Manuel Marín Navarro, un profesor jubilado de Málaga, ha dedicado casi siete años de su vida a transcribir a mano ‘El Quijote’. Su monumental obra, escrita con caligrafía gótica, pesa 20 kilos y rinde tributo a Cervantes

Por J. García González / El Confidencial
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Manuel Marín Navarro, un conocido profesor de Dibujo retirado de Vélez-Málaga, ha logrado culminar la monumental tarea de copiar a mano todo El Quijote en caligrafía gótica, firmando una verdadera proeza artesanal tras invertir casi siete años enteros. La descomunal hazaña del docente malagueño no solo desafía la velocidad de los tiempos modernos marcados por las pantallas, sino que rinde un homenaje físico y emocional sin precedentes al clásico de Miguel de Cervantes, dando forma a un objeto artístico único que respira paciencia en cada uno de sus trazos.
Bajo el título de El Quixote Axárquico, esta obra manuscrita reúne un total de 344.000 palabras repartidas en 1.305 páginas de tamaño A3, las cuales se estructuran a lo largo de 85 cuadernillos. El volumen final roza los 20 kilos de peso entre papel de gran formato y litros de tinta china negra, acumulando la cifra de 2,1 millones de caracteres dibujados pacientemente uno a uno. Semejante ejercicio de disciplina ha exigido jornadas de entre siete y ocho horas diarias durante exactamente seis años, siete meses y 24 días, convirtiendo este empeño artesanal en el legado más ambicioso de su vida.
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Esta devoción de Marín Navarro, quien también cuenta con formación como ingeniero en Estructuras, se sustenta en una biblioteca privada de más de 4.000 volúmenes, donde custodia con celo cerca de 300 ediciones distintas de la novela cervantina. Entre sus piezas más queridas destaca una rareza en miniatura impresa en una sola hoja que requiere el uso de una potente lupa y otro tomo por el que llegó a pagar 6.000 euros en una subasta. Además, la iniciativa guarda un fuerte arraigo local con Vélez-Málaga, enclave andaluz que el propio Cervantes pisó en el verano de 1594 mientras trabajaba como recaudador de impuestos para la corona de Felipe II antes de dar con sus huesos en prisión.
Siete años de devoción caligráfica y un valor de un millón de euros
La gestación de este manuscrito siguió una metodología rigurosa que su propio autor califica abiertamente como “una locura”, añadiendo de inmediato que «Don Quijote es otra locura». Marín Navarro detalla el peculiar ritual que acompañó sus jornadas al sentarse frente al folio en blanco: “Pongo música del XVII, me meto dentro del personaje, leo primero el capítulo, me hago la idea y después empiezo a escribir. He disfrutado una barbaridad”. A lo largo de este extenso periplo en el que por momentos llegó a sentir que «era interminable», ha calculado que el tomo podría valorarse en «alrededor del millón de euros si se contara el trabajo de seis años y pico a ocho horas diarias», una cifra que responde a la equivalencia laboral del sueldo que habría percibido un copista medieval trasladado al mercado actual.
En lo respectivo a la factura técnica, el artesano tuvo que fabricar él mismo diez plumas de caña y metal para trazar la caligrafía gótica Textura, célebre por su densidad visual y sus ángulos marcados. El proceso requirió más de diez minutos por cada línea y una jornada entera de trabajo por carilla —después de dedicar una semana completa a ensayar la primera página—, rechazando el uso de correctores modernos y optando por raspar la tinta sobre el papel con una cuchilla bien afilada ante cualquier fallo. Ni siquiera el contagio por coronavirus durante el confinamiento logró frenar su ritmo entre fiebres, guardando celosamente la tela impregnada de tinta con la que limpiaba sus plumillas para confeccionar las guardas interiores del libro, un acabado repleto de manchas que el autor define como «arte abstracto, expresionismo abstracto«.
Frente a la inmediatez del mundo digital moderno, este inmenso manuscrito nos recuerda que la verdadera pasión artesanal es capaz de rozar la hermosa inmortalidad de los clásicos literarios
La imponente mole de papel requerirá la piel completa de una vaca para poder ser encuadernada por un especialista y albergará las ilustraciones de medio centenar de creadores locales de la comarca de la Axarquía. Marín Navarro prevé ceder este manuscrito original al Museo de Vélez-Málaga (MVVEL), ubicado en el antiguo Hospital San Juan de Dios, con la condición innegociable de que el Ayuntamiento impida su venta a fondos privados o su reproducción comercial para turistas, reservándose únicamente un facsímil para su biblioteca personal. Satisfecho tras asegurar que «Me lo he comido y bebido, lo he olido», el maestro malagueño resume el sentido de su viaje recordando que «El Quijote muestra la importancia de tener sueños, aunque parezcan imposibles y nos tachen de loco«, rematando su hazaña con una sencilla reflexión: «Me gustan El Quijote y la caligrafía y las he aunado».