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Mayas, el esplendor de la civilización de los reyes sagrados | National Geographic

En los siglos VII y VIII, las ciudades del mundo maya estaban gobernadas por «reyes sagrados» que manifestaban su poder a través de espectaculares rituales

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

La sociedad maya alcanzó su apogeo social, político y cultural a lo largo de los siglos VII y VIII, en el llamado período Clásico Tardío. Fue entonces cuando la población maya alcanzó su apogeo. Las innovaciones tecnológicas, el éxito de los sistemas de explotación de los recursos y el control administrativo por parte de las élites políticas urbanas hicieron que las ciudades se multiplicaran por todo el territorio maya.

Con diferencias derivadas de tradiciones autónomas, estas ciudades compartían una forma urbana común. Todas tenían un área monumental en la que se levantaban altas pirámides con templos en su cúspide, algunas de las cuales contenían en su interior tumbas suntuarias de gobernantes. En torno a plazas y patios conectados por calzadas se alzaban palacios, santuarios y plataformas, así como juegos de pelota, baños de vapor o depósitos de agua. Junto a estos conjuntos arquitectónicos monumentales, y a veces mezcladas con ellos, se extendían áreas residenciales compuestas por casas, cocinas, talleres, almacenes y zonas de desecho, con parcelas agrícolas y de producción a su alrededor. Estas áreas se agrupaban en barrios, en medio de un paisaje muy transformado por la acción humana.

Las ciudades mayas ejercían una multitud de funciones. Eran centros residenciales y administrativos, tenían escuelas, acogían cortes de justicia y eran escenarios de ceremonias de recepción, fiestas y espléndidos rituales. Ciudades como Palenque, Yaxchilán, Tikal, Copán, Uxmal o Chichén Itzá aparecían decoradas y acondicionadas de manera fastuosa.

El país de  los mayas. Los arqueólogos han localizado cientos de yacimientos mayas, repartidos entre las Tierras Altas y la llanura del Yucatán. Cartografía: Eosgis.com

Reinos en lucha

Los más de sesenta reinos mayas que existieron durante el periodo Clásico mantuvieron una intensa competencia por el control de los tributos, de la agricultura, de las materias primas y del comercio de artículos de lujo y de prestigio personal. Solo algunos de ellos –como Calakmul, Tikal o Chichén Itzá– fueron capaces de forjar poderosas hegemonías sobre amplios territorios. El arte maya muestra con frecuencia escenas palaciegas en las que los señores, rodeados de sus cortesanos, reciben a enviados de otras ciudades que les entregan cautivos, regalos o tributos en forma de mantas de algodón, cacao, jade, conchas marinas o vistosas plumas.

La guerra fue el principal instrumento para que las ciudades más poderosas impusieran su dominio más allá de su territorio. Aunque no eran guerras de conquista, pues las ciudades derrotadas seguían manteniendo sus gobernantes, el éxito militar era una fuente de orgullo y de poder así como de riqueza, gracias a la fuerza de trabajo capturada, los saqueos y los tributos. El mismo fin –expandir su área de influencia– tenía la intensa actividad diplomática desarrollada por muchos gobernantes mayas, que incluía los matrimonios entre miembros de la élite, los festivales y las visitas reales. Igualmente, los reyes más poderosos extendían su supremacía acogiendo en su corte a los hijos de los gobernantes de otros reinos subordinados.

En lo más alto de la jerarquía de cada ciudad había siempre un rey en torno al cual se desarrollaba una fastuosa y brillante corte. En ella, las mujeres desempeñaban un destacado papel. La presencia de reinas y princesas era esencial para asegurar la descendencia real, la pureza de sangre y el fortalecimiento de alianzas políticas.

Además, en el siglo VIII, en algunos centros del occidente maya, las mujeres reinaron con la misma categoría y responsabilidad que los hombres, se enterraron con el mismo lujo que estos y fueron representadas en el arte público con una iconografía similar. Algunas de ellas también ocuparon cargos sacerdotales y administrativos.

El rey y su corte

En torno al rey se movía un círculo cortesano formado por sus familiares y por otros nobles, que ostentaban una amplia variedad de títulos.

Había varios tipos de sacerdotes, como el ti’sakhuun («portavoz de la diadema blanca»), sacerdote supremo encargado de pronunciar oráculos, o el ajk’uhuun, («quien adora [al rey]»), quien también actuaba como escriba o maestro. Por su parte, el yajawk’ahk’ («señor del fuego») es mencionado a menudo en actos de guerra en los que en ocasiones ejercía funciones sacerdotales.

Los sajal («el que teme») eran gobernadores de centros secundarios que también podían estar presentes en la corte, mientras que los lakam se encargaban de recaudar tributos y hacer levas de guerreros. En las cortes figuraban asimismo escribas, escultores y diversos cargos de la administración, la milicia y el sacerdocio, así como personajes más humildes dedicados a atender todas las necesidades del rey y de su corte, desde enanos y jorobados hasta cantantes, actores, músicos y toda clase de sirvientes.

Calakmul

Las sofisticadas cortes mayas requirieron los servicios de centenares de personas. Una multitud de sirvientes y artesanos, agricultores, productores y comerciantes, que constituían más del 97 por ciento de la población, se vinculó a las ciudades y a la nobleza, dado que estas les ofrecían protección y satisfacían sus necesidades económicas y religiosas.

