Safo de Lesbos se cuenta entre los mayores poetas de la Antigüedad, aunque la crítica de los siglos XIX y XX oscureció su biografía al rechazar su evidente tono homoerótico.

Scala, Firenze
Texto: Marta González González/ Locución: Caterina Miloro / Historia National Geographic
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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST
Los datos seguros sobre la vida de Safo son tan escasos como su obra conservada: nació en Éreso, en la isla de Lesbos, en el seno de una familia noble, y fue contemporánea del poeta Alceo y del tirano Pítaco.
Quizá no deberíamos afirmar con seguridad nada más sobre su vida y su entorno, pero, sumando los datos tomados de su poesía (que no ofrecen certezas) y las informaciones de fuentes tardías (tan cuestionables como las comedias sobre Safo) podemos encontrar los nombres de su padre, Escamandrónimo; su madre, Cleis; sus hermanos, Eurigio, Lárico y Caraxo; su marido, Cércilas, y su hija, Cleis. Demasiados nombres, y demasiado sospechosa la abundancia de información sobre una mujer de la que nos separan más de 2.600 años.
De todos estos nombres, los que más dudas despiertan son el del marido Cércilas y el de la hija Cleis, que se propone a partir de un fragmento en el que Safo habla de una muchacha así llamada: «Tengo una hermosa muchacha, semejante en su aspecto a las flores de oro, Cleis […] amada, que no cambiaría yo por la Lidia toda»; sin embargo, no es en absoluto seguro que se trate de su hija.
En el caso del marido, lo que apenas es aceptable no es que lo tuviera, sino que se llamara Cércilas de Andros, un nombre obsceno (en griego significa «pene del hombre») proveniente de alguna comedia de las muchas en las que se ridiculizó a Safo ya en la época clásica ateniense. En ellas, Safo era presentada como una amante desenfrenada envuelta en enredos amorosos con otros poetas, como Alceo o Anacreonte, o con el hermoso y legendario barquero Faón.
La muy posterior enciclopedia bizantina Suda, del siglo X d.C., también transmitió los nombres de una serie de mujeres del entorno de Safo distinguiendo entre discípulas (Anactoria de Mileto, Góngula de Colofón y Eunica de Salamina) y amigas con las que se la acusó de tener una relación erótica vergonzosa (Atis, Telesipa y Mégara). También dicen las fuentes antiguas que fue una poeta lírica, es decir, que compuso sus poemas para ser cantados con el acompañamiento de una lira.
¿ALUMNAS, AMIGAS O AMANTES?
A pesar del interés de los antiguos por su poesía, la obra conservada de Safo es escasísima: unos pocos versos trasmitidos de manera directa por autores de la Antigüedad, y otros versos procedentes de papiros recuperados en Egipto. Que se haya preservado tan poco de sus creaciones no se debe a que fuese una mujer, ni a que cantase el amor y la belleza de otras mujeres. Sucede que de la lírica griega arcaica es poquísimo lo que nos ha llegado, y hay poetas varones, como el espartano Tirteo, de los que se conserva aún menos texto que de Safo.
Como se ha hecho con otros líricos griegos arcaicos, a partir de los poemas de Safo se ha intentado averiguar a qué público iba destinada su poesía, ante quiénes se recitaba o cantaba. Pero en su caso, este estudio se ha llevado adelante con una pregunta añadida: ¿Cuál era, exactamente, la relación de Safo con ese público? ¿Lo formaban sus alumnas, sus amantes, sus amigas? Los poemas de Safo sufrieron largos años de censura y distorsión porque los estudiosos, al tratar de responder a estas preguntas, interpretaban los poemas de forma que coincidieran con sus ideas –o sus prejuicios morales– acerca de la condición de la mujer o de la sexualidad femenina.
Así, en el siglo XIX se habló de una Safo educadora, maestra de escuela: las mujeres mencionadas en sus poemas serían sus alumnas, con las que mantendría una relación de afecto. Pero en sus poemas no hay nada que sustente esta hipótesis. En el siglo II d.C., el filósofo Máximo de Tiro estableció una comparación entre Sócrates y Safo que constituye una versión, si no aceptable, sí más sensata que esa Safo «institutriz».
En sus Discursos filosóficos, este autor dice: «En cuanto a la pasión amorosa de la lesbia, ¿qué otra cosa podría ser sino el equivalente exacto de la técnica erótica de Sócrates? Me parece que, según su propia inclinación, ambos cultivaron el amor, ella de las mujeres, él de los hombres […]. Y lo que para uno eran Alcibíades, Cármides y Fedro [discípulos de Sócrates], para la lesbia lo fueron Gyrina, Atis y Anactoria».
También se ha propuesto que Safo estuvo a la cabeza de una comunidad religiosa o thíasos en torno a Afrodita, la diosa del amor, pero la presencia de esta en sus poemas, como en la poesía de otros autores de la lírica arcaica, se justifica por la temática amorosa, sin necesidad de suponer ningún tipo de culto a la diosa.
En realidad, la idea de una Safo poeta que enseñara música o de una Safo que con otras mujeres de su entorno cantara a una diosa como Afrodita es perfectamente defendible. Lo que ocurre es que tanto la Safo «maestra» como la Safo directora de un thíasos son nociones destinadas a desactivar el evidente contenido homoerótico de su poesía, y en ese sentido hay que considerarlas con precaución.
LO QUE UNA AMA
Existe otra propuesta más convincente: la de una Safo que, como miembro de una familia de alto estatus, disfrutó de una educación, una libertad y unas compañías que no estaban al alcance de otras mujeres de su época. En ese entorno compuso una poesía que marcó un punto de inflexión en la literatura occidental.
