La polifacética artista inaugura nueva década tras haberse convertido en una estrella de Hollywood sin renunciar a sus principios.

Cristina Sobrino / Magas
En Salma Hayek habitan muchas mujeres: la actriz mexicana que llegó a Hollywood cuando ser latina todavía era sinónimo de pelear contra estereotipos; la estrella convertida en sex symbol que tuvo que aprender a convivir con una mirada obsesionada con su físico; o la productora que peleó durante años por llevar a Frida Kahlo al cine.
En ella, que hoy 2 de septiembre cumple 60 años, también se encuentra la empresaria que terminó formando parte de una de las familias más influyentes del lujo; la madre, la activista, el icono.
La niña de Coatzacoalcos, la estrella de las telenovelas y la joven a la que pidieron que se deshiciera de su acento. La que no reniega de sus raíces y que denunció a Harvey Weinstein.
Su trayectoria no se resume en una sola etiqueta, sino en haber conseguido que todas esas mujeres pudieran convivir bajo una única firma: Salma Hayek, con nombre propio.
A la conquista de Hollywood
Cuando la intérprete mexicana pisó la Ciudad de la Estrellas, la fama no le era ajena. Había triunfado en su país gracias a títulos como Un nuevo amanecer (Alfredo Gurrola, 1988), que supuso su arranque televisivo y le valió el Premio TVyNovelas a Mejor Actriz Debutante.
Luego, entre el 89 y el 91 participó en Teresa, la producción que la consagró en la televisión nacional y que le dio el Premio TVyNovelas a Mejor Revelación Femenina y el Premio Heraldo.
Sin embargo, ese terreno ya cultivado no supuso necesariamente una ventaja a su llegada a Los Ángeles, donde tuvo que comenzar prácticamente desde cero.
Aunque la presencia latina en Hollywood venía de mucho antes, explica Javier Yuste, periodista especializado en cine de El Cultural. El experto sitúa a finales de los 80 y principios de los 90 el momento en que esa identidad comenzó a adquirir una nueva dimensión en la industria.
De entrada, una serie de hándicaps de los que les era casi imposible deshacerse: su acento, su origen y su condición de mujer mexicana, un trío que podía encasillarla. Hayek no sólo tenía la misión de encontrar trabajo, sino la de luchar contra estos clichés, demostrar que su talento iba más allá de lo obvio.
Su gran momento llegó con Desperado (Robert Rodriguez, 1995), cinta donde compartió protagonismo con Antonio Banderas. La oportunidad hizo que su rostro comenzara a reconocerse internacionalmente.
«Es la película que mejor ejemplifica ese momento», explica. «El filme reunió a Hayek y Antonio Banderas en una producción que, con un presupuesto de siete millones de dólares, alcanzó los 25 de recaudación y consolidó a las tres figuras involucradas, incluido el director mexicano», recuerda.

Banderas y Hayek en el film de Robert Rodriguez. IMDb
Un arma de doble filo
Un año más tarde, y de la mano del mismo cineasta, llegó Abierto hasta el amanecer. El largometraje la consolidó como actriz en Hollywood y la convirtió en un icono.
Para Yuste, aquel momento fue decisivo: «Hayek se convirtió poco después en una indiscutible sex symbol gracias, de nuevo, a Rodriguez, con la célebre danza con la serpiente». Pero aquella imagen, aunque le proporcionó una enorme visibilidad, también podía convertirse en una trampa, un arma de doble filo.
«Si algo hubiera que destacar de Hayek es que no se conformó con el papel que la industria había decidido para ella«, señala el periodista.
De hecho, los sensuales movimientos de su personaje, Santanico Pandemonium, se pueden analizar como un arma de doble filo.

Salma Hayek interpretando el mítico baile con el reptil al cuello. IMDb
Por una parte, la hizo inolvidable, le dio visibilidad y poder de negociación —su breve aparición resultó clave para el proyecto y puso su nombre en el tablero de la industria— y construyó esa imagen de sensualidad y glamour en torno a su persona.
Sin embargo, este último fue precisamente el obstáculo que trajo consigo el papel, ya que durante un tiempo, la escena redujo la percepción de la actriz a su atractivo físico.
En una entrevista que ofreció en 2019 a British Vogue comentó que luchó contra el racismo utilizando el sexismo que la industria dirigía hacia ella.
«Me inventé este personaje sexy. Era lo que Hollywood estaba dispuesto a aceptar, así que fui a por ello. Recuerdo llegar a la conclusión y preguntarme si me estaba degradando. Y no, no me acosté con nadie, simplemente aposté por esto porque era lo que ellos estaban dispuestos a comprender», declaró.
«Ellos (en referencia a quienes manejan la industria) piensan en qué atrae a la audiencia, y conmigo en pantalla en ese modo, se olvidaban de que tenía acento, así que lo valoré y me dije que sí, que podía», añadió.
Pero fue Frida (Julie Taymor, 2002) el proyecto que logró cambiar la trayectoria de su carrera. Y no, lo más importante detrás de este movimiento no fue que consiguiera la nominación al Oscar en la categoría de Mejor Actriz —a pesar de ser la primera mexicana en conseguirlo—, lo fundamental fue que le demostró al mundo algo que ella ya tenía claro: podía protagonizar una película prestigiosa, compleja y dramática.
«No se conformó con el papel que la industria había decidido para ella, normalmente el interés romántico del protagonista en dramas, comedias y cintas de acción», apunta Yuste. La actriz creó su propia productora, Ventanarosa, y consiguió sacar adelante el proyecto con el que llevaba años soñando: interpretar a la artista.

