Los Periodistas

Susan Faludi: «Encomendar el feminismo a Taylor Swift o a Beyoncé nos hace un flaco favor. El ‘marketing’ sirve para hacer dinero pero no libera a nadie» | La Lectura

La periodista estadounidense reedita en España Backlash, un libro profético publicado en 1991 en el que analizaba la reacción ultra a los avances feministas: «En los 80, al menos fingían preocuparse por las mujeres. Ahora todo es cruel y repugnante»

Madrid

Un buen día de 2004, un email cambió para siempre la vida de Susan Faludi (Nueva York, 1959). Su padre de 76 años, al que hacía dos décadas que no veía, le anunciaba que se había sometido a una operación de cambio de sexo en Tailandia y que ya no se llamaba Steven, sino Stephanie: «Querida Susan, tengo una noticia interesante para ti: he decidido que me he hartado de fingir ser el hombre agresivo y machista que nunca he sido en mi interior».

El hombre que la había aterrorizado de niña, el que había abandonado la casa familiar escoltado por la policía después de varios episodios violentos, había descubierto su lado femenino. «Pensé que tal vez mi padre se estuviera convirtiendo en feminista», recuerda ahora por videollamada desde su casa en Cambridge (Massachusetts) la galardonada periodista que se especializó en feminismo, ella sí, impulsada por su vivencia infantil. «Como todos, siguió siendo la misma persona hasta el final, pero sí se abrió un poco después de enfrentarse a las cuestiones de género. No sé si aquello me dio esperanzas para la humanidad en general, pero sí me dio cierta esperanza personal que un hombre estereotípicamente machista estuviera dispuesto a escuchar. En estos momentos oscuros, me conformaría con eso», dice.

Aquella fue la primera gran paradoja de su vida. La segunda sería menos feliz.


Para saber más

Paris (France), 15/06/2020.- French author Leila Slimani poses for photographs during an interview, in Paris, France, 15 June 2020 (issued 16 June 2020). Slimani who won the Goncourt Literary Prize 2016 for her book ‘Chanson douce’, just released in France ‘Le pays des autres’, the first part of a trilogy about a Franco-Moroccan family over the past 70 years. (Francia) EFE/EPA/CHRISTOPHE PETIT TESSON

Leila Slimani. 

«Desde los atentados de 2015 en Bataclán Francia es un país traumatizado y a la deriva»

  • Redacción:ANDRÉS SEOANE

Vanessa Springora. 

«Hay una conexión natural entre el depredador sexual y el fascista»

  • Redacción: SARA POLO Madrid

Muy a su pesar, el primer gran éxito de Faludi fue profético. La periodista neoyorquina que hasta entonces firmaba artículos en los principales periódicos de su país publicó en 1991 un extensísimo análisis que se convertiría en un clásico del feminismo. Backlash(Reacción) desmenuzaba, punto por punto, cómo los medios, la política, la justicia, la economía y la cultura estadounidenses, en general, se revolvieron en los 80 contra los avances en derechos que las mujeres habían conseguido en la década anterior. Pero a grandes rasgos podría estar hablando de la América de Donald Trump. La editorial Península reedita este mes en España aquel manual con un subtítulo que ya avanza que el texto está más de actualidad que nunca: La reacción ultra contra el avance del feminismo.

PREGUNTA: Han pasado casi 35 años desde que publicó Backlash, y sus postulados están aún de plena actualidad. ¿Qué reacción le resulta más aterradora: aquella o esta?

RESPUESTA: El backlash de los 80 fue tan sutil que pude escribir un libro entero sobre él. Y la gente se sorprendió: «¿En serio esto está pasando?». Aquello había que descubrirlo pero ahora no hay nada que descubrir. Es un ataque frontal, descarado. Es repugnante. Es cruel. El anterior backlash al menos fingía cierta simpatía por las mujeres. Decía: «Pobrecitas, el feminismo os ha hecho cosas terribles. Os centrasteis en triunfar en vuestra carrera y ahí estáis, sin poder encontrar un hombre ni quedaros embarazadas, permanentemente al borde de la crisis nerviosa. Pero tranquilas, estamos aquí para ayudaros». No hay nada discreto en el ataque que estamos sufriendo ahora, el que está privando a las mujeres de sus derechos reproductivos básicos, el que está expulsando a las mujeres del mercado laboral. Ha perseguido cada ley, cada política, cada agencia creada para servir a los derechos de las mujeres. Ha llenado el Gobierno de Estados Unidos de presuntos abusadores, violadores y maltratadores de esposas. ¡Un investigado por tráfico sexual casi se convierte en nuestro Fiscal General! Hay quien ha sugerido, incluso, que se revoque el derecho al voto de las mujeres. Esto no es un ataque a los avances del feminismo, es un ataque a las mujeres. Punto.

