#ElRinconDeZalacain | El aventurero repasa anécdotas con la herbolaria mexicana y el calificativo de «Mano de santo» para algunos medicamentos tradicionales
Por Jesús Manuel Hernández*
Una vecina de la abuela de Zalacaín tenía por costumbre regalar hierbas secas para curar enfermedades de los conocidos del fraccionamiento. Tomó fama por su alto conocimiento de la herbolaria y algunas veces era acertada.
A la vecina le apodaban “Doña Socorro”, – su verdadero nombre era María Auxiliadora- y tenía raíces familiares entre Cuetzalan y Coxcatlán.
Alguna vez se topó Doña Socorro con un caso de una asistente de casa rica, sirvienta. Con problemas de embarazo, casi un aborto, y se apersonó con una mezcla de plantas donde aparecía el “Capulín agarroso”, la “hortiga” y otra llamada “Pegarropa”, el consumo de varias tomas le ayudó y pudo dar a luz sin problemas con ayuda de una partera.
Los vecinos empezaron a buscarla para otros padecimientos, especialmente cuando se presentaban los “aires” de Otoño, finales de Octubre y principios de Noviembre. Algunos de ellos acostumbraban visitar los panteones y llevaban consigo algún aguardiente y cigarros, era común fumar en el cementerio y tomar un trago para “evitar el mal de aire” decían.
Doña Socorro tenía sus remedios, usaba la cáscara de aguacate, el gordolobo, la Ruda, “Epazotillo” y muchas otras plantas, para hacer un menjurje y frotarlo en el cuerpo o hacer un té, servía, según ella para “sacar el susto”.
Cuando alguien decía padecer un “derrame de bilis”, recomendaba la “Vara negra”, la “Uña de pollo”, la berenjena y algo llamado “Sangre de grado”.
Uno de los familiares de la abuela tenía diabetes y un día se presentó con Doña Socorro para “consultarla”, ella sacó una mezcla de Zapote blanco, Cedro y una hierba llamada “Guadalupano”, el pariente tomó toda su vida la pócima y decía de ella es “Mano de Santo”, vivió hasta cercanos los 90 años y no murió de los daños de la glucosa, los médicos dijeron “murió de senilidad” comiendo una torta de frijoles con queso fresco.
Una de las tías abuelas también decía de la cebolla “Mano de Santo”, le atribuía poderes para aumentar la fuerza y rechazar enfermedades derivadas de alergias y males bronquiales.
Y contaba la tía abuela sobre un texto leído por ella en alguna parte, nunca se acordaba dónde, para reforzar sus argumentos: “los trabajadores que construyeron las pirámides de Egipto, comían muchas cebollas, lo mismo hicieron los judíos para sobrevivir en el desierto…”
La tía consumía a diario una buena porción de ensalada de garbanzos con cebollas finamente picadas y un aderezo de aceite de oliva, vinagre de Jerez y un toque de orégano. Nunca padeció de niveles altos de colesterol y murió a los 92 años, recordaba Zalacaín.
Pero eso de la “Mano de Santo” tenía una explicación al margen de las pócimas de Doña Socorro y los consejos de la tía abuela.
De hecho, la cita está relacionada con la vida de los santos, bueno, más bien con las reliquias de algunos santos, Judas Tadeo y Teresa de Ávila quizá sean los más famosos.
Alguna vez Zalacaín había escuchado sobre la presencia de la Mano de Santa Teresa, incorrupta, en el Palacio del Pardo mientras gobernó Francisco Franco, e incluso en su lecho de muerte.
Para muchos, se trata de una superstición muy antigua, tocar, besar, la reliquia de un santo ayudaba a curar un mal o a conseguir un deseo, y la mano, era la reliquia más codiciada por los reyes.
Para los mexicanos también hay una especie de “Mano de Santo, llamada “Mano Santa”, y se refiere, según las costumbres de pueblos originarios, a la Piper Auritum, coloquialmente llamada “Acuyo” en Veracruz u “Hoja Santa“ en Puebla.
A la abuela del aventurero no le gustaba, pues alguna vecina le había hablado del uso de la Hoja Santa como ingrediente de algunas pócimas de hechiceros.
Pero al aventurero se le ocurrió alguna vez, presentarle un guiso de “Chucumite” en Acuyo y a la abuela le encantó, pero esa, esa es otra historia.
YouTube El Rincón de Zalacaín
* Autor de “Orígenes de la Cocina Poblana” Editorial Planeta.