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Tansy E. Hoskins, autora de ‘Manual anticapitalista de la moda’: «Usar la ropa una vez y tirarla es una forma terrible de interactuar con el mundo y también contigo misma» | Yo Dona

La periodista británica Tansy E. Hoskins denuncia en su libro todos los ‘lados oscuros’ de la industria de la moda, desde las condiciones infrahumanas de fabricación en países como Bangladés a la tiranía de los modelos de belleza, el consumismo como un trastorno ‘obsesivo posesivo’ o el racismo que aún campa a sus anchas, dice, en la industria.

La periodista Tansy E. Hoskins, autora de ‘Manual anticapitalista de la moda’. FOTO GENTILEZA CAPITÁN SWING

La portada de la primera edición en español de este libro, de 2017, está ilustrada con dos caras que se funden verticalmente, las de Karl Lagerfeld y Karl Marx, dejando al lector pocas dudas sobre lo que va a encontrar dentro del volumen: un análisis desde el pensamiento de izquierdas de la industria de la moda, donde esta se presenta como «la hija favorita del capitalismo» (una frase que se atribuye erróneamente a Marx, cuando en realidad es del economista alemán Werner Sombart).

Manual anticapitalista de la moda se escribe, en gran medida, desde la perspectiva de quienes no suelen ser sus protagonistas: sus víctimas. Y no sólo las que trabajan en condiciones pésimas, a veces cercanas a la esclavitud, en países como Bangladés (de hecho, el libro arranca con las 1.134 personas muertas y las 2.437 heridas del derrumbe del edificio de ocho plantas Rana Plaza, en Daca, el 24 de abril de 2013). También otras que cuesta más percibir a simple vista pero que ahí están, como las modelos que llevan sus cuerpos al extremo o las mujeres de todo el mundo que infructuosamente tratan de alcanzar los ideales de belleza imperantes.

Ese libro, que la periodista británica Tansy E. Hoskins publicó antes de la pandemia de coronavirus reaparece ahora, revisado y ampliado (en España por la editorial Capitán Swing), y es la respuesta a una necesidad: la de saber. Por ejemplo, qué hay detrás de la llamada moda rápida o por qué el sistema de producción actual es insostenible. Vamos: que nos exhorta a ser consumidores conscientes. Hoskins no pretende que dejemos de comprar ropa, o que dejemos de interesarnos por ella. Pretende que abramos los ojos. Incluso nos invita a recuperar una relación más íntima y emocional con nuestras prendas de vestir. Su libro es tan nutritivo que inevitablemente resulta transformador, te guste o no lo que en él se cuenta. Y sí, se atreve a hablar mal del capitalismo, una práctica casi de riesgo en nuestra época y lugar. Hoskins no se anda con sutilezas. «Actualmente, la moda sirve para mantener anclado en su sitio un sistema de sometimiento, para restringir y controlar a la población y para desviar la atención de la desigualdad y la crisis», suelta ya en la introducción. Y de ahí, para arriba.

PREGUNTA: Tu libro es por un lado ‘refrescante’ y por otro te hace llorar cada dos por tres. ¿Qué ocurrió entre 2017 y 2025 para que decidieras retomarlo y ampliarlo?

RESPUESTA: Había pasado suficiente tiempo y ocurrido muchas cosas. Llegó la pandemia y tuvo un gran impacto sobre los trabajadores textiles. Se suponía que la catástrofe del Rana Plaza marcaría el momento en que la industria de la moda cambiaría y se convertiría en una industria solidaria, donde se cuidaría a la gente, pero la pandemia demostró que no era así en absoluto. Eso fue importante. Por otra parte, el panorama de las redes sociales había cambiado mucho… y, sí, sentí que era hora de revisitar el libro.

P: El título ya es ‘provocador’, para los tiempos que vivimos, cuando cualquier cosa que se apellide ‘anticapitalista’, sea lo que sea, es el mal. ¿Crees posible romper esa dinámica?

