El pintor veneciano ejecutó una imagen dramática que partiendo del manierismo imperante en la época evoca elementos que cristalizarán un siglo después durante el barroco.

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Àlex Sala / Historia National Geographic
Periodista especializado en Arte e Historia del Arte
La leyenda de San Jorge y el dragón contiene todos los elementos de una buena historia: amor, aventura, batallas y la moraleja final del triunfo del Bien sobre el Mal. No es extraño, pues, que la historia del caballero cristiano que acude al rescate del reino aterrorizado por la maligna criatura antes de que esta devore a su princesa, haya sido fuente inspiración para la literatura y para el arte.
San Jorge y el dragón, del pintor veneciano Jacopo Tintoretto, se aproxima a esta leyenda de una forma muy original. La teatral escena, ejecutada en las décadas de 1550-1560, muestra una aterrorizada princesa parece huir hacia el espectador de la terrible lucha que mantienen el caballero y el dragón. Una imagen dramática que partiendo del manierismo imperante en la época para evocar elementos que cristalizarán un siglo después durante el barroco.
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Pintura veneciana
Jacopo Tintoretto es uno de los mayores representantes de lo que se ha denominado estilo manieristra, surgido en la segunda mitad del siglo XVI como reacción contra la pura idealización de la realidad, armónica y la fría característica de la pintura del Renacimiento. Las figuras de Tintoretto, que quería dibujar como Miguel Ángel y colorear como Tiziano, son estilizadas y dota a sus escenas de una complicación laberíntica y una teatralidad que prefiguran los gustos del barroco. San Jorge y el dragón rebosa energía y dinamismo. Parece estar estructurada en tres planos que crean una sensacón de profundidad inédita en las pinturas de Miguel Ángel o Rafael y sus personajes muestran miedo, pasióno furia, como corresponde al momento de lucha que están viviendo.

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Lucha a muerte
San Jorge clava su lanza en las fauces del dragón que, según la leyenda, que se había asentado en el lago a las afueras de la ciudad de Lydda, en Tierra Santa y al que los habitantes dela ciudad u nido en la única fuente que provee agua para la ciudad debían alimentar para aplacar su ira. Esta historia se narra en la Leyenda Dorada, una recopilación de vidas de santos elaborada en el siglo XIII por Santiago de la Vorágine. Esta leyenda simbolizaba la lucha entre el Bien y el Mal y el triunfo del primero sobreel segundo. Era un tema clásico en la pintura occidental que durante siglos podía aplicarse al demonio o a los infieles musulmanes que querían apoderarse de Tierra Santa o de Constantinopla, pero que durante la segunda mitad del siglo XVI podía referirse también a los herejes reformadores surgidos en toda Europa.

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La princesa
La disposición de la escena es novedosa en cuanto la imagen de la lucha se situa en un segundo plano. Hasta ella parece llevarnos con su teatral mirada y gestualidad la princesa, situada en el primer plano, mientras se levanta de rodillas y sale corriendo a punto de salirse del lienzo. Tintoretto acorta la mano de la mujer que parece proyectarse hacia el espacio del espectador, como si quiera que la agarrara para salvarla. Su manto rojo parece flotar tras ella, enfatizando su velocidad. Los colores de su ropa tampoco parecen elegidos al azar. Según la tradición teológica y artística, el rojo representa la pasión y muerte de Cristo, sacrificado por la humanidad, y el azul se asocia con la realeza y la santidad de la virgen y su figura como Reina celestial, asociada a la Iglesia.

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El mártir
El personaje que aparece tirado entre la princesa y san Jorge puede interpretarse como una referencia a esta lucha de la Iglesia contra los protestantes. La leyenda de San Jorge y el dragón explica que antes de la llegada del caballero cristiano, los habitantes de Lydda amansaron a la fiera a base de ganado y que, cuando este se acabó, tuvieron que sacrificarse ellos mismos para aplacar su furia. Este cadáver es el de uno de los desdichados que murieron por salvar a sus semejantes. Este sacrificio reflejaría la actitud de los mártires, muy valorados por la jerarquía católica y su postura recuerda a la de Cristo crucificado, lo que reforzaría la lectura teológica de la escena.

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Dios padre
Aunque el lienzo es rectangular, la pintura tiene forma arqueada, como se aprecia claramente en sus esquinas superiores, porque debió ser concebida co parte de un retablo y estuvo expuesta en un marco con enjutas.Esta escena se representaba en imágenes hozrizontales, pero Tinoretto ideó una composición audaz, con el horizonte situado a dos tercios de la altura del cuadro. En el cielo, iluminando el firmamento, aparece la figura de Dios, bendiciendo y reforzando la victoria de la verdadera religión sobre los monstruos infieles/herejes.