Reyes y dioses

Los reyes del período Clásico eran conocidos como k’uhul ajaw, o «rey sagrado». El término pone de manifiesto la importancia que tenía la religión para legitimar el dominio de los monarcas. No hay certeza de que fueran considerados dioses en vida, pero sí manifestaban cierta esencia de divinidad. Así, era habitual que al subir al trono cambiaran su nombre y adoptaran el de un dios, como el del Sol, K’nich. Por ejemplo, tras su entronización en el año 702, el rey de Palenque pasó a llamarse K’inich K’an Joy Chitam, «Dios del Sol Amarillo Jabalí Manso», como se recoge en el Tablero del Palacio de Palenque.

Del mismo modo, se creía que el rey, tras su muerte, se equiparaba con el Sol u otras deidades relacionadas con la fertilidad, como el dios del maíz o de la lluvia. En la tapa del sarcófago de K’inich Janaab’ Pakal, en el Templo de las Inscripciones de Palenque, este gran soberano fue representado como personificación o encarnación póstuma de Unen-K’awiil, «Bebé-K’awiil», la forma infantil del dios del maíz y la fertilidad. Otras veces, los reyes mayas adoptaban la apariencia de dioses del inframundo. Una estela de la ciudad de Naranjo muestra al rey K’ahk’ Tiliw Chan Chaahk (nombre en el que aparece invocado Chaahk, dios relacionado con el fuego y el rayo) el día de una victoria militar. El monarca aparece de pie sobre un prisionero vencido y vestido como el dios Jaguar del inframundo, en un acto que se conocía como «entrar en la cueva».

Príncipe de Palenque. U Pakal K’inich, príncipe de inicios del siglo VIII, en el panel de la pilastra 4 del Templo XOX de Palenque. Foto: Alami / Cordon Press

Los reyes mayas también pretendían que estaban en posesión de poderes oscuros que les permitían satisfacer sus intereses y los de su comunidad, poderes con los que incluso podían controlar desde la distancia las almas de personajes poderosos de otros reinos y territorios enteros. Así, varios nombres personales de la realeza maya parecen casi idénticos a los de los wayoob –seres híbridos que pueden ser interpretados como personificaciones de enfermedades y otras fuerzas nocturnas asociadas con la brujería–, como si fueran encarnaciones y manifestaciones directas de estas fuerzas.

Sangrado y sacrificio

La ideología de la realeza divina, desarrollada de manera centralizada en el ámbito de las ciudades, necesitaba imponerse al conjunto de la población, que, por su parte, profesaba una religión animista basada en prácticas mágicas que garantizaban las buenas cosechas o protegían de la enfermedad.

Para ello, las monarquías mayas hicieron gala de una serie de impactantes rituales públicos. Uno de ellos era el sangrado, una ceremonía en la que reyes, reinas y nobles se infligían heridas –en los genitales o, en el caso de las mujeres, en la lengua– con la finalidad de entrar en trance y contactar con la divinidad y con los antepasados para poder traerlos al mundo de los vivos. Otro ritual importante era el sacrificio de cautivos de guerra a los que se decapitaba y se les extraía el corazón. En ocasiones, el sacrificio se producía al término de un partido de juego de pelota, una práctica cultural que en su origen estaba relacionada con un importante mito de la creación del mundo y del ser humano.

Chichén Itzá

A lo largo de los siglos IX y X, el mundo maya sufrió un profundo cambio (no un «colapso», como muchas veces se dice). En un escenario de largas sequías, deterioro ambiental y guerra endémica, el modelo de la realeza divina que había perdurado más de un milenio entró en crisis, al igual que la sociedad aristocrática que lo había sostenido. Cesaron las construcciones públicas, la escultura dinástica y la producción de bienes de lujo, y muchas capitales políticas quedaron abandonadas. A partir de entonces la sociedad maya se concentró en el norte de Yucatán (México) y en los lagos de Petén (Guatemala), donde la antigua realeza divina daría paso a gobiernos de carácter más colectivo.

En la corte de un rey maya

Muchos vasos mayas llevan una decoración pictórica que recrea diversas actividades que tenían lugar en los palacios reales. A continuación se muestran dos ejemplos.

Un gobernante y su esposa. Un gobernante de Tikal, Yax Nuun Ayiin II ①, que subió al trono en 768, porta una lanza ② y una sonaja ③ y lleva un tocado de caimán de hocico curvo ④. Detrás, un asistente sostiene un espejo de pirita ⑤, utilizado por los gobernantes para la adivinación y las visiones sobrenaturales. Frente a él, su esposa ⑥, con un huipil o túnica decorada con diseños geométricos y florales, le entrega una máscara ⑦ como parte del atuendo para una ceremonia.

Escribas y sacerdotes. Vestidos con faldellines ① y calzados con sandalias ②, los cortesanos de este vaso se distinguen por sus tocados. Tres llevan un tocado de red ③ propio de los escribas, mientras que los otros dos lucen uno cónico ④ característico de los sacerdotes. Tres de ellos portan asimismo un abanico de plumas ⑤. En el centro aparece un enano ⑥ con tocado de sacerdote. Los enanos eran figuras importantes, pues se creía que poseían conocimientos especiales.

Para saber más

Ensayo. La civilización maya. Robert J. Sharer y Loa P. Trazler. FCE, México, 2006.

Ensayo. La caída del imperio maya. David Webster. Destino, Barcelona, 2003

Este artículo pertenece al número 268 de la revista Historia National Geographic.

Foto inicial: Yaxhá. La pirámide de los Tableros, o estructura 11 de Yaxhá, se alza en la acrópolis norte y fue construida durante el Clásico Tardío, entre 700-800. El sitio arqueológico de Yaxhá se encuentra en el departamento de Petén, en Guatemala. Foto: Laurent Nilles / Gtres

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/edicion-impresa/articulos/mayas-esplendor-civilizacion_25639

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