R: Las cosas pueden cambiar mucho más deprisa de lo que uno cree. Uno de los acontecimientos más interesantes que han sucedido recientemente en la industria textil fue el año pasado, cuando se produjo una revolución en Bangladesh, el segundo mayor país productor de prendas de vestir. Los jóvenes se rebelaron y el primer ministro se vio obligado a huir. Ahora tienen un gobierno diferente y se están implementando cambios para los trabajadores textiles. Fue una sorpresa, una conmoción. También creo que la industria de la moda va a cambiar. Las cadenas de suministro son hoy tan globales que atraviesan numerosos puntos críticos y difíciles, tanto como los recursos que utilizan, la energía, el agua, el clima, el transporte… Si nada cambia, dentro de 20 o 30 años esas cadenas de suministro no serán viables; no se podrá producir ropa como ahora, miles de millones de unidades. Por lo tanto, o tenemos un cambio negativo en el que la moda nos lleva al abismo con su continua irresponsabilidad o podemos decidir colectivamente que queremos hacer las cosas de manera diferente, vivir en armonía con el planeta y que todas las personas que forman nuestra comunidad global reciban una remuneración justa.

P: Por ejemplo, ¿esas leyes, como la francesa aprobada este mismo año que castiga la moda rápida, realmente llevan a algo o son pura fachada?

R: Sí, lo son. O sea, estoy a favor de que haya algún tipo de legislación en la industria de la moda. El problema es que en los últimos 20 años ha habido un enorme aumento del poder corporativo y ningún tipo de legislación que lo controle. De ahí estos intentos de pedirle a las marcas que actúen con mayor responsabilidad. Pero obviamente no es suficiente. Además, ya sabemos lo buenas que son las marcas presionando y convenciendo a los gobiernos nacionales, a la Comisión Europea, etc., de que suavicen la legislación.

P: ¿No crees que, a pesar del creciente número de voces que denuncian la moda rápida esto no está calando en la población general?

R: Creo que ahora más gente que nunca se preocupa, y con mucha pasión, por el origen de su ropa, quién la fabricó o qué químicos contiene. Así que, definitivamente, sí, hoy más gente que nunca se preocupa por estos temas. Pero también es muy difícil llegar más lejos porque, en muchos sentidos, la vida de las personas se está volviendo más difícil.Y la moda siempre se considera un capricho, algo que te hace sentir mejor y mejorar tu posición social, incluso cuando la realidad material de tu vida empeora. La gente todavía ve la moda como una especie de droga.

P: Sí, te iba a preguntar precisamente sobre eso, sobre si nos hemos convertido en adictos a la ropa… En el libro escribes incluso que sufrimos con ella un trastorno «posesivo compulsivo».

R:  La gente a menudo no tiene dinero para comprar ropa más cara, más ética, más orgánica. Sus opciones son muy limitadas, por eso terminan comprando cosas que no les convienen. Si queremos que la gente deje de consumir así necesitamos una sociedad diferente que no se centre tanto en el consumo.

P: ¿No crees que Instagram, entre las redes, tiene una gran responsabilidad en la situación? Porque nos cambiamos de ropa a diario porque necesitamos una foto diferente a diario. Me parece que no se habla lo suficiente sobre este tema…

R:  Personalmente creo que el mundo sería mejor si no existiera Instagram. Sin duda, fomenta el consumo excesivo. Y, ya sabes, empuja a la gente a una mentalidad celebrity donde tienes que tener un atuendo nuevo para cada post. Y eso es una locura. Ésa no es una forma emocionalmente satisfactoria de tener ropa. Necesitas conectar con esa ropa. Necesitas llenarla de recuerdos e historias y dejar que te acompañe a lo largo de la vida. Usarla una vez y tirarla es una forma terrible de interactuar con el mundo y también contigo mismo.

