De puertas para dentro, la princesa Diana pasó sus peores momentos en Sandringham House donde los Windsor celebran todos los años la Navidad. De cara a la galería, procuró exhibir siempre una amable sonrisa y sus mejores estilismos en la misa a la que la familia acude al completo el 25 de diciembre.

BLANCA DE ALMANDOZ / TELVA
ontaba su peluquero Richard Dalton en el libroThe Royals de Kitty Kelley que la princesa Diana odiaba ir a Sandringham en Navidad. «Me decía que hacía frío» y que la comida debía terminar obligatoriamente a las tres para que diera tiempo a escuchar el mensaje de la reina en televisión. Precisamente esa animadversión es la que inspira los acontecimientos de Spencer, la película en la que Pablo Larraín imagina las asfixiantes navidades de 1991 en la residencia de campo que la familia real británica posee en el condado de Norfolk.
Lady Di llega sola, en su propio vehículo, contraviniendo el protocolo y los deseos expresos de Su Majestad, para pasar unos días sometida a los designios y la estricta mirada de la mujer más exigente del Reino (Unido): su suegra. Encerrada entre las duras paredes de piedra de la casa de invierno, el sentimiento de extrañeza, la aflicción, no hacen más que intensificarse.
En aquellos años, la omnipresencia de Camilla habría acelerado un proceso de separación paulatina en el matrimonio que finalmente culmina con su divorcio de Carlos de Inglaterra. Por lo que, de puertas para dentro, Diana vivió allí sus peores momentos, abrumada bajo el peso de las tradiciones y torturada por sus propios sentimientos. Y aun así, de cara a la galería, exhibió siempre una amable sonrisa y sus mejores galas en el servicio religioso al que los Windsor acuden regularmente el día 25 sobre las 12 del mediodía en la iglesia de Santa María Magdalena de Sandringham.
Nadie ha vestido nunca mejor que Lady Di el día de Navidad y estas son las fotos que lo demuestran
Navidad de 1985: el icónico abrigo rojo

Con sombrero, botas negras y un manguito de pelo que le permitía mantener el calor corporal, las manos ocupadas y una postura reconfortante, prácticamente como un abrazo; el abrigo rojo de Diana en aquellas navidades es uno de sus looks más recordados. Apenas habían pasado cuatro años desde su boda y su matrimonio se enfrentaba a los primeros rumores de crisis y de infidelidad. Con un abrigo rojo pasión, rojo alerta, rojo dinamita, Lady Di anticipaba sin saberlo en principio del fin.
Navidad de 1988: el sombrero siempre a juego con el traje

De acuerdo con sus biografías, la llegada de Sarah Ferguson a la familia lo cambió todo. Las dos amigas pasaban mucho tiempo juntas y, por fin, Diana tenía una aliada con la que poder disfrutar de los días en el campo. Con sendos trajes de chaqueta y falda lápiz prácticamente coordinados, aquellas Navidades, Diana escogió un traje azul con solapas en contraste a juego con sus ojos, medias de cristal y unos zapatos de salón bajo. Los detalles en color cian recuerdan al clásico eyeliner con el que solía subrayar su mirada.
Navidad de 1987: el traje de chaqueta y falda ultravioleta

No eran sólo los Windsor, a Diana, la Navidad le recordaba la marcha de su madre, asegura Simone Simmons en Diana: The Last Word (Diana: La última palabra). Con algunas excepciones (motivadas, sobre todo, por la presencia de sus hijos), su rostro siempre reflejó cierta tristeza, no así su estilismo, siempre impecable y con un punto moderno y tendencia seguramente para imponer su criterio y su persoanlidad en lo que a todas luces era un territorio hostil.
A partir de 1987, cuando apareció con un traje de chaqueta violeta con solpadas y puños en contaste exquisito con el que parecía un figurín de moda, los tabloides infomaron de que, durante las seis semanas que duraban las vacaciones en Sandrignham, Diana procuraba escaparse a Londres.
Navidad de 1991: el momento más crítico

Las Navidades de 1991 son las que Pablo Larraín llevó al cine en 2021. En Spencer, su apellido de soltera, Diana abrumada por la rabia, la soledad y la decepción, cruza su mirada con Camilla, precisamente, en la misa de Sandrigham. En la ficción no lleva el espectacular traje de chaqueta lila con detalles turquesa que lució en la realidad. Probablemente, trataba de poner algo de color a los días más grises.
Finalmente, Diana y Carlos se separaron formalmente en diciembre de 1992 y Sarah Ferguson, separada del príncipe Andrés en 1992, no volveria al servicio religioso hasta 2023.
Navidad de 1993: el abrigo rojo de la victoria

Después de su divorcio, Diana recuperó el abrigo rojo de la Navidad de 1985. Aunque no era exactamente el mismo modelo, definitivamente era un guiño al inicio del fin que combinó con sun sombrero negro con un velo de rejilla y la mayor sonrisa que jamás exhibió en Sandringham.
Navidad de 1994: la última en Sandringham

Pese a su divorcio y su supuesta aversión al plan, Diana accedió a pasar la Nochebuena de 1993 y 1994 en Sandringham donde la vimos con un gorro y un abrigo con detalles de pelo a juego, botines marrones con medias y pendientes de perlas. No era negro, pero casi. Después de la misa y el tradicional paseo real, regresó al palacio de Kensington para pasar del día de Navidad sola. En los años siguientes cuentan que la incomodidad era tal que decidió dejar de asistir.
Fuente: https://www.telva.com/moda/looks/2025/12/25/69270d8801a2f1fb308b4597.html