Safo es el primer nombre femenino de la historia literaria de Occidente, y fue la primera en crear un léxico lírico erótico para cantar la belleza de las mujeres en una tradición literaria que solo había celebrado a los muchachos. Convertida en modelo de otras autoras ha inspirado a artistas literarios y plásticos desde la Antigüedad hasta hoy de manera ininterrumpida.
Uno de los poemas más famosos de Safo es el Fragmento 16. En él, la poeta se pregunta sobre qué es lo más hermoso, y, frente a quienes creen que es una tropa de jinetes, o una flota de guerra, o un ejército de infantería, ella afirma que lo más hermoso es lo que cada uno ama. Es fácil que cualquiera entienda esto, continúa Safo, ya que Helena, la más bella de las mujeres, dejó atrás a su marido y a su hija y, olvidándose de todo, navegó a Troya.
El poema de Safo está incompleto, pero conocemos la historia: Helena abandonó a su esposo Menelao, rey de Esparta, para seguir al príncipe troyano Paris, lo que desató la guerra de Troya. Y Safo, frente a una larga lista de poetas que culparon a Helena de todas las muertes sucedidas en aquella contienda, solo atiende al deseo de Helena, algo que a ella, en ese poema, le hace pensar en su propio deseo hacia Anactoria, que ya no está a su lado: «Preferiría ver su andar amable y el esplendor vivo de su rostro antes que los carros de los lidios y la infantería armada en la batalla» (en traducción de Francisco Rodríguez Adrados).
Estas palabras con las que se cierra el Fragmento 16 nos abren la puerta al mundo de la poesía sáfica. Por un lado, Safo se aparta de la tradición de la lírica arcaica tanto por reivindicar la figura de Helena como por apartar la mirada de las gestas épicas (es mejor el andar amable de Anactoria que las imágenes de infantes o jinetes).
Por otro lado, frente a la lírica homoerótica masculina, frente al canto de la belleza del efebo, Safo ensalza la belleza femenina, con un vocabulario de la sensualidad centrado en los detalles. Así, se refiere al modo de caminar de Anactoria como eratón, que traducimos como «amable» pero que tiene un contenido más erótico del que sugiere esa traducción castellana: algo así como «que es propio de Eros».
En otros versos conservados mencionará las coronas que adornan el cabello, dirá que «el deseo vuela de nuevo en torno a ti, la bella [tàn kalán]», o evocará el esplendor de una mujer que supera al del resto, como la Luna a las estrellas. Esta forma de referirse a las mujeres a las que amó (algo que, por lo que sabemos, ella fue la primera en hacer), la convirtió en una referencia ya en la Grecia antigua para mujeres poetas como Erina o Nóside, que vivieron en los siglos IV y III a.C.
SAFO, LA ARISTÓCRATA
Como mujer de condición aristocrática, perteneciente a una de las familias poderosas de Mitilene, la mayor ciudad de Lesbos, Safo pudo estar en el centro de una hetairía o hetería: un grupo de personas, mujeres en este caso, unidas por su condición social e intereses políticos, igual a la hetería masculina que se ha imaginado para su contemporáneo Alceo, también aristócrata y de Lesbos.
La historia de esta isla entre los siglos VII y VI a.C. está marcada por luchas entre clanes aristocráticos: los Pentílidas, los Arqueanáctidas, los Polianáctidas, los Cleanáctidas… Nombres de personajes de estas familias aparecen en los poemas de Alceo y Safo, y no puede sostenerse una separación tajante entre el uno, que habría estado implicado en la política de su tiempo, y la otra, como simple poeta del amor, centrada en su mundo y al margen de las luchas entre diferentes facciones en la Mitilene del siglo VI a.C. (sin que ello quiera decir que su papel en la política pudiera haber sido nunca igual al de un varón de la misma época).
Así, por ejemplo, Safo ataca a una tal Mica, que ha preferido la amistad de las mujeres de los Pentílidas, clan al que pertenecía el tirano Pítaco. Este había colaborado en un golpe contra otro tirano, Mírsilo, en el que también participó Alceo, pero luego él mismo se convirtió en tirano, ganándose los ataques del poeta. En otro fragmento, Safo alude al exilio que sufre por culpa de la familia de los Cleanáctidas, a la que pertenecía Mírsilo y por cuya muerte brinda Alceo en uno de sus poemas.
LAS COMPAÑERAS DE SAFO
Sin negar que la poesía de Alceo se centra en la política y la de Safo en el erotismo y la sensualidad, no se puede entender la poesía de Safo sin el contexto social en el que fue compuesta. En el poema mencionado, en el que Safo le reprocha a Mica haber preferido la «amistad» de los Pentílidas, el término usado es philótes, que se puede traducir como «amistad» si lo situamos en el contexto de la hetería, una comunidad de iguales que comparten estatus social e intereses.
En definitiva, su lugar en la sociedad le permitió a Safo dedicarse a la poesía. Una parte importante de la que compuso fue de tipo público, es decir, destinada a celebraciones de diverso tipo, como los himeneos (matrimonios), pero es posible imaginar que las composiciones de tipo más personal tuvieran como primer destinatario a un grupo de mujeres de su entorno social al que estaría unida por relaciones de amistad y, en muchos casos, eróticas, hipótesis más admisible que la de una Safo maestra. Estaríamos hablando de una hetería, un grupo unido por la amistad que, como consecuencia de sus intereses políticos y posición social, se vio afectado por las luchas por el poder en la Mitilene del siglo VI a.C.