¿Cómo sabemos que una crisis se puede superar o el final es inevitable? La prolífica autora, especialista en autoestima, desvela las claves de un amor duradero.

CRISTINA GALAFATE / Yo Dona
No estamos bien, pero me da pena tirar todo ese tiempo a la basura. Te suena, ¿verdad? O quizá lo has dicho tú misma. Quedarte en una relación muerta no hace que esos años valgan la pena, pero hay conflictos que sí pueden solucionarse con conciencia y madurez emocional. La psicóloga Silvia Congost (Girona, 2 de septiembre de 1977) lo explica con herramientas prácticas, casos reales y reflexiones en El arte de amar bien (Ed. Zenith).
Autora de más de una decena de libros sobre autoestima y dependencia emocional, desmonta mitos del amor romántico y explica por qué amar no basta, qué señales indican que una crisis tiene solución y cómo saber si seguimos juntos por inercia o por elección. Una invitación a tomar decisiones no por el tiempo gastado, sino basándote en todo el tiempo que te queda por vivir.
PREGUNTA: Escribes que amar no es suficiente para que una relación funcione. ¿Cuáles son esos otros elementos esenciales que realmente marcan la diferencia entre un vínculo frágil y uno sólido?
RESPUESTA: Para que la relación sea saludable tiene que haber amor sano, consciente con la otra persona. Eso implica que haya compasión, es decir, que te duela su dolor, que pongas de tu parte, que te responsabilices. Tiene que haber un esfuerzo para que la relación funcione. También respeto y sentir que miramos hacia una dirección, que ambas partes queremos estar ahí. Que confiamos en la otra persona y, sobre todo, compromiso. Buscar ingredientes concretos como si fuera una fórmula mágica no es posible. Pero, en general, tenemos que sentir que queremos estar ahí, ponemos de nuestra parte, cuidamos a la otra persona para que esté bien y para que siga eligiéndonos.
P: Muchas veces nos centramos en si es o no la persona correcta. ¿Puede pasar que personas acertadas no coincidan en el mismo momento vital?
R: Bueno, si no coincidimos en un momento vital en el que buscamos lo mismo, eso también forma parte de no ser la persona correcta para ti, ¿no? Porque a veces nos empeñamos en «es él» o «es ella» y tiene que ser, y acabas en una guerra.
P: Propones el concepto de autorresponsabilidad. ¿De qué manera el hacernos cargo de nuestras propias heridas y miedos pasados evita que saboteemos nuestra relación actual?
R: Creo que es un proceso de autoconocimiento que todos deberíamos hacer. A veces se puede lograr leyendo un libro que te ayude a reflexionar, a indagar dentro de ti, a hacerte preguntas, a cuestionar tu forma de ser y de actuar. Otras veces es necesario un proceso terapéutico con un profesional para lograr esa claridad y comprensión. Cada uno tiene que darse cuenta de si necesita ayuda externa o profesional. Porque pedir ayuda para conocerte y entenderte mejor, para ver si tienes heridas o traumas no resueltos que te están condicionando, es fundamental. A veces pensamos que algo ya está superado, pero puede seguir afectando a tu relación sin que te des cuenta. Te crea problemas que atribuyes a la otra persona, cuando en realidad, si lo entendieras, podrías arreglarlo. Uno tiene que preguntarse si está en paz, si siente que tiene control emocional sobre su vida o si le faltan herramientas.
P: Hay un dato llamativo en el libro: las parejas que esperan más para comprometerse formalmente tienen menos probabilidades de divorcio. ¿Por qué es tan vital el factor tiempo en la etapa de elección inicial?
R: Sí, es un error súper frecuente y se entiende por los efectos del enamoramiento. Ese subidón, esa excitación, esa sensación de «vamos a por todo porque ella es perfecta». Por eso en el libro explico que el enamoramiento implica idealizar. No estás viendo lo real. Y si eres consciente de eso, evitas tomar decisiones de gran compromiso en esa fase, como tener hijos o una hipoteca conjunta. No hay garantías nunca, claro. Hay personas que llevan 10 años y se separan al mes de casarse. Pero cuanto más tiempo pasas antes de comprometerte, más sólido es el conocimiento real de la otra persona. Cuando se cae la idealización, ves si puedes aceptar a esa persona de verdad.
P: De hecho, siempre se dice que hasta que no convives no sabes cómo es realmente tu pareja, ¿no?
R: No hay problema en irse a vivir juntos pronto: la convivencia es una grandísima escuela para conocer a tu pareja, siempre que las cosas estén claras y no haya compromisos difíciles de deshacer. Si ambas personas quieren convivir a los seis meses, adelante. Van a descubrir enseguida quién es realmente el otro.
P: ¿Por qué tendemos a pensar que el amor tiene que ser una montaña rusa de adrenalina y emoción, y las relaciones serenas no nos motivan?