P: Tu libro es un muestrario del lado más oscuro de la moda. ¿Qué es lo más oscuro para ti?

R:  El trato que reciben las mujeres jóvenes en la industria de la moda, y en particular en las fábricas textiles. Creo que la violencia de género y sexual es sobre lo que más me cuesta investigar, escribir y hablar. Pero es algo que la gente desconoce, así que hay que hacerlo, hablar de ello.

P: Supongo que el advenimiento de la Inteligencia Artificial traerá también asociados nuevos riesgos en el sector de la moda…

R:  Yo ya estoy muy preocupada por los modelos generados artificialmente que estamos viendo, tanto por un problema de derechos laborales (los modelos reales están perdiendo su trabajo) como el impacto que puede tener en nosotros ver cuerpos y rostros artificiales y que te digan que eso es lo bello. Una vez más, la tecnología al servicio de los multimillonarios, no de las personas o del planeta.

P: A ti te gusta la ropa, lo dices en el libro. ¿Cómo ha cambiado escribir este libro tu relación con ella?

R:  En primer lugar, ya nadie quiere hablar conmigo de ropa, especialmente mis amigos, que lo evitan. Me ocultan cosas como dónde se han comprado la ropa. Escribir el libro también me ha inspirado mucho. Había muchas cosas que desconocía sobre el arte de confeccionar y diseñar ropa. He conocido a mucha gente interesante, diseñadores maravillosos y personas que experimentan con materiales extraños… Así que, sí, definitivamente ha sido emocionante. Y sí, ha cambiado las cosas.

P: En el último capítulo del libro hablas de revolución. De revolucionar la moda. Pero ¿cómo podemos revolucionar la moda si antes no revolucionamos todo lo que la sostiene?

R:  Yo creo que necesitamos un cambio social masivo. Como vivimos en una sociedad que prioriza el consumismo, a veces decimos que el consumidor es el rey. Pero en realidad, el consumo es el rey. Y todos nos estamos sometiendo al consumo. Todo gira en torno a la competencia, conseguir más para consumir más. Yo creo que necesitamos una nueva sociedad donde las personas se sientan seguras y protegidas. Y que no tengan que competir constantemente. Y eso contribuiría en gran medida a frenar o ralentizar el consumo de ropa y permitir el volver a disfrutarla. Así que sí, necesitamos cambiar la sociedad. Pero, repito, Bangladesh nos está mostrando cómo se hace. Literalmente lograron una revolución y derrocar a su gobierno el año pasado. Es increíble. Un cambio social rapidísimo.

P: También afirmas que la clave para las mujeres está en la libertad de elección. Pero es que esa libertad a la hora de elegir es muchas veces pura ficción. Uno está muy condicionado cuando elige la ropa con la que se cubre: por la religión, la ideología, el dictado de la moda, el estatus, la presión social…

R:  Esta es otra razón por la que todavía me gusta escribir sobre moda: mis esperanzas para el futuro y mi capacidad de imaginar una sociedad donde realmente podamos usar lo que queramos, donde la vestimenta no esté definida por la clase y el género y donde puedas expresar con la ropa, libremente, lo que quieras. A medida que la sociedad se polariza, como sucede en la actualidad, la vestimenta se vuelve más limitada, lo cual no es nada bueno. De repente se ha vuelto más peligroso que la gente use ropa que la diferencie, lo cual es terrible. Soy una firme defensora de la libertad de expresión individual, de que la gente pueda vestir como quiera, y ahora mismo no tenemos eso.

P: Definitivamente, ¿la moda es política?

R:  Todo en la moda es político. El material de la ropa, los químicos, el petróleo, el lugar donde se fabrica, etc., son temas profundamente políticos. Y después: ¿quién decide qué es la moda? Esa es una cuestión política.

Fuente: https://www.elmundo.es/yodona/moda/2025/09/16/68c7cc11e85ece2d468b456e.html

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