimiento, el partido macronista, y ministro de Asuntos Exteriores, Stéphane Séjourné, explicó su propuesta, que consistiría en construir un acuerdo sobre un programa de mínimos, para un periodo limitado (al menos, un año, pues antes la Constitución no permite nuevas elecciones), al que podría adherirse un arco muy amplio de partidos que incluiría a socialistas, comunistas, ecologistas, macronistas y miembros moderados de Los Republicanos (LR, derecha tradicional), así como a un puñado de diputados regionalistas y de otros pequeños grupos centristas e independientes. Quedarían excluidos los dos extremos: el Reagrupamiento Nacional (RN), de Marine Le Pen, y LFI, el grupo de Jean-Luc Mélenchon.

Según Séjourné, no tuvo ningún sentido que Mélenchon, ya en la noche electoral, dijera que el programa de la coalición de izquierdas, el Nuevo Frente Popular (NFP), debía aplicarse en su totalidad. El ministro de Exteriores recordó que el NFP solo cuenta con 182 escaños y que le faltan más de cien para la mayoría absoluta. “El NFP no está por encima de la democracia parlamentaria”, advirtió Séjourné.

El mismo mensaje lo han dado otras figuras del campo de Macron, entre ellos el veterano alcalde de Pau y líder del Movimiento Demócrata (MoDem), François Bayrou, socio de Macron desde el 2017.

¿En qué podría ponerse de acuerdo gente tan diversa, desde los comunistas hasta la derecha moderada? Según Séjourné, debería haber consenso sobre cuestiones básicas como el apoyo a la construcción europea y la ayuda a Ucrania en la guerra contra Rusia, un compromiso firme con el principio de la laicidad y la aceleración de la transición ecológica. También podría haber un acuerdo muy transversal sobre la reforma del sistema electoral, para pasar del actual modelo mayoritario a otro proporcional.

La política económica sería sin duda el ámbito más arduo para conciliar posturas. La izquierda exige abrogar la reforma de las pensiones, aumentar los impuestos y subir a 1.600 euros netos el salario mínimo. El centro macronista y la derecha se opondrán. No puede descartarse, en cambio, que se decidan algunas medidas simbólicas para la izquierda, como la reintroducción de un impuesto a las grandes fortunas, disposiciones para mejorar el poder adquisitivo de las clases más humildes y un programa para contentar a la Francia rural –gran reserva de votos de la extrema derecha-, por ejemplo tomándose más en serio el grave problema del desmantelamiento de estructuras sanitarias, los llamados “desiertos médicos”. La seguridad ciudadana también tendría que ser objeto de atención prioritaria, pues figura entre las grandes inquietudes del electorado que optó por el partido de Le Pen.

Esa alianza que están planteado los macronistas, con la bendición del Elíseo, no necesita forzosamente 289 diputados. Pueden ser muchos menos los que participen, siempre que haya otros que se comprometan a tolerar ese gobierno tan plural o al menos a no presentarle una moción de censura que volvería a sumir al país en la crisis. Quienes favorecen este escenario están atentos a la situación financiera y al crédito que Francia merece en los mercados. Hay urgencia por dar una imagen de sensatez y de estabilidad a pesar del embrollo político. La agencia Moody’s alertó ayer de los riesgos presupuestarios de echar atrás la reforma de las pensiones y de una relajación adicional del rigor financiero en un país ya muy endeudado.

Alarmado por las maniobras desde el Elíseo, el NFP lanzó una advertencia muy seria a Macron para que no escamotee lo que consideran un derecho de la izquierda a gobernar. En un comunicado señaló que eso sería “una tradición al espíritu de la Constitución y un golpe de fuerza democrático al que nos opondremos con todas nuestras fuerzas”.

Una de las paradojas de la actual situación es que el Reagrupamiento Nacional (RN), el partido con mayor representación en la nueva Asamblea Nacional, queda fuera de todas las negociaciones. No se le toma en cuenta para nada. En apenas dos semanas ha pasado de ser considerado capaz de obtener la mayoría absoluta a quedar apartado del debate.

Algunos políticos, también de la izquierda radical, avisan de que no hay que bajar la guardia ante la extrema derecha, ni mucho menos ignorar las preocupaciones de sus votantes. Entre ellos hay una evidente frustración. El frente republicano contra el RN, que se articuló con una alianza táctica de los macronistas y la izquierda para retirar candidatos y aunar fuerzas para batir a la extrema derecha, dio excelentes resultados. El problema es que distorsionó el peso final de unos y otros en el Parlamento. Las cifras oficiales de la segunda vuelta de las legislativas son elocuentes: el RN y sus aliados quedaron como tercera fuerza en escaños, a pesar de haber logrado tres millones más de votos que el Nuevo Frente Popular, el grupo con más diputados, y 3,5 millones más de sufragios que los macronistas, que quedaron segundos en cantidad de parlamentarios. Ese desfase se debe al sistema electoral mayoritario, que elige solo a un diputado por cada una de las 577 circunscripciones. La tenaza entre el macronismo y la izquierda ha impedido muchas victorias seguras del RN si se hubieran mantenido tres candidatos en liza en centenares de circunscripciones.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20240710/9793436/izquierda-francesa-divide.html

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