El hallazgo de una agenda escrita por José Antonio rompe con la imagen tradicional que el franquismo forjó del político

Manuel P. Villatoro / ABC
Se sabe controvertido José Antonio Martín Otín (‘Petón’); es lo que tiene romper con mantras repetidos desde hace 90 años. Pero, para este periodista e investigador, la mejor vacuna contra los ataques de ‘hunos y hotros’ es la documentación veraz. Y la que trae esta primavera es inédita: un diario personal que el líder de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, empezó a escribir antes de ser detenido por las autoridades republicanas, en marzo de 1936, y que destruye los «lugares comunes» e «invenciones útiles» utilizados por ambos bandos. Ahí es nada. «¿Que si me preocupa generar controversia? Si quieren enfadarse, que lo hagan con él. Yo me limito a contextualizar sus palabras», desvela a ABC.
Esas «palabras» a las que se refiere Martín son unas «páginas escritas con una letra minúscula» en una libreta igual de pequeña, «poco más grande que una caja de cerillas». Unas pocas hojas con mucha enjundia en las que Primo de Rivera plasmó sus pensamientos más íntimos y que el autor desvela en su nuevo ensayo: ‘Diario secreto de José Antonio’ (Espasa). «Después de leerla queda clarísimo que la Falange no participó en la organización del golpe de Estado, como siempre se ha dicho. Franco no la invitó», señala. Aunque esa es solo la punta de un iceberg muy profundo. También demuestra que el político ofreció al gobierno organizar una asonada que garantizara la continuidad de la República o que pasó por una suerte de depresión en la cárcel de Alicante.
Martín dispara respuestas cual fusil de asalto, ofrece datos concienzudos y repite conceptos como documentación inédita. «El libro no incluye solo la agenda. También he descubierto material desconocido como una carta en la que Andrés de la Cuerda, su secretario personal, admitía que la derecha quería ‘liquidar’ a Primo de Rivera a mediados de los treinta», añade. Todo le vale a Martín para derribar la imagen que franquistas y republicanos forjaron sobre el líder de Falange. Los primeros, idealizándole cual santo que defendió a ultranza el golpe de Estado desde el principio; los segundos, simplificando sus postulados para demonizarle.
Noticia relacionada
Dice el autor que esta historia comenzó cuando se topó con el gran tesoro: «Lo encontré dentro de la maleta privada de José Antonio. Estaba oculto, bajo unas carpetas». Otros tantos lo habían tenido en sus manos; algunos, conocedores del tema. Pero la letra, minúscula y engorrosa, no había permitido su transcripción hasta ahora. La libreta, con tapas «de piel de cocodrilo» y una sencilla inscripción –’Agenda Juris‘–, había sido «un regalo navideño del Colegio de Abogados a sus miembros». Primo de Rivera, líder de la Falange desde la creación del partido en 1933, rellenó un mínimo de 24 hojas, aunque Martín apunta que otras tantas fueron arrancadas con el paso de los años.
Fue el domingo 1 de marzo de 1936, cinco meses antes del estallido del golpe de Estado liderado por Francisco Franco, cuando Primo de Rivera hizo la primera anotación en la Agenda Juris. «Durante varios días, se limitó a apuntar las reuniones que tenía», explica Martín. Por sus páginas aparecen personajes como Leopoldo Panizo –al frente de la Quinta Columna– o el monárquico conde de Ruiseñada. El 13 de ese mismo mes, sin embargo, la convirtió en una suerte de pequeño diario al redactar los pormenores de su día: «Pereza por la mañana. Telefoneé a Araoz, que no podía ir a verle, que iría mañana. Infinidad de visitas y ajetreo». Se arrancó a escribir, sin saberlo, tan solo una jornada antes de que lo detuvieran.
Independiente y casanova
Esa primera anotación destruye uno de los grandes mitos sobre el personaje. Martín defiende que, hasta ahora, siempre se había afirmado que Primo de Rivera «había llegado a un acuerdo con los católicos, los tradicionalistas, los monárquicos y los independientes» para organizar un Frente Nacional Universitario de la mano de la rama estudiantil de la Falange: el SEU (Sindicato Español Universitario). La realidad es que, aunque aquel 13 de marzo se reunió con los representantes de todos aquellos grupos, no se llegó a ningún pacto: «Los católicos quieren un triunvirato, o cosas así. Yo les aconsejo un cuerpo, incluso deliberadamente, pero mando único en lo ejecutivo. La cosa queda para principio del curso próximo».
«¿Qué pensará mañana de mí? Le digo que nuestra amistad necesitaba esta prueba: la de que ella me conozca en mi aspecto peor para que no sea un afecto nutrido de fantasía. Ahora estamos unidos por la humildad de haber caído juntos en la misma flaqueza»
José Antonio Primo de Rivera
La teoría del pacto tuvo resonancia en el futuro. Según afirma Martín, fue enarbolada por Franco tras la muerte de Primo de Rivera para unificar en abril de 1937 a la Falange Española con la carlista Comunión Tradicionalista. «La realidad es que fueron el resto de grupos los que aceptaron unirse al SEU, pero José Antonio no les necesitaba porque su sindicato era ya mayoritario en las universidades». Las páginas, defiende, demuestran que «dio una patada hacia delante» y «que no tenía prisa por dar el siguiente paso».
