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Ricardo Ruiz, especialista en dermatología oncológica y estética: «Ni la dieta ni el sueño: este es el hábito cotidiano que más influye en una vida larga y saludable» | YoDona

El doctor Ruiz acaba de publicar ‘Larga vida a tu piel’, un libro basado en miles de consultas reales que no aspira a ser «un manual de perfección, sino una guía para entender la piel y respetar el proceso natural del envejecimiento»

El doctor Ricardo Ruiz, en las instalaciones de Clínica Dermatológica Internacional. Ángel Navarrete

Lo suyo podría parecer un relato propio de ese mítico ‘american dream’ del que tanto presumen los estadounidenses, pero en versión castiza. «Mi padre tenía un taller mecánico en el madrileño barrio de Usera, muy cerca del Hospital 12 de Octubre. De pequeño, contemplaba con admiración a los médicos que dejaban allí sus coches para que los repararan y soñaba con trabajar algún día en ese hospital», rememora Ricardo Ruiz, director de Clínica Dermatológica Internacional (CDI) y jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Ruber Internacional.

Premio Extraordinario de licenciatura y especialista en dermatología oncológica y estética, se formó en instituciones de referencia como el Hospital 12 de Octubre de Madrid, la Clínica Mayo y la Universidad de California en San Francisco. Autor de numerosos artículos científicos y ponente habitual en la Academia Americana de Dermatología, Ruiz ha cumplido con creces aquel sueño infantil, engrandecido además con la creación de la Fundación Kyrikú. A través de ella, y en colaboración con la Fundación Recover, impulsó la puesta en marcha del primer laboratorio de anatomía patológica en Burundi.

El doctor Ruiz, ante las fotografías de su proyecto en Burundi.
El doctor Ruiz, ante las fotografías de su proyecto en Burundi.Ángel Navarrete

Incluido año tras año en la lista de los 100 mejores médicos de España que elabora la revista ‘Forbes’, el fundador de CDI acaba de publicar ‘Larga vida a tu piel’ (La Esfera de los Libros), un libro basado en miles de consultas reales que no aspira a ser «un manual de perfección, sino una guía para entender la piel y respetar el proceso natural del envejecimiento».

Esa honestidad práctica es, precisamente, lo que lo distingue en un mercado saturado de promesas: «Es cierto que hoy parece que todo gira en torno a vivir más años. Incluso se ha hablado de cierta mercantilización de la longevidad. Recientemente, en The New Yorker publicaron un artículo muy interesante que señalaba cómo antes los estudios sobre longevidad se realizaban en animales, mientras que ahora se están probando en millonarios. Es decir, cada vez hay más tratamientos y tecnologías destinadas a alargar la vida, aunque muchos aún no están completamente demostrados en humanos. Funcionan en roedores, sí, pero nosotros no somos roedores, y eso marca una gran diferencia».

En torno al envejecimiento hay varios aspectos clave que conviene tener en cuenta. «Se trata de un proceso extremadamente complejo. No se puede simplificar ni explicar adecuadamente en un vídeo de un minuto en redes sociales». E intervenir en mecanismos relacionados con la longevidad puede conllevar efectos secundarios desconocidos: «Por ejemplo, en un estudio con antioxidantes en pacientes oncológicos se observó que aquellos con cáncer de próstata desarrollaban más metástasis. ¿Por qué? Porque al modificar ciertos mecanismos antioxidantes del organismo también se interfiere con su capacidad natural para eliminar células dañinas. Estrategias experimentales, como ciertas terapias celulares o intervenciones dirigidas a prolongar la vida de las células, pueden resultar problemáticas. No olvidemos que las células que más viven, por definición, son las cancerígenas. Por eso, cualquier tratamiento orientado a alargar la vida celular debe manejarse con extrema cautela«.

El especialista insiste en que «gran parte de la evidencia disponible procede de estudios en animales. Y lo que funciona en ellos no tiene por qué hacerlo en humanos. Ese es el caso del resveratrol, que generó enormes expectativas, pero cuyos beneficios no han podido confirmarse con claridad en personas«.

En este escenario, su postura no deja lugar a la duda: «Lo razonable es adoptar una actitud escéptica e informada. Cuando uno revisa la literatura científica más actual -artículos, investigaciones recientes, trabajos de premios Nobel- se da cuenta de algo sorprendentemente simple: en longevidad saludable, lo que realmente funciona son las cosas básicas. El sentido común, los hábitos sencillos; aquello que no cuesta dinero«.

De hecho, «un estudio reciente comparaba tres pilares fundamentales: ejercicio, alimentación y sueño. Lo ideal es cuidar los tres, pero, si hubiera que elegir uno de estos tres hábitos saludables, diría que el que ni la dieta ni el sueño: el hábito cotidiano que más influye en una vida larga y saludable es hacer ejercicio«.