Hayek caracterizada como la célebre pintora mexicana. IMDb
«El riesgo le proporcionó merecidamente la única nominación al Oscar de su vida«, valora el experto. Y, más allá del reconocimiento, Frida confirmó que aquella intérprete que Hollywood había convertido en sex symbol podía sostener también un personaje complejo, dramático y alejado del estereotipo.
En cualquier caso, para el ojo crítico de Yuste, la estrella siempre ha estado más dotada para el cine escapista que para aquellos roles que exigen una mayor «herida dramática».
En una entrevista con el diario británico The Independent poco después de la nominación al premio declaró que Frida le había cambiado la vida, destacando precisamente que lo que más le gustaba de ello no era el reconocimiento de la industria, sino que la gente hubiera tenido la oportunidad de verla en un rol así.
No obstante, en la conversación no pudo evitar comentar que para ella todavía era complejo encontrar personajes de ese tipo. De hecho, en 2018, en el medio The Wrap, confesó que había tardado 15 años en volver a tener un papel protagonista. El salto fue de Frida a Beatriz at Dinner (Miguel Arteta, 2017).
#MeToo
A pesar de que al pensar en el movimiento la mente vuela a Hollywood, lo cierto es que esta denuncia comenzó en 2006 de manos de la activista Tarana Burke, pero su gran repercusión llegó en 2017, cuando la conversación saltó a las redes sociales de forma extensa y también a la industria del show business.
Si hay un nombre masculino que centró todos los focos, ese es el de Harvey Weinstein, uno de los productores más poderosos hasta el momento. Hayek fue una de las personas que decidió contar cómo había sido su experiencia con él.
Lo hizo en diciembre de 2017, cuando publicó un artículo en The New York Times en el que relató lo que vivió durante el rodaje de Frida.
Según el relato de la intérprete, la había acosado de forma repetida: desde propuestas sexuales hasta amenazas de muerte. Igualmente, explicó que condicionó la continuación del largometraje bajo la premisa de que ella tuviera una escena sexual con otra mujer.
Sin estereotipos
Hacer un repaso a la carrera de Salma Hayek supone reconocer que su vida hace mucho tiempo que se liberó de los clichés y del qué dirán. En el plano profesional, su trayectoria no tiene límites: actriz, empresaria, productora, filántropa…
En el plano personal, se casó con François-Henri Pinault, presidente de Kering, grupo del que forman parte firmas como Gucci, Saint Laurent y Balenciaga. Fue en 2009 cuando tuvo lugar la boda. Entonces, la polifacética artista ya tenía 43 años, pero sólo dos antes había dado a luz a su única hija, Valentina Paloma.

El matrimonio en mayo de 2026 en Roland Garros. Gtres
La maternidad también modificó el relato sobre ella en una industria que durante años ha encontrado en este proceso un obstáculo profesional, al igual que sucede en cualquier otro empleo.
Sin embargo, su experiencia no habla sólo de eso, sino que también entronca con la idea de la edad idónea para convertirse en madre. Cuando el reloj biológico apremia y la sociedad enarca la ceja sobre las mujeres que deciden retrasar el momento, ella escogió con firmeza cuándo llegaría el suyo, permitiéndose previamente realizarse en el plano laboral.
Ahora, que cumple 60 años y que la industria premia el hecho de aparentar una edad muy diferente a la que de verdad indica el certificado de nacimiento, la intérprete se muestra relativamente natural en sus redes sociales, donde comparte imágenes de su cotidianidad.
Y en esta exposición tampoco renuncia a la sensualidad que la caracteriza, eso sí, narrada de acuerdo a su criterio.
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Amistad fuera de cámaras
En Hollywood hay muchos dúos de mujeres icónicas y Hayek forma parte de una dupla muy especial con Penélope Cruz. Aunque su relación se hizo más visible cuando protagonizaron Bandidas (Espen Sandberg, Joachim Rønning, 2006), el feeling ya existía de forma previa.
En concreto, se conocieron a finales de los 90, cuando las dos intentaban abrirse camino en la apabullante ciudad de Los Ángeles. A lo largo de los años, han vivido juntas su paso por alfombras rojas y compartido proyectos y confidencias, al margen de la distancia física que las haya separado.
De hecho, la amistad es tal que Salma Hayek es madrina de Luna, la hija de Cruz y Bardem.

Quizás una de las anécdotas más divertidas de este tándem fue una que relató la española a Allure, en julio de 2026. Mezcla Dogma (Kevin Smith, 1999), maquillaje y apagón de luz.
¿Qué sucedió? Salma Hayek tenía que asistir al estreno de la película cuando su equipo de estilismo la dejó tirada. Sin embargo, Penélope Cruz acudió al rescate para hacer las funciones de especialista en belleza. No obstante, la misión no fue tarea sencilla, ya que además tuvo que hacerlo ayudándose de unas velas debido a un fallo eléctrico.
La amistad de las dos artistas es un ejemplo de apoyo y admiración entre mujeres de la industria que derriba los típicos estereotipos que narran episodios de competencia insana y desleal entre mujeres, habitualmente provocados además por la visión masculina.
Esto se traslada también al plano general para los actores latinos y españoles, como destaca Javier Yuste, que explica que la transformación de Hayek tampoco puede entenderse al margen de la evolución de Hollywood.
Desde entonces, la industria ha prestado mucha más atención a la representación latina y han surgido nuevas estrellas globales como Penélope Cruz, Ana de Armas, Oscar Isaac, Javier Bardem, Pedro Pascal o Zoe Saldaña.
Ahora que la mexicana sopla las 60 velas, no sólo celebra este 2026, sino también a todas las mujeres que, a día de hoy, siguen habitando en ella. Y a las que vendrán.