
A la memoria de don Manuel Díaz Cid,
en el séptimo aniversario de su fallecimiento.
“El poder es prisionero de sus propias mentiras
y, por tanto, tiene que estar diciendo
constantemente falsedades.”
V. Havel (2013), El poder de los sin poder
y otros escritos, Encuentro, p. 31.
Por Dr. Fidencio Aguilar Víquez
Los hechos que involucran a actores relevantes del régimen morenista gobernante dejan mal parado a su proyecto político y de país. La red del huachicol fiscal recientemente exhibida, el affaire Noroña con su casa de millonario y sus desplantes de poder, los afectos a los lujos de la diputada “Dato protegido” y su esposo, ¿acaso no reproducen la odiada premisa de “gobierno rico y pueblo pobre”? López Obrador tras su triunfo y al asumir la presidencia prometió dar fin a la corrupción y la impunidad.
En efecto, tanto en el Zócalo capitalino como en San Lázaro, el expresidente planteó cambios profundos —dentro del marco legal— para establecer una auténtica democracia y la reconciliación nacional, y marcar un rotundo «no» a la dictadura. La Constitución fue “saltada” con la sobrerrepresentación del 54 (real) al 75 % (artificial), la democracia se vuelve hegemónica y la reconciliación nacional no ha sido ni es prioridad para el régimen gobernante. Por el contrario, la premisa sigue siendo la polarización.
En ese primer discurso del 2 de julio de 2018 el expresidente quiso calmar las aguas. Además de lo anterior se pronunció por la libertad empresarial, las libertades de expresión, asociación y de creencias; dijo garantizar y promover las libertades y derechos cívicos y políticos. Habló de dos premisas que los gobiernos anteriores al de él habían establecido: la autonomía del Banco de México y la disciplina financiera. Añadió que no habría más impuestos ni endeudamiento ni gasolinazos. ¿Cumplió?
Habló también del pueblo mexicano. El heredero de grandes civilizaciones, honesto y trabajador; de hecho, planteó el perfil del nuevo mexicano: que trabaja, es feliz y si emigra a otros lugares lo hace por gusto. Habló de un Estado que une a ricos y pobres, a las ciudades y al campo, a los creyentes y no creyentes; en suma, dibujó un régimen inclusivo, de respeto a todos, aunque con la premisa de “primero los pobres”. Su estrategia de seguridad, sostuvo, sería el atender las causas: abatir la desigualdad.
Reconoció a Peña por no intervenir en la elección, a los medios por ser plurales y a las redes sociales. Dijo que no iba a traicionar la confianza de millones ni a fallar. Prometió “rectitud y justicia”, conducirse con ideales y principios. Se pronunció por poner en alto “la grandeza de nuestra patria” y, sobre todo, por una mejor sociedad, es decir, la dicha y felicidad de todos los mexicanos. En los hechos, utilizó la maquinaria estatal para hacer ganar a su partido y a su candidata en 2024, tras el trago amargo de 2021.
Al hablar sobre las falsedades del poder, Havel añade: “Falsedades sobre el pasado. Falsedades sobre el presente y sobre el futuro. Falsifica los datos estadísticos.” (1). Los “otros datos” del expresidente se establecieron como política de Estado, cuyas bases, me parece, las sostuvo y las mantuvo bajo imágenes simbólicas. En otros artículos he abordado el abuso de la historia y de una introyectada “superioridad moral” de la nueva clase gobernante. Hablaré brevemente de los elementos mítico-políticos del régimen.
Los antiguos rituales mítico-mágicos contaban con cinco elementos que componían el circuito de la convicción o creencia religiosa, arcana, misteriosa, sólo esclarecida en las palabras rituales. En la visión moderna prevalecen esos elementos, pero secularizados, es decir, “traducidos” a una visión de la historia, del Estado y de la dinámica política o del poder como nuevas “fuerzas” anímico-simbólicas. Esos elementos son: el sujeto, la meta, el camino, el enemigo y el “mesías” salvador.
