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Rayos X y una obsesión por un artista muerto: una expo muestra los secretos de un cuadro de Rubens | El Grito

Alguien en los sótanos del Museo Thyssen se ha pasado un año y medio rascando roña, barniz y cera de abeja de un cuadro apagado por el paso del tiempo. El lienzo es Venus y Cupido, una obra que Rubens pintó no para ganar dinero, sino por pura obsesión con un maestro muerto. Una exposición cuenta ahora los secretos de este lienzo.

 Héctor Serrano
Venus y Cupido, 1606-1611, Pedro Pablo Rubens © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Por Carlota Barreda / El Grito / EC

La sala 19 del Thyssen alberga hasta el 13 de septiembre una exposición de corte casi forense: el proceso de restauración de Venus y Cupido. Durante un año y medio, los restauradores del museo han trabajado en silencio para devolver al lienzo su luz original y garantizar que sobreviva al futuro.

La muestra no se limita a colgar el cuadro restaurado. A través de pantallas interactivas, textos de sala y un documental audiovisual, la pinacoteca permite al visitante asomarse al reverso del oficio: los análisis técnicos, los descubrimientos sobre los pigmentos y la lenta retirada de un barniz envejecido que falseaba la intención del pintor. Tras limpiar la superficie, fijar las grietas del craquelado y asentar la pintura, los colores originales han vuelto a la superficie.

Los dioses de Rubens resplandecen ahora bajo una luz más verídica. Una Venus de trenzas rubias mira su propio rostro en un espejo que sostiene Cupido, un niño alado y desnudo que ha dejado las flechas en el suelo para atender la vanidad de su madre. El dibujo subyacente ha revelado que la mirada de la diosa estuvo en un principio dirigida hacia el espectador a través del espejo, pero que, finalmente, el artista decidió desviarla hacia un lado para dotar a la escena de un mayor intimismo. Lo curioso de la escena es que no parecen deidades sacadas de un mito clásico; parecen más bien dos miembros de la nobleza europea retratados en una habitación cualquiera, arrastrando una humanidad densa y cercana.

‘Workshop Chair’, Jerszy Seymour. JSDW Editions, 2009
          © Jerszy Seymour Design Workshop

Detalle del cuadro Venus y Cupido

‘Acid Tracks’, Jerszy Seymour. Kreo Galerie, París, 2022
          © Jerszy Seymour Design Workshop

Detalle del cuadro Venus y Cupido

En el siglo XVII, la mitología era un género cotidiano en los talleres, y la obsesión por Venus y Cupido atravesó fronteras. Si en la Edad Media estos personajes servían para advertir contra el pecado del orgullo y la tensión entre la carne y el espíritu, más tarde ofrecieron a los pintores la excusa perfecta para el estudio del desnudo femenino y la búsqueda de la belleza ideal. Pero Rubens llevó esta fijación más allá que la mayoría.

Una copia casi exacta de Tiziano

Esa fijeza tenía un origen claro: la profunda admiración —casi una obsesión competitiva— que Rubens sintió durante toda su carrera por Tiziano. Tras descubrir al maestro renacentista en Italia, Rubens copió sus obras y estudió su uso del color y el cuerpo humano para integrarlos en su propio lenguaje visual.

Venus y Cupido, según vuelve a confirmar la reflectografía infrarroja llevada a cabo durante la restauración, es una copia casi exacta de un lienzo de Tiziano hoy perdido —Francisco Pacheco ya hizo referencia a ella en El arte de la pintura—, que Rubens conoció durante su segunda estancia en la corte española bajo el reinado de Felipe IV. Aunque el original de Tiziano desapareció durante la Guerra de Independencia, hay escritos que lo sitúan en el dormitorio de verano del rey y describen su apariencia: una Venus de pecho descubierto, túnica carmesí, un anillo en el dedo meñique y el niño con el espejo.

No fue, ni por asomo, la última ocasión en la que Rubens pintó esta alegoría sensual, pues se aferró a Venus y Cupido en una docena de ocasiones durante toda su trayectoria: siempre juntos, desnudos, acompañados de colgantes y abalorios perlados, intercambiando miradas huidizas y con la presencia de túnicas rojizas para materializar el deseo y la pasión. Tampoco fue lo único que imitó de Tiziano durante su estancia en España, pues también reinterpretó las famosas Poesías que Felipe II le encargó al italiano un siglo antes, dotándolas de las contorsiones, dramatismos y tensiones propias del Barroco.

 Vista aérea de la casa
          © AMT Labs

Autorretrato, 1638, Pedro Pablo Rubens © Museo de Historia del Arte de Viena

El lienzo no fue fruto de ningún encargo, ni tampoco una simple copia para practicar o poner a prueba su destreza. Cuando murió, Venus y Cupido fueron hallados en su casa de Amberes. Rubens quiso el cuadro para su propio disfrute, para poder apreciarlo diariamente y, probablemente, para tener siempre presente al fantasma de su ídolo.

Después de dos años en la sombra, la obra de Rubens vuelve a exponerse al público, y la nueva exposición permite un acercamiento no solo a las características materiales de la pintura, si no a la importante labor realizada entre bastidores que se esconde tras un proceso de restauración.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/el-grito/2026-07-03/venos-cupido-secretos-rubens-thyssen_4381747/

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