Hoy, 14 de febrero, Día de los Enamorados, no vamos a decir que estar soltera está de moda, porque tampoco es cierto. El amor ofrece muchos beneficios cuando el vínculo es sano, la cuestión es que por fin se empieza a dejar de creer en mitos fantásticos: «El amor romántico no es el enemigo: lo es su versión idealizada», dice la psicóloga Marian Barrantes.

LAURA RODRIGÁÑEZ / TELVA
En 2019, Bad Bunny, Daddy Yankee y Lunay lanzaron el single Estar soltera está de moda. En la canción, versos como «Que nadie le reclame» o «Porque no quiere que nadie, le vuelva a fallar» demostraba la subversión frente al amor romántico idealizado más que hablar un cambio sociológico real. ¿De verdad creemos que la soltería es un estado emocional mejor a una relación de pareja? «Vivimos una etapa emocionalmente compleja. Nunca se ha hablado tanto de amor, relaciones, apego y vínculos… y, al mismo tiempo, nunca ha habido tanta ambivalencia frente a ellos. Se celebra la soltería, se cuestiona el compromiso, se analizan las relaciones desde la psicología y se critican los modelos tradicionales. Pero, lejos de significar un rechazo al amor, todo esto parece reflejar algo más profundo: estamos revisando las bases sobre las que lo construimos», señala Marian Barrantes, psicóloga experta en terapia de parejas.
Falta hacía revisar los cimientos de las relaciones de pareja que se han construido socioculturalmente para darnos cuenta de que no es el amor el culpable de todos los males, sino la educación afectiva que hasta ahora habíamos sostenido en torno a las relaciones de pareja. Los mitos, las creencias y las tradiciones que se olvidaban de establecer un vínculo respetuoso y consciente. «Cuando el vínculo obliga a sacrificar de manera constante aspectos esenciales de uno mismo, cuando el esfuerzo por sostener la relación erosiona la autoestima o genera una sensación de pérdida interna, el afecto por sí solo no compensa. El amor puede existir, pero no todo amor construye. La clave no es cuánto se quiere, sino cómo se sostiene ese querer en el día a día», señala la experta.
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el amor no pasa de moda
Hablando con Marian Barrantes es fácil cambiar el enfoque radicalista del todo o nada. Estamos, como dice la experta, en una época de transición lógica a la luz de los cambios sociales que han ido aconteciendo en las últimas décadas; especialmente el cambio de rol femenino. No podemos dejar de creer en el amor porque una parte de la masculinidad no haya sabido aceptar los cambios ni se atreva a derribar los mitos que le conceden una postura ventajosa en la relación. También, todo hay que decirlo, tenemos el derecho y el deber de derribar los mitos y las fantasías con las que hemos idealizado que el amor todo lo puede.
El amor requiere trabajo y no tiene por qué durar para siempre, pero eso no significa que el amor haya pasado de moda. «Quizá lo que estamos viviendo no es una crisis del amor, sino una crisis de expectativas. Estamos aprendiendo que amar no es fusionarse, que comprometerse no es perder libertad y que estar sin pareja no es fracasar. Estamos intentando construir relaciones que no se sostengan por miedo, dependencia o presión social, sino por elección», subraya Marian Barrantes. Ese es el verdadero cambio sociológico que, por otra parte, está vivo y en evolución.
Las nuevas formas de relacionarnos, con la digitalización del entorno, también está abriendo un mundo de posibilidades en el universo del amor; lo cual no lo empobrece, al contrario. Antes, la soltería como las microrrelaciones estaban demonizadas, no formaban parte del guion establecido en sociedad. Se degradaba esa condición públicamente. «Ensalzar la soltería es, en gran medida, una reacción saludable frente a una historia de dependencia estructural, especialmente para las mujeres. Es una forma de reivindicar que el valor personal no puede depender de la elección de otro. La soltería ya no se percibe únicamente como ausencia de vínculo, sino como espacio de desarrollo personal, autonomía económica y construcción de identidad», analiza la psicoterapeuta.

La cuestión es el enfoque: no podemos concebir la soltería como la antagonista del amor romántico idealizado, una salida de emergencia ante creencias opresoras. Reivindicar la soltería no debería significar la negación del amor. «Significa separar el amor de la urgencia y del miedo a quedarse y estar solo. No se trata de elegir entre independencia o pareja, sino de aprender y entender que la independencia no desaparece por vincularse», puntualiza Marian Barrantes para confirmar que el amor sigue estando igual de vigente. «No vivimos necesariamente en una era sin amor, sino en una era donde el compromiso se negocia más que se asume. Y esa negociación requiere habilidades emocionales que no siempre hemos aprendido.
El valor del bien amar
«El amor romántico no es el enemigo: lo es su versión idealizada», distingue Marian Barrantes. Según la experta podemos rescatar la ilusión, la admiración y el deseo sin caer en la fantasía de que el amor elimina el conflicto o resuelve todas las carencias personales. Recuperar el amor romántico desde la adultez implica integrar pasión y responsabilidad. Implica comprender que el otro no viene a completar vacíos, sino a compartirun proyecto emocional desde la autonomía. «El problema no es sentir intensamente. El problema es exigir que esa intensidad se mantenga intacta y sin esfuerzo. El amor adulto no es menos emocionante, sino más consciente», añade.
Vivir una relación de pareja construida con los ingredientes básicos del bien amar (respeto, confianza, esfuerzo, compasión…) tiene muchos beneficios psicológicos y biológicos que no debemos olvidar. «Desde la teoría del apego sabemos que contar con una relación segura favorece la regulación emocional, reduce la ansiedad y aumenta la sensación de estabilidad y confianza frente al entorno. Saber que hay alguien disponible, que escucha y sostiene, genera un efecto amortiguador frente al estrés cotidiano», apunta la psicóloga.
El amor, además, es una experiencia reguladora que ayuda a bajar el estrés al generar oxitocina, una de las hormonas del bienestar. Y en el plano psicológico también tiene beneficios altamente demostrados, como los relacionados con el crecimiento personal. Claro que, para ello, es mucho más importante la calidad del vínculo que el estado civil. «Una relación conflictiva o insegura puede generar más malestar que bienestar», apunta Marian Barrantes. «Estar en pareja suma cuando no exige la renuncia sistemática a uno mismo. Suma cuando acompaña el crecimiento, no cuando lo limita».
Hoy las relaciones no son necesariamente más frágiles, sino más conscientes: vínculos que se negocian, se redefinen y exigen habilidades emocionales que antes no necesitábamos. Esta libertad de elegir conlleva cierta ansiedad, pero la mejor forma de verlo quizá sea contemplarlo como una gran oportunidad para construir conexiones auténticas y que cada compromiso se sostenga por decisión y no por obligación. Al aprender a asumir la responsabilidad de nuestras elecciones afectivas, descubrimos que el amor verdadero no es automático ni dado, sino cultivado cada día. Y que la belleza de una relación consciente reside en la voluntad de quedarse, una y otra vez, después de cada negociación. Que habrá muchas.
Fuente: https://www.telva.com/bienestar/2026/02/14/698f1a7802136e4a188b4590.html