P: El feminismo ha sido declarado muerto muchas veces en la historia. Si lo integramos en el movimiento progresista, ese que la derecha denomina woke, ¿cree, como afirma Trump, que esta vez sí, ha muerto?

R: El feminismo nunca ha formado parte del movimiento woke. Ese es un término que la derecha usa como arma, son expertos en convertir en armas los preceptos básicos, no hay más que ver lo que están haciendo con la libertad de expresión. Desafortunadamente, de este lado no se nos da tan bien. El feminismo, al menos mi feminismo y el que creo que la mayoría de las mujeres desean para sí mismas, trata de un derecho básico, de poder asumir plena responsabilidad como adultas en la vida pública y contribuir a la sociedad. Creo que todo ese discurso sobre el wokismo ha distraído la atención y fragmentado con toda la intención un movimiento que tiene sentido para la gran mayoría de la población cuando se explica con claridad.

P: En cualquier caso, si ponemos el foco en la cuarta ola del feminismo, ¿podemos considerar que ha terminado, que estamos en un cambio de ciclo?

R: Estamos claramente en un momento de parálisis y de miedo, tratando de encontrar un equilibrio. Pero no estoy muy segura de que inventarse esas olas resulte útil. Para empezar, esa idea de que el feminismo tiene que reinventarse cada 30 años da lugar a un movimiento sin historia. Si hay que derribarlo todo y reconstruirlo en cada generación, ¿cómo acumulamos todo el trabajo que vamos haciendo? Es paradójico: a partir de 2020 el feminismo se ha puesto más de moda que nunca, pero las condiciones de las mujeres no han dejado de empeorar, y no creo que ese feminismo popular haya abordado el problema directamente. Por un lado, la crisis de 2008 dejó a muchas mujeres en condiciones económicas mucho más precarias. Y por otro, este feminismo se ha basado en si Taylor Swift dice que es feminista, en si Beyoncé canta con un cartel feminista detrás, en el movimiento Lean In, centrado en las mujeres ejecutivas que no representan más que al 1%… Al ignorar las necesidades básicas de las mujeres, el feminismo se ha hecho un flaco favor a sí mismo. Se ha politizado su significado profundo y se ha centrado en la identidad personal, en las elecciones personales, en lugar de en derechos políticos básicos.

«Lo que hace el gobierno de Trump no es un ataque a los avances del feminismo, es un ataque a las mujeres. Punto»

Fue a ver la película de Barbie con una reportera de The New York Times

Las cosas que hace una… [se ríe]

P: ¿No cree que fenómenos así tengan algo positivo, aparte de crear bonitos eslóganes para camisetas?

R: Nuestra sociedad no se resiste a mercantilizar todo lo que nos cae en las manos, y francamente, no creo que tenga nada de malo. No hay nada malo en disfrutar de una película como Barbie. No hay nada malo en que nos guste la moda. El placer forma parte de la experiencia humana, pero no debe convertirse en un sustituto de los esfuerzos políticos reales. Las sufragistas también vendieron muñecas Kewpie y fajas y pins. Está bien usar el marketing para popularizar un fin político, el problema llega cuando la cultura pop y el consumismo se convierten en solución en lugar de en herramienta. Creo que ahí es donde nos hemos confundido. Eso son formas de ganar dinero, nunca te van a liberar. Parece de sentido común pero, desafortunadamente, necesitamos que nos lo recuerden de vez en cuando.

P: En España el feminismo ha llegado al seno del Gobierno. En su opinión, ¿es positivo que el movimiento llegue a las instituciones y se politice, o sería preferible que se mantuviera fuera del sistema?

R: Es esencial que el feminismo trabaje desde dentro y desde fuera del poder, y que lo haga bien. Creo que es un gran error aspirar a la pureza política o ideológica. Las mujeres nunca saldrán adelante sin representación política. Mira lo que está pasando en Estados Unidos . ¿Qué es lo primero que hizo Trump al llegar a la Casa Blanca? Derribar la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo. La vaciaron de personal y sustituyeron a cualquiera que se preocupara por los derechos de las mujeres por un misógino. Y eso lo están haciendo extensible a toda su Administración por una razón: es profundamente efectivo para sus propósitos. Tenéis suerte de tener un Ministerio de Igualdad.

P: Sin embargo, esa institucionalización también ha llevado al Gobierno la división interna del feminismo en relación con la cuestión trans. ¿Qué parte de culpa tiene esta guerra interna en la debilidad del movimiento?

R:  Deberíamos haber aprendido ya cómo funciona. La derecha siempre ha acosado a la izquierda con el método de dividir y conquistar. Lo hizo enfrentando a las mujeres trabajadoras con las amas de casa, a las madres con las que no lo eran, a las negras con las blancas. Es fácil avivar esas divisiones. Escribí un libro entero sobre la transición de mi padre, soy muy consciente de las sutilezas del asunto y odio cómo se ha convertido en una batalla de transincluyentes contra tránsfobas insultándose y acusándose mutuamente de intolerancia. Así no vamos a llegar a ninguna parte. Necesitamos una conversación respetuosa y reconocer que, aunque tenemos necesidades contradictorias, también tenemos muchos puntos en común. Los problemas de género nos perjudican a todas. No hay nada que ganar y sí muchísimo que perder, sobre todo cuando algunas feministas se alinean con la derecha. Eso solo conduce al desastre. ¿Por qué caemos en la misma trampa una y otra vez?

«Hay que detener nuestra hemorragia interna, la actual guerra entre feministas la ha provocado la derecha. ¿Por qué caemos en la misma trampa una y otra vez?»

P: ¿Por qué? ¿Tiene una respuesta?

R: Uy, eso daría para otro libro entero. Creo que es más fácil luchar contra el enemigo cercano o definir a las personas cercanas como el enemigo. El monstruo de ahí afuera es tan grande y tan difuso, tan difícil de descifrar, sobre todo ahora que la derecha está en auge en todo el mundo, que es más fácil, simplemente, girarse y arañar a tu compañera de al lado. Ahora más que nunca deberíamos concentrarnos y dejar de mirar hacia adentro. Hay que detener esta hemorragia interna.

P: Tras la primera victoria de Trump se produjo una abrumadora respuesta de las mujeres, con grandes manifestaciones por todo Estados Unidos. Sin embargo, su segundo advenimiento casi no ha tenido contestación femenina en la calle. ¿Es el agotamiento el peor enemigo del movimiento feminista?

R: La primera vez que Trump llegó a presidente estábamos todas en shock. No nos lo podíamos creer y supongo que muchos pensamos que había sido un hecho aislado y que no volvería a ocurrir. Ahora estamos ya muy lejos de todo aquello y creo que parte del problema es que muchas de las herramientas que la izquierda ha usado históricamente no están funcionando. La parálisis responde, simplemente, a que nadie tiene ni idea de qué se puede hacer, de qué puede funcionar en este nuevo mundo. Tampoco debemos olvidar que la derecha ha llegado al poder gracias a un trabajo metódico y prolongado, ascendiendo desde las juntas escolares y los ayuntamientos hasta el Tribunal Supremo, el Congreso y la Casa Blanca. Las feministas debemos estar dispuestas a hacer una apuesta de futuro. El sufragio femenino en EEUU tardó en llegar 80 años, los grandes cambios no se consiguen de la noche a la mañana.

P: ¿Es optimista respecto al futuro?

R:  Bueno, no. Lo realmente aterrador es que no tenemos mucho tiempo. Nos enfrentamos a un mundo terrorífico si no recuperamos algo de control. Dicho esto, creo que hay esperanza: llegará un punto en que la gente se dé cuenta de que esto no beneficia a nadie, ni siquiera a los jóvenes que votaron a Trump. Y estamos ya cerca de ese momento, las nuevas generaciones se están descolgando ya de las políticas económicas y laborales de esta Administración. Hay que insistir, insistir e insistir y ser mucho más agresivas para que nuestro mensaje llegue a la gente.

P: Las encuestas, en cambio, sitúan a los hombres jóvenes cada vez más en contra de lo que llaman «ideología de género».

R:  La tecnología está cambiando drásticamente muchos aspectos de la sociedad, en particular cómo definimos la masculinidad. Antes se entendía en términos utilitarios: mantener a la familia, servir a la comunidad o en el Ejército, ser útil para la sociedad. Pero la tecnología está reemplazando el trabajo humano y los hombres jóvenes miran a su alrededor y no ven ningún futuro, no tienen ya ninguna misión más allá de lucirse en redes sociales y hablar mal de las mujeres. Hemos reemplazado la masculinidad utilitaria por una especie de hombría ornamental que mide su valor en popularidad, y eso es humillante para los hombres, reducidos a mero objeto decorativo. Toda esa vanidad está codificada históricamente como femenina y les provoca vergüenza. Así que los hombres jóvenes, en su humillación, abofetean a las mujeres en redes sociales, y luego ellas los abofetean de vuelta y eso sólo genera un círculo vicioso de rabia. Hasta que volvamos a definirnos como seres sociales que cuidan los unos de los otros vamos a tener serios problemas.

«El #MeToo debería haber apelado también a la discriminación económica. La reivindicación de los derechos de las mujeres va más allá de la violencia sexual»

P: Volvemos a la identidad, ese término tan de nuestros días. ¿Hemos pervertido su significado?

R:  El problema, de nuevo, se basa en la mercantilización de todo. La identidad es una marca. El feminismo va de hacer, no de definir a qué grupo perteneces. La idea de la interseccionalidad es valiosa, pero cuando se usa para crear divisiones internas en torno a quién está más oprimida sólo nos convierte en víctimas y nos hace perder el hilo de por qué luchábamos en primer lugar.

P: ¿Cree que esa crisis de la masculinidad está, de nuevo, en el origen del ascenso de la extrema derecha, como analizaba usted en Backlash?

R: Absolutamente. Toda la campaña de Trump en 2024 apeló a la ansiedad masculina, con sus seguidores gritando «perra» y «puta» a Kamala Harris, o con ese discurso Trump como un «big daddy» que ha llegado a casa para azotar a la niña mala. Están sucediendo tantas cosas repugnantes que, si sobrevivimos, vamos a dar mucho trabajo a los historiadores.

P: ¿Hubiera ganado Trump sin el movimiento #MeToo?

R:  No creo que el #MeToo provocara la reacción ultra, aunque seguramente sí avivó una ira masculina que ya estaba ahí. Lo que sí pienso es que parte del problema del #MeToo ha sido su enfoque único. El feminismo va más allá de las conductas sexuales inapropiadas. Incluso estas agresiones tienen que ver con los problemas económicos y, en mi opinión, si este movimiento se hubiera acompañado de campañas económicas nos habría ido mejor a todos. Se ha convertido en una herramienta para perseguir a agresores famosos de víctimas famosas y es comprensible, porque las campañas en redes sociales funcionan con perfiles así, pero centra la atención en un 10% privilegiado y desatiende a las mujeres de clase trabajadora, las que más sufren la violencia sexual. Ningún movimiento feminista funcionará si no integra la economía en sus reivindicaciones.

P: ¿Estamos condenados al patriarcado?

R: No. Si fuera así, ¿qué sentido tendría el feminismo? El patriarcado ha estado con nosotros desde el principio de los tiempos, es como el monolito de 2001, no lo vamos a derribar con una campaña en redes sociales. Esta es una guerra histórica y tenemos que seguir luchando porque tenemos razón. El feminismo es bueno tanto para los hombres como para las mujeres, el patriarcado nos asfixia a todos. Si vamos a hacer algún tipo de marketing, que sea con ese argumento: la liberación de las mujeres es también la de los hombres.

Fuente: https://www.elmundo.es/la-lectura/2025/10/07/68d55438fdddff05028b4587.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio