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Menopausia, el regalo de una nueva etapa | Magazine

La obra ‘Hallucination: (Alexandria)’, de Ania Soliman, artista que retrata la cotidianidad afectada por los espacios digitales | GALERÍA ÀNGELS BARCELONA

Coché Echarren / Magazine

Primero fue la regla, que llegó cuando éramos niñas aunque el mundo de repente nos llamara mujeres. Qué tremendo eso de tener que escuchar “ya eres una mujer” de la boca de cualquier adulto cuando tienes 12 o 13 años. Luego vinieron años de sangrar unos días al mes. Eso iba unido a cosas como un dolor agudo (a veces), un aumento temporal en el tamaño del pecho y la tripa (siempre), la salida de algún grano y saber que no estás embarazada si es que lo habías buscado o habías corrido el riesgo sin quererlo. Durante esa etapa larguísima, las mujeres nos acostumbramos a convivir con todo eso con aceptación, sin especial queja ni alegría.

Y entonces llegó la menopausia: la etapa en la que, de pronto, todos los días del mes son iguales. Tiempo por delante para poder ir a nadar sin pensarlo mucho o llevar ropa blanca cualquier día. En la que la vida sexual ya no tiene nada que ver con la posibilidad de reproducción.

La menopausia no es una enfermedad, sino una transición biológica

¿Quién dijo que esta era una etapa crítica de la vida? Un médico francés del siglo XIX. “Ella pierde sus encantos sin esperanza de volver a recuperarlos; se lamenta de los placeres que no son propios de su edad y pinta el futuro con los colores más tristes”, escribió Charles Pierre Louis de Gardanne. “Graves peligros siguen al cese de la fertilidad”, añadió. Adela Muñoz Páez lo recoge en su libro Postmenopausia: todo lo que la ciencia sabe sobre el resto de tu vida. Fueron palabras tan “científicas” como estas las que fijaron un imaginario que aún hoy persiste.

La OMS sitúa la edad media de la menopausia en torno a los 50 años en Europa y recuerda algo básico: no es una enfermedad, sino una transición biológica. La North American Menopause Society estima que entre el 70 y el 80 % de las mujeres experimentan algún síntoma, pero también señala que su intensidad y vivencia dependen en gran medida del contexto social, la salud general y las expectativas culturales. No es lo mismo atravesarla como caída que como cambio.

Silvia Abril ha abordado el tema de la menopausia en su libro ‘Pérdidas de risa. Historias de una mujer imperfecta’ (Patricia J Garcinuno)

Estrella Pujol, fundadora de Oxigen Bellesa y referente en el mundo de la estética, asegura que “es muy habitual oír hablar de la menopausia como si fuera un trastorno personal casi severo, cuando se trata de un cambio natural, tranquilo, que suele coincidir con una época de situación profesional estable, en la que quienes tienen hijos los tienen ya crecidos… Un gran momento para quererte más, que habría que vivir sin angustia”.

Pero toda creencia termina por generar realidades y, desde luego, por poner el ojo en aquello que la reafirma. Por eso hablamos constantemente de los signos del envejecimiento como si estuvieran indisociablemente ligados a la menopausia (y no simplemente al paso del tiempo) y de los síntomas reales como si fueran graves problemas a corregir. De nuevo (como si no hubiéramos tenido bastante con los primeros cincuenta años), aparece una exigencia: en la etapa que podría ser de liberación, nuevas cadenas nos atan y todo parece confabularse para que dediquemos nuestra energía a evitar síntomas y a sostener una determinada imagen no al modo Rubens, más adaptado a la realidad, sino a lo Klimt. Eso sí, ahora lo llamamos autocuidado.

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Sexo, mentiras y hormonas bioidénticas

Esta etapa en que la mujer ya no puede concebir podría ser también la más libre si le sumáramos el disfrute del deseo. Hay muchas mujeres que aseguran haber empezado a vivir sus mejores experiencias sexuales justo en este momento. Otras, en cambio, encuentran dificultades, y la sequedad vaginal (tan frecuente) puede tener algo que ver, porque estamos acostumbrados a colocar en la penetración el centro de esa experiencia. Ante esto, conviene recordar lo que puso sobre la mesa Shere Hite en El informe Hite: alrededor del 70 % de las mujeres encuestadas afirmaban no alcanzar el orgasmo durante el coito. Medio siglo después, los estudios no desmienten la idea de fondo: la centralidad de la penetración responde más a una construcción cultural que a una realidad fisiológica.

De modo que, si a partir de los 50 una mujer decide no entregarse a la multitud de tratamientos destinados a recuperar la lubricación, quizá no esté renunciando a algo esencial, sino simplemente a una parte del repertorio. Una que, en muchos casos, no fue principal fuente de placer.

Esta etapa en que la mujer ya no puede concebir podría ser también la más libre si le sumáramos el disfrute del deseo

Existe una oferta desbordante de soluciones para cualquiera de las molestias asociadas a esta etapa: desde la terapia hormonal sustitutiva a las llamadas hormonas bioidénticas, pasando por los tratamientos estéticos, por los suplementos que suavizan los sofocos… El mercado ha detectado la importancia social de un sector de la población con buen nivel adquisitivo y que supone un porcentaje estimado del 23 % solo en España (datos del INE señalan que aproximadamente el 44 % de la población española tiene 50 años o más. Se estima que las mujeres representan el 23-25 %). Y no lo quiere perder. 

Hay otra idea que genera angustia y que arrastra a muchas mujeres hacia las clínicas especializadas: el temor a ser víctimas de una “masculinización” repentina. Resulta bastante curioso que se mantenga esa narrativa precisamente cuando se exageran los rasgos asociados a “hembra”: no es extraño que crezca el pecho, que desaparezca el vello corporal o que gane volumen la cadera, entre otras cosas.

Pilar Castro es otra de las famosas que ha hablado sin tapujos de la menopausia (Patricia J Garcinuno)

La ‘plenopausia’

Ensayos de antropología como los de Merlin Stone o Phyllis Kaberry describen sociedades en las que las mujeres mayores ocupaban lugares centrales como depositarias de conocimiento. La antropóloga Margaret Lock lo formuló con claridad: la menopausia no es solo un hecho biológico, sino también una experiencia “histórica y culturalmente producida”. Estudios comparativos citados en revistas como The Lancet o Menopause Journal muestran que la vivencia de los síntomas varía notablemente entre países.

Tal vez la mejor terapia sea, precisamente, salir de ese marco. Librarse de la mirada implacable con la que hemos aprendido a leer el paso del tiempo en los cuerpos de las mujeres. Y tal vez, ahora que la palabra menopausia ha dejado de ser tabú, sea el momento de ir un poco más allá y celebrarla. Disfrutar de ese paseo más suave por los humores, de esa libertad a la que se aspiraba en la juventud, de una nueva sensación de plenitud. Y también, por qué no, de las cremas, los lubricantes o los tratamientos en cabina que aportan placer y desinflamación, pero sin dejar que se conviertan en obligación. Realmente, ¿quién cambiaría esta etapa por una de las anteriores?

Fuente: https://www.lavanguardia.com/magazine/bienestar/20260406/11504271/menopausia-regalo-nueva-etapa.html

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