R: Porque estamos acostumbrados a relaciones desequilibradas, muchas veces por lo que hemos visto en casa. Necesitamos subidas y bajadas para sentirnos vivos, pero eso no es sano. Lo que ayuda a durar, a crecer y a fortalecer la relación es la estabilidad y la paz.
P: Explícanos el concepto de la cuenta bancaria emocional. ¿Qué acciones cotidianas consideras depósitos fundamentales y cuáles son las retiradas que más dañan la confianza?
R: Es una metáfora que me encanta. Una relación es como una cuenta bancaria. Los ingresos son los detalles, el agradecimiento, las palabras bonitas, los esfuerzos… Las retiradas son las faltas de respeto, el silencio, actuar de forma incorrecta… Tiene que haber muchos más ingresos que retiradas.
P: ¿Y en esa cuenta se tiene que ingresar al 50/50? Porque a veces uno está peor y es el otro quien sostiene más.
R: Lo ideal sería que casi todo fueran ingresos. Las retiradas vacían la cuenta; los ingresos nos hacen emocionalmente ricos.
P: El ser humano convive con dos necesidades opuestas: la seguridad y la variedad. ¿Cómo pueden las parejas encontrar un equilibrio para no caer en la monotonía sin perder la sensación de refugio?
R: Todos necesitamos seguridad: confianza, rutinas, saber con quién estamos. Pero también variedad: sorpresa, novedad, crecimiento. Si todo es siempre igual, la relación se estanca y te sientes muerto por dentro. Cada persona necesita más de una cosa u otra, pero el equilibrio es clave.
P: ¿Qué señales nos indican que estamos empezando a sufrir el sentimiento de no suficiencia y cómo podemos reenfocar nuestra mirada hacia lo que la relación sí nos aporta?
R: Suele venir de la autoestima. Cuando quieres cambios pero sientes que no estás a la altura. A veces esa sensación aparece dentro de la relación y te hace mirar fuera, pensar que con otra persona estarías mejor. Eso hay que revisarlo: ver si el problema es la relación o el foco que estamos poniendo.
P: ¿Qué le dirías a las parejas que siguen por inercia y dicen: «Es que ya llevo cinco años, no quiero tirar este tiempo»?
Que se pregunten si dentro de 10 años les gustaría seguir exactamente igual, porque entonces habrán perdido 10 en lugar de cinco. Si la respuesta es no, tienen que trabajar en sí mismos, mover algo o decidir salir.
R: Afirmas que lo importante no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de recuperación. ¿Por qué la rapidez con la que volvemos a estabilizarnos tras una discusión define el éxito de una pareja?
R: Siempre habrá conflictos o desequilibrios en las relaciones, porque pasan por ciclos. Ambas partes deben implicarse en la reparación. No sirven disculpas vacías. El objetivo es volver a conectar, sentir alivio y regresar a la armonía.
P: Según las investigaciones que citas, los primeros tres minutos de una discusión pueden predecir el futuro de una relación. ¿Qué comportamientos debemos evitar a toda costa al iniciar una conversación difícil?
R: Señalar al otro como único responsable. «Eres tú quien está equivocado, tú eres quien tienes que cambiar, tú eres el que tienes que modificar eso…». Tenemos que aprender que cuando no estamos de acuerdo o nos quedamos atascados en un conflicto, somos dos personas las que estamos ahí. Hay que expresar cómo te sientes y permitir que el otro lo entienda. No importa si fue sin intención: lo importante es que al otro le duela lo que hiciste y que tú muestres que te importa. Así que nada de comentarios como: «No sabía que tenías la piel tan fina». Es importante que conectemos con esa empatía real.
P: A veces caemos en el error de querer ser el salvador de nuestra pareja. ¿Por qué este rol es destructivo y qué límites debemos poner para no perder nuestra propia identidad?
R: Una relación sólida se basa en sentir que no necesitarías a esa persona, pero la quieres y por eso la eliges. Sin ella saldrías adelante, seguirías con tu vida y te reconstruirías. Lo que pasa es que quieres estar con él o con ella. Es una elección consciente, porque sabes que te compensa, que te suma y que hace que tu vida sea maravillosa. Pero siempre debería ser desde una buena autoestima y una base sana, desde esa certeza de que, si no estuviera con esta persona, también estaría bien. Viviría otras cosas diferentes y sacaría mi capacidad de resiliencia para seguir adelante.
P: in embargo, hay personas que no saben estar solas y van encadenando relaciones liana, como cuentas en otros libros.
R: Por eso escribí A solas. En consulta veo que el miedo a la soltería es uno de los grandes motivos de sufrimiento hoy. El hecho de no tener pareja, que no es lo mismo que estar solo. Cuando nos quedamos sin pareja, muchas veces no sabemos qué hacer con nosotros mismos. Y eso es grave y siempre tiene consecuencias.
P: Ante una infidelidad, dices que el dolor es profundo pero no mata. ¿Qué condiciones estrictas deben cumplirse para que la confianza pueda restablecerse genuinamente?