Gran amante del deporte -pasión que ha inculcado a sus dos hijos-, Ruiz subraya que «cada vez se publican más investigaciones que muestran los beneficios de distintos tipos de actividad: fuerza, resistencia, deportes de raqueta… Incluso se ha observado que quienes solo hacen ejercicio el fin de semana, los llamados ‘weekend warriors’, también experimentan sus beneficios. En resumen: cualquier actividad física es mejor que ninguna».

Para ilustrar su valor, menciona «un ejemplo fascinante que refleja además la conexión entre mente y cuerpo. Me refiero a un estudio llevado a cabo con trabajadoras de limpieza de hotel, a la mitad se les explicó que su trabajo equivalía a ejercicio físico; a la otra, no. Con el tiempo, las que recibieron esa información experimentaron mejoras en la presión arterial y en la calidad del sueño mientras que la otra no registró ningún cambio. Es decir, la percepción también influye».

Otro aprendizaje muy valioso nos llega de «las denominadas ‘zonas azules’, regiones con alta concentración de personas centenarias como Okinawa (Japón) o Nicoya (Costa Rica). Allí no hay suplementos milagro ni rutinas sofisticadas: hay actividad diaria, relaciones sociales, poco estrés y hábitos sencillos. Pero, curiosamente, eso no genera negocio y quizá por eso se le presta menos atención».

Ángel Navarrete

En su libro también destaca la importancia de la gimnasia cognitiva: «¿De qué sirve vivir más si no estamos bien mentalmente? En mi caso, mis padres tuvieron Alzheimer y Parkinson, y eso te hace reflexionar. Deberíamos interiorizar hábitos diarios para el cerebro, igual que hemos asumido caminar 10.000 pasos. Por ejemplo, leer cada día en papel. Incluso se plantea ya la creación de gimnasios cognitivos, para evitar volvernos dependientes y pasivos ante la inteligencia artificial».

Y, por supuesto, resalta el papel de los vínculos humanos: «Son fundamentales. Sabemos, por estudios como el de Harvard, que la soledad no deseada tiene un impacto equivalente a fumar 15 cigarrillos al día. Es devastador para el envejecimiento«.

En definitiva, «frente a la complejidad y el ruido del mercado de la longevidad, la evidencia científica apunta a algo mucho más simple: moverse, comer bien, dormir, mantener vínculos sociales y cuidar la salud mental«.

Y, ojo, porque el anhelo de la longevidad extrema, tiene sus matices. «No se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor. El objetivo es comprimir la morbilidad: reducir al máximo los años de enfermedad al final de la vida. No olvidemos que aproximadamente el 70 % del gasto sanitario se concentra en los últimos meses. Vivir más no tiene sentido si esos años adicionales están marcados por la dependencia o la enfermedad. El verdadero éxito no es acumular años, sino llegar al final con la mayor autonomía y calidad de vida posibles«.

Un objetivo en el que contamos con un aliado al que no se le está otorgando la relevancia que merece: «Más que un asunto estético, la piel es un auténtico biomarcador de lo que ocurre en nuestro organismo. Permite detectar enfermedades y su estado influye en la inflamación sistémica. «. No solo refleja la edad, sino que, como detalla el doctor Ruiz, también participa en la biología del envejecimiento: «La piel envejecida no es solo una piel con arrugas, sino un tejido biológicamente activo capaz de generar señales inflamatorias, oxidativas y senescentes que pueden deteriorar su microambiente y contribuir al envejecimiento sistémico». Por eso, insiste, «la dermatología de la longevidad no consiste en parecer joven, sino en mantener una piel funcional, resiliente y biológicamente sana«.

Se ha demostrado, ahondando en el tema, que «el simple uso regular de una crema hidratante en personas mayores puede reducir marcadores inflamatorios en sangre, lo que sugiere que cuidar la piel no solo mejora el aspecto externo, sino que también tiene efectos beneficiosos globales». Además, «también influye en el sistema psicosomático a través del contacto. Se habla mucho de la microbiota intestinal, pero la microbiota de la piel es igual de importante. Aún queda mucho por descubrir, pero sabemos que tiene un impacto enorme en la salud general».

CÓMO TENER UNA PIEL SANA

Más allá de tratatamientos estéticos y cosméticos, el doctor pone en valor el papel de lo que comemos en el cuidado de la piel. «La dieta es fundamental. Hoy en día se habla mucho de epigenética: la idea de que no dependemos únicamente de nuestros genes, sino que podemos influir en ellos a través de nuestros hábitos. En este contexto surge el término epinutrición, que hace referencia a cómo la alimentación puede actuar sobre nuestros genes«.