La anotación del 13 de marzo desvela también que Primo de Rivera no era el santo asexual que quiso transmitir el franquismo. Al final de la jornada, el político escribió que se escabulló de su escolta para acostarse con una chica a la que solo llamó ‘I’. El líder de la Falange, católico hasta el extremo, sintió después una «infinita vergüenza» por lo sucedido. «Ella, vertical, ¿qué pensará mañana de mí? Le digo humildemente que nuestra amistad necesitaba esta prueba: la de que ella me conozca en mi aspecto peor para que no sea un afecto nutrido de fantasía. Ahora estamos unidos por la humildad de haber caído juntos en la misma flaqueza», plasmó.
No fue la única aventura íntima que narró en aquellas diminutas páginas. En las semanas posteriores a ser detenido el 14 de marzo, Primo de Rivera se carteó con Elizabeth Asquith. «Fue un romance adúltero porque ella estaba casada», defiende el autor. Ese era el hombre tras el mito.
A muchas bandas
Las anotaciones sorprenden. Una de ellas demuestra que, antes de entrar en prisión, Primo de Rivera puso a disposición del entonces presidente del Consejo de Ministros, el anciano Manuel Portela Valladares, a la Falange para perpetrar una asonada que apuntalara el régimen republicano. Sus objetivos eran acabar por las bravas con la quema de conventos que se había generalizado aquellos días y restablecer el orden. «Él defendía la dictadura nacional republicana. Pero el ‘viejo’, como llamaba en la agenda al político centrista, se negó en rotundo. Es curioso pero, a la larga, aquello habría evitado la Guerra Civil», finaliza Martín.
Igual de llamativas son las páginas en las que Primo de Rivera, ya desde la cárcel, arremetió en marzo de 1936 contra la derecha más conservadora por contar con su partido para acabar con el gobierno. «Toda la mañana ha estado llena de rumores. Que si Azaña se propone entregar el poder a los socialistas después de las elecciones municipales como acatamiento al triunfo que los socialistas obtendrían y que si, para evitarlo, se prepara un golpe de Estado; dos golpes de Estado; tres golpes de Estado. Que si todos piensan contar con la Falange, y siempre como fuerza de choque, los muy cerdos», escribió.

Según Martín, Primo de Rivera estaba convencido de que los golpes de Estado que se pergeñaban no eran serios. Incluso mantiene que, tras leer las anotaciones de la agenda, queda claro que el político desconocía que un grupo de generales se iban a alzar en el verano de 1936: «La presencia de la Falange en la organización fue inexistente. Los militares fueron muy discretos y no contaron con ella hasta junio. José Antonio se indignó al saberlo y se resistió a participar porque querían usarlos como fuerza de choque». Solo aceptó unir a sus correligionarios a la sublevación a partir de la segunda quincena de julio. «Hay que recordar que la República lo fusiló por organizar el golpe, y lo cierto es que no lo hizo», completa.
- Un autor entre dos aguasJosé Antonio Martín Otín, más conocido como Petón, es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Su vida profesional está a medio camino entre la historia y los deportes. Fue director de varias emisoras de radio en la cadena SER y en Heraldo de Aragón y director de productoras en A3 Media. Además, en la actualidad es tertuliano de El Chiringuito de Jugones. A la par, se ha dedicado a escribir ensayos como ‘La Generación del 27’ o ‘José Antonio Primo de Rivera’, donde desvela la relación sentimental del joven político con Elizabeth Asquith.
En este sentido, el autor defiende que el supuesto manifiesto en el que Primo de Rivera llamaba a sus hombres a unirse al golpe de Estado el 17 de julio fue una falsificación que Franco utilizó años después para acercarse a la Falange. Y es que, en la práctica, la relación entre ambos era pésima. «Se aborrecían, no había conexión entre ellos porque eran muy diferentes a nivel ideológico. Pero están en el mismo cajetín de la historia porque Franco se esforzó para que así fuera. Le interesaba mucho», afirma el autor.
«Franco y Primo de Rivera se aborrecían, no había conexión entre ellos porque eran muy diferentes a nivel ideológico»
José Antonio Martín Otín
El último mito que destruye esta agenda es el que muestra a Primo de Rivera como un héroe de hielo que no se amilanó durante su estancia en prisión. Hasta que fue ejecutado el 20 de noviembre de 1936, el líder de la Falange recogió en aquellas páginas sus miedos y sus padecimientos. «Demuestra la humanidad del personaje. Desde la cárcel escribió que luchaba por dominar y estabilizar sus vaivenes de euforia y depresión. Tenía esa tendencia, lo sabía e intentaba contenerla», sentencia Martín. Según el autor, que José Antonio mostrara sus debilidades y se preparara psicológicamente para el día a día entre rejas «pone de manifiesto su inteligencia y su sensibilidad».
Fuente: https://www.abc.es/historia/diario-secreto-primo-rivera-destruye-mil-mentiras-20260324041016-nt.html