Los Periodistas

Los misterios de Kim Yo-jong, la mujer más peligrosa del mundo: «Puede sonreír y hablar de paz, pero está al lado del botón nuclear» | PAPEL

La hermana de Kim Jong-un no sólo es la mano derecha del dictador norcoreano y la cara bonita del régimen. «Es un arma diplomática sin precedentes», revela el autor de ‘La hermanísima’, retrato de la primera mujer al mando en Pionyang

Kim Yo-jong, en un discurso al pueblo norcoreano en 2022.AP

Madrid

Juegos Olímpicos de invierno de 2018. Escenario: el aeropuerto internacional de Seúl. Por primera vez un miembro del linaje del monte Paektu pisaba Corea del Sur desde 1950, cuando el fundador de la dinastía cruzó la frontera para invadir al vecino. Quien visitaba el país no era el mandamás del régimen norcoreano, Kim Jong-un, sino una mujer joven, de postura erguida y mirada serena en un contexto que no invitaba precisamente a la calma.

Con los años, esa silueta tranquila que pasó por el aeropuerto ha ido tomando otra forma en la arquitectura del poder de Pionyang. Hoy se la señala como la número dos del país: la que opera a la sombra del dictadorMás fría, más sagaz y, a menudo, más violenta. Ha reprendido de manera repetida al presidente surcoreano, llamándolo desde «insolente» a «desvergonzado», «trastornado», «perro asustado», «imbécil» y «tonto». En definitiva, un hombre que, según ella, «se ató al cuello la soga del servilismo proestadounidense».

Se trata de Kim Yo-jong, la hermana pequeña (y mano derecha) de Kim Jong-un. Fue la última en nacer de los tres hijos que Kim Jong-il, entonces líder supremo de Corea del Norte, tuvo con su consorte favorita, una bailarina llamada Ko Yong-hui. Ha sido mimada con devoción desde su infancia. Tanto su padre como su madre la llamaban «mi dulce princesa Yo Jong».

En los banquetes familiares, Yo-jong era la que se sentaba al lado de su padre. Cuando tenía ocho años, el mandamás del Reino hermético nombró a la cantante norcoreana del momento, Jong-nyo, compañera oficial de juegos de su hija. Pero esta, en una pataleta infantil, la despidió. Ese fuerte carácter siempre ha acompañado a Yo-jong, quien, ya de adulta y con un poder casi ilimitado, ya no despide sirvientes, sino que manda ejecutar a altos funcionarios del Gobierno.

A diferencia de otros parientes del clan Kim, su poder no es decorativo: se dice que desde 2014 es la subdirectora del Departamento de Propaganda y Agitación del Partido del Trabajo de CoreaSe dice porque de lo que pasa dentro de Corea del Norte sólo trascienden retazos. La información que nos llega es un amasijo de piezas sueltas que investigadores y analistas, como Sung-Yoon Lee, van ensamblando a partir de filtraciones, propaganda y datos a cuentagotas.

No es fácil desenredar el linaje del monte Paektu, y muchísimo menos hacer un perfil como el que firma este investigador del Instituto Sejong de Seúl en La hermanísima, un libro que publica esta semana la editorial Malpaso Ediciones y que sigue muy de cerca a la que está considerada la mujer «más peligrosa del mundo».

«Yo Jong representa a uno de los regímenes dictatoriales más despiadados y malignos de la historia. Tiene su propia agenda y está en mejor posición para manipular a sus adversarios que su hermano, que parece más enfadado y hosco. Desarma porque es una mujer joven, calmada y atractiva», admite Sung-Yoon Lee en una conversación por Zoom. En Seúl son las nueve de la noche, pero atiende a este periódico para compartir lo que más le preocupa: «Que Corea del Norte -a través de la princesa- intente engañar al mundo con una falsa ofensiva de encanto». «Es un arma diplomática sin precedentes«, agrega.

La benjamina es única en muchos sentidos. «Es la primera mujer de la familia gobernante con poder real para ejecutar las políticas de su nación, incluida la política exterior, es decir, hacia Estados Unidos, Corea del Sur y muchos otros países», advierte el investigador.

La hermanísima quiere que quede claro quién manda. Y no se corta. Cuando habla, Yo-jong lo hace con un filo deliberado: un tono ácido, sarcástico, a ratos abiertamente grosero, como si el insulto fuera también una forma de protocolo. La primera vez que estampó su nombre en una declaración oficial fue el 3 de marzo de 2020, en el arranque de la era Covid. Se trató de una reprimenda durísima contra el entonces presidente surcoreano, Moon Jae-in, el mismo que había recibido con cordialidad a Kim Jong-un y a su delegación durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018. Aquellos esfuerzos diplomáticos se torcieron. Desde entonces, sus mensajes a Moon -también por escrito- han ido subiendo de tono.

Kim Yo-jong, hermana pequeña y mano derecha del líder norcoreano.EFE

Según Sung-Yoon Lee, mucha de esa palabrería (des)controlada se le permite porque es una mujer joven, atractiva y, en definitiva, una princesa misteriosa de una nación y un régimen prácticamente inescrutables. «Nunca habíamos visto en Corea del Norte a una mujer de la familia gobernante con poder real», reitera el investigador.

En apariencia parece inofensiva, evita el maquillaje recargado y viste sobria, pero se ha ganado el calificativo de mujer diablo. Su género no se traduce en posiciones a favor del desmantelamiento del programa atómico norcoreano, sino más bien lo contrario.

«Tiene un dedo en el botón nuclear», asegura Sung-Yoon Lee. Lo dice por una declaración como la de abril de 2022, cuando la princesa amenazó con un ataque nuclear contra Corea del Sur en caso de que éste golpeara primero. Si el ejército surcoreano «violara siquiera un ápice de nuestro territorio -señaló- nuestra fuerza de combate nuclear tendrá que cumplir inevitablemente con su deber». «Juega a ser Dios y decide quién vive y quién muere», escribe Lee en su libro.

¿Cree que podría llegar a ser más despiadada que su hermano?

No lo sé. Pero en un mundo todavía tan desigual entre hombres y mujeres, a menudo una mujer tiene que esforzarse el doble para que la tomen en serio, y a veces incluso siente la necesidad de parecer más dura. Si algún día ella se convirtiera en la primera líder suprema, tendría mucho que demostrar. A esto se añade que Corea del Norte sigue un patrón: cuando arranca una nueva etapa en la cúpula, los dirigentes suelen consolidarse con purgas y