El sujeto representa a quien se le habla —el “iniciado” ritualmente—, en este caso, al pueblo. En su mencionado discurso, el expresidente señaló: “Propongo al pueblo de México que pongamos un punto final a esta horrible historia y mejor empecemos de nuevo”. En un texto previo, había planteado su tesis central: “Sostenemos que la salida a la crisis actual de México es la honestidad. (…) me he propuesto convocar al pueblo para convertir esta virtud en una forma de vida y de gobierno. (…) la honestidad es un valor inherente a nuestras culturas.” (2) El sujeto es sacralizado, también quien lo representa.
El segundo elemento es la meta, el propósito: la tierra prometida. Se trata de “emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México, la construcción de una nueva patria, la reactivación económica y la pacificación del país.” (3) Añadió el expresidente: “Transitaremos hacia una verdadera democracia, se acabará la vergonzosa tradición de fraudes electorales. Las elecciones serán limpias y libres y quien utilice recursos públicos o privados para comprar votos y traficar con la pobreza de la gente o el que utilice el presupuesto para favorecer a candidatos o partidos, irá a la cárcel sin derecho a fianza.” (4). En suma, “bienestar material y bienestar del alma.” (5).
El camino es el tercer elemento. Se refiere este elemento al cómo conseguir llegar a la meta. El expresidente pareció en sus discursos señalarlo con claridad: “Recuérdese que luego de la etapa violenta de la Revolución, desde los años 30 a los 70, del siglo pasado, durante 40 años, la economía de México creció a una tasa promedio anual del 5%.” (6). Añadió sus megaproyectos del Tren Maya, Dos Bocas, el Tren Transoceánico y el programa de atención médica y medicamentos gratuitos en todo el país.
El cuarto elemento simbólico (mágico-ritual) es la visibilización del enemigo. De hecho esto es lo que ha prevalecido. Se plantea un enemigo que ha saqueado al país, que ha pervertido la vida pública y al que hay que vencer radicalmente. Se trata del régimen neoliberal, impulsado por el expresidente Salinas y continuado por el PRIAN, con Calderón como cabeza visible de la “mafia del poder”. Ésta encarna la corrupción y la impunidad que impiden el renacimiento de México.
Frente a esos enemigos, otrora poderosos y pervertidos, hay que seguir la voz del líder moral, la voz mesiánica, el líder nato del pueblo que encarna el antídoto contra esos enemigos. El quinto elemento es el mesías: “Con apego a mis convicciones y en uso de mis facultades, me comprometo a no robar y a no permitir que nadie se aproveche de su cargo o posición para sustraer bienes del erario o hacer negocios al amparo del poder público. Esto aplica a amigos, aplica a compañeros de lucha y familiares.” (7).
Todo esto, con las actitudes de los actores morenistas mencionados al inicio, ha sido desmentido, desacreditado o ignorado. Además los escándalos de SEGALMEX, la deuda pública billonaria completan un circuito de un uso del poder que V. Havel describió con crudeza: [el poder] “Da a entender que no existe un aparato policiaco omnipotente y capaz de todo. Miente cuando dice que respeta los derechos humanos. Miente cuando dice que no persigue a nadie. Miente cuando dice que no tiene miedo. Miente cuando dice que no miente.” (8).
Referencias:
1. V. Havel (2013), El poder de los sin poder y otros escritos, Encuentro, Madrid, p. 31.
2. A. M. López Obrador (s. f. e.), Este soy yo, p. 56.
3. A. M. López Obrador (2018) Discurso tras la jornada electoral; también: Discurso tras
protestar como Presidente de la República.
4. Ídem.
5. Este soy yo, op. cit., p. 67.
6. Discurso tras la jornada electoral y Discurso tras protestar como Presidente de la República, op. cit.
7. Ídem.
8. Havel, op. cit., p. 31.
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