R: No siempre es posible, pero hay casos que sí se recuperan. Incluso se fortalecen después de una infidelidad, porque hacen un aprendizaje muy profundo. Cuando se puede reconducir es porque hay mucha conciencia. La persona que ha sido infiel es capaz de transmitirle a la otra que se da cuenta del daño que ha causado y siente un profundo malestar. Esa parte de empatía es clave. Y luego tiene que estar dispuesta a hacer lo que sea necesario para reparar: apertura total, transparencia, implicación. Siempre con límites, claro. Aun así, creo que hay más casos que acaban rompiéndose que casos que se reconducen, pero es posible.
P: ¿Y cómo se sabe si de ese perdón se pasa página?
R: Esta es la clave: si perdonamos no tiene que haber reproches y tienes que sentir que eso que te hizo la otra persona ya no te duele. Si ya no hay dolor, si sientes paz otra vez, aunque al pensarlo te pellizque un poco porque fue algo que te hizo sufrir, pero sientes que ya lo has soltado. Cuando lo sueltas es cuando ya no hay rencor ni dolor. Y eso se puede hacer con absolutamente todo, incluso con situaciones muy graves: abusos, agresiones, violencia. Se puede conseguir.
P: A veces cuesta porque parece que si perdonas es como decir que todo vale.
R: Perdonar no significa justificar. Yo te puedo perdonar y seguir pensando que lo que hiciste estuvo muy mal y fue horroroso. Pero entiendo que lo hiciste porque en ese momento no tenías otras herramientas: por tu nivel de conciencia, por tu educación, por tus capacidades. Desde esa comprensión, te dejo ir y suelto la rabia.
P: ¿Cómo podemos identificar si nuestro cerebro está bajo un sesgo de confirmación, ya sea para ignorar las mentiras del otro o para ver solo sus defectos?
R: Sí, eso es súper peligroso. Y se ve mucho en relaciones muy largas, incluso con nuestros padres. Hay personas que siguen porque siempre han estado juntas, pero que en realidad no se soportan. Dicen: «Para lo que nos queda, ¿qué vamos a hacer?», y se resignan. Viven bajo ese sesgo, quejándose todo el día del otro. «Es que mira lo que ha vuelto a hacer», «es que tiene una cabeza», «le mando al súper y no es capaz de traer lo que le pido». Hay relaciones que más o menos van tirando y lo tienen normalizado, pero hay otras en las que esto hace mucho daño.
P: Destacas la gratitud y la interdependencia como hábitos de las parejas felices. ¿Cómo se cultiva el elegir conscientemente al otro cada día sin sentir que lo necesitamos para sobrevivir?
R: Agradecer es el mejor hábito para cualquier ser humano. Deberíamos conectar con la gratitud cada segundo. Nada más abrir los ojos por la mañana: agradecer que estamos vivos, que tenemos un cuerpo, comida en la nevera… Y en la relación, agradecer también a la pareja, a los amigos, a los padres. No dar las cosas por sentado. Hay casos en los que llegas cansada y tu pareja te ha preparado la cena y en vez de agradecerlo dices: «¿Esto me has puesto?», «está demasiado hecho». Dale las gracias. Ha pensado en ti, ha querido hacerte un regalo. Es importante conectar con la gratitud aunque no venga a cuento. Decir: «Quiero que sepas que me siento muy agradecida porque intentas hacerme feliz con estos detalles».
P: También pasa que para una parte los detalles son importantes y para la otra no tanto. ¿Y si los lenguajes del amor son diferentes?
R: A veces veo parejas que dicen: «Nunca me hace regalos». Pero a lo mejor te ha ido a buscar mil veces, ha reformado la casa para que estés a gusto, te llama siempre cuando estás de viaje, te acompaña a una prueba médica aunque esté hasta arriba de trabajo… Hay que valorar otras cosas y entender cuál es el lenguaje del amor del otro.
P: Y por último, se habla mucho del efecto Disney, pero ahora muchos jóvenes están viendo modelos de pareja en programas de televisión donde hay muchas faltas de respeto. ¿Te preocupa como profesional?
R: Lo veo fatal. Incluso que haya psicólogos comentando esos programas y dándoles valor y visibilidad. Es mucho más educativo mostrar lo que hay que hacer que mostrar lo que no hay que hacer, aunque luego lo expliques. Mostrar faltas de respeto, engaños, todo eso, no educa. Hay que enseñar cómo hacer las cosas bien: una pareja que se respeta, que discute intentando entenderse, que se acepta. Me han llamado muchas veces para comentar ese tipo de programas, pero creo que no aportan.
El arte de amar bien. Cómo superar una crisis de pareja y hacer que el amor perdure
Por Silvia Congost
Está editado por Zenith
Fuente: https://www.elmundo.es/yodona/vida-saludable/2026/02/17/69835ff4e9cf4aef448b458d.html