Para entenderlo, nos pone un ejemplo muy ilustrativo, el de las abejas. «La abeja reina y las abejas obreras son genéticamente iguales, pero presentan enormes diferencias: la reina es mucho más grande y puede vivir hasta diez veces más. ¿A qué se debe? A su alimentación. La abeja reina es alimentada exclusivamente con jalea real durante toda su vida, mientras que las obreras consumen una mezcla de polen. Este cambio en la dieta provoca diferencias radicales en su desarrollo. Algo parecido ocurre en los seres humanos. A través de la alimentación podemos influir en nuestra salud y, en consecuencia, en la calidad de nuestra piel. Sin embargo, no se trata de hacer una dieta puntual de tres semanas, sino de construir hábitos sostenibles en el tiempo. El secreto radica en aprender a disfrutar de los alimentos saludables, porque, si no disfrutas con lo que comes, será difícil mantenerlo en el tiempo».

¿Son las proteínas tan importantes como se nos dice? «Efectivamente, las proteínas juegan un papel fundamental. Es importante asegurarse de consumir una cantidad adecuada, aproximadamente más de 1,2 gramos por kilogramo de peso al día, especialmente en etapas como la menopausia o si se practica deporte de forma regular. Tampoco se trata de exagerar, ya que un exceso puede sobrecargar el organismo, pero sí de alcanzar un equilibrio adecuado».

El doctor Ruiz recalca que «lo ideal es obtener ese aporte proteico a través de la dieta. Huevos, pescado, carne, marisco y lácteos ofrecen proteínas de alta calidad, ricas en aminoácidos esenciales (aquellos que el cuerpo no puede producir por sí mismo). Las proteínas vegetales, como las de las legumbres, también son saludables, aunque contienen menor proporción de estos aminoácidos esenciales».

¿Qué hacemos con los suplementos? «Suplementos como la creatina pueden ser útiles en ciertos casos para mejorar el rendimiento o la masa muscular, pero no son imprescindibles para la mayoría de las personas. Muchas veces se les da más protagonismo del que realmente tienen, cuando la base debería ser siempre una buena alimentación«.

Esta misma regla, prosigue, se aplica «a productos como el colágeno o el ácido hialurónico. El colágeno es una proteína que, al ingerirse, se descompone en aminoácidos durante la digestión. Es decir, puedes obtener esos mismos aminoácidos consumiendo alimentos ricos en proteínas de forma más natural, económica y evitando productos procesados. Los suplementos pueden ser útiles si no se alcanza la cantidad necesaria a través de la dieta, pero no deberían ser la primera opción».

Especialista en dermatología oncológica resulta inevitable preguntarle por esta tendencia en auge de no utilizar cremas con protección solar. «La evidencia es contudente: el cáncer de piel aparece principalmente en zonas expuestas al sol, como la cara, las orejas o los labios. No es opinión, sino una realidad médica. Es cierto que algunos mensajes sobre la protección solar pueden parecer excesivos en el día a día, como aplicarse protector incluso en situaciones de mínima exposición. Sin embargo, también es peligroso trivializar los riesgos. Especialmente en personas con enfermedades fotosensibles, una exposición solar sin protección puede provocar reacciones graves».

En este asunto, como en casi todo, hay que mirar más allá del equí y el ahora. «A corto plazo, una piel bronceada puede parecer más saludable o atractiva, pero lo importante es pensar en el largo plazo: envejecimiento prematuro, daño cutáneo y riesgo de cáncer de piel«.

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¿Con qué nos quedamos de todo esto? «Con que cuidar la piel no depende de soluciones rápidas ni de suplementos milagro. Se basa en hábitos sostenibles: una buena alimentación, suficiente proteína de calidad, sentido común con los suplementos y una exposición solar responsable». Según explica este especialista, «estamos empezando a comprender cómo la piel influye en el envejecimiento y cómo podemos actuar sobre ella para envejecer mejor. Cuidarla no es superficial: tiene efectos sistémicos. Y, además, si te ves mejor, te sientes mejor, lo que también influye positivamente. Si cuidas tu piel, cuidas todo el organismo: tu cerebro, tu corazónl. ¡Es fascinante!».

Tan fascinante como su visión del paso del tiempo en esta era de culto a la juventud: «Las personas mayores de 50 años pueden ser un motor económico que genera empleo y riqueza y, al mantenerse sanas durante más tiempo, reducen el gasto sanitario. Se trata de pasar de la idea de ‘dejar un legado’ a la de ‘crear un legado» activo a partir de los 50, que es cuando comienza ese ‘veranillo de la vida’ del que habla Pascal Bruckner en ‘Un instante eterno. Filosofía de la longevidad’, un concepto que me parece absolutamente brillante». Brillante y inspirador. ¡A disfrutar de ese ‘veranillo’!

Fuente: https://www.elmundo.es/yodona/vida-saludable/2026/06/08/6a1ee2dbe85eced0428b4600.html

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