
El Papa León XIV visitó este martes la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona, donde fue recibido por numerosos fieles que se congregaron a lo largo del recorrido. | Crédito: Daniel Ibáñez – EWTN News
Por Victoria Cardiel / ACI Prensa
León XIV dedicó la mañana de este martes en Madrid a agradecer el trabajo de los miles de voluntarios que han hecho posible la organización de su viaje apostólico a España y puso rumbo a Barcelona para tocar los vestigios milenarios de la arraigada fe cristiana en España.
En la Catedral barcelonesa de la Santa Cruz y Santa Eulalia, cuya construcción comenzó a finales del siglo XIII sobre templos paleocristianos y románicos, convirtiéndose un siglo después en una de las joyas más importantes del gótico europeo, rezó la hora sexta junto a unos 500 fieles.
Cientos de personas más le esperaban a las puertas del templo para demostrarle su cariño, muchos con banderas del Vaticano.

La gente vibró con su llegada. El Pontífice iba acompañado por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, quien realizó un gesto con las manos para indicar a las personas que aguardaban en el exterior que el Papa debía marcharse. El avión había aterrizado en la ciudad condal con un retraso de 40 minutos.
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Durante la ceremonia, el Papa se sentó en la silla más antigua — cátedra, es decir, el asiento del obispo— de la ciudad que sigue manteniendo su uso, como mínimo, desde la consagración de 1058, según ha demostrado una reciente investigación.
“En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos se ‘mártires’ es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias”, señaló León XIV en la homilía, en la que pronunció, por primera vez, varias frases en catalán, lengua propia de Cataluña, cooficial con el castellano, y principal idioma de la administración autonómica.

Símbolo de la identidad cultural catalana, en los últimos días se ha abierto un debate público en Cataluña sobre el idioma que emplearía el Pontífice durante los actos previstos en Barcelona.
La controversia se intensificó después de que trascendiera que la bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia —uno de los momentos centrales de la visita— se desarrollaría principalmente en castellano.
En el Congreso de los Diputados, donde el Papa pronunció un discurso inédito este lunes, la parlamentaria de Junts per Catalunya, Miriam Nogueras, le pidió que hablase catalán.
“Es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día”, aseguró el Pontífice, que alternó el catalán y el español en la homilía.
León XIV citó dos discursos de su predecesor, el Papa Francisco, que si bien nunca visitó España, tuvo varios mensajes de cariño hacia el país.

Con motivo de la inauguración de la torre de la Virgen María de la basílica de la Sagrada Familia, el 8 diciembre 2021, mandó un mensaje, como recordó León XIV, en el que señaló que la Iglesia “es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor”.
Un año después, el Papa argentino repitió a los seminaristas de la Archidiócesis de Barcelona, peregrinos en Roma: “No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón”.
El Papa estructuró su homilía en torno a la figura de la Iglesia Católica como esposa amada y Cuerpo, todos miembros de un único organismo.
Es el Espíritu quien “como partes de una única estructura viva, nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza”, dijo el Santo Padre.
Como en un cuerpo, continuó, “también entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta”.

Así, apeló a las distintas imágenes con las que se puede “ilustrar la variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros” pero con un mismo mensaje.
“En la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos”, aseguró.
Al llegar, León XIV fue recibido por el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella. Tras la bendición, le dirigió a la capilla del Santísimo para una breve oración personal.
De camino hacia el altar, el Papa pasó junto a la pila bautismal, que fue construida en 1433. Fue en ese baptisterio donde los primeros seis indios de América traídos por Cristóbal Colón recibieron el sacramento de entrada a la Iglesia, tal y como recuerda una lápida situada en la capilla.
Todo ello forma parte de la historia de la Catedral, que hereda una tradición de culto en este lugar de Barcelona que se remonta al siglo IV.
Lo último que hizo León XIV fue bajar a la cripta, donde se encuentra el sepulcro de la mártir romana Santa Eulalia, copatrona de Barcelona.
Antes de su martirio, la joven se dedicaba a pastorear ocas. Por ello, en el claustro de la catedral se guardan actualmente 13 ocas en honor a la santa, por sus 13 martirios y la edad con la que murió por el Señor.
El Pontífice también habló de “tantos otros mártires” y llamó a responder “nuestro ‘sí’, dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre”.
Al despedirse de la multitud a la entrada de la catedral, León XIV tuvo un último guiño a la lengua catalana: “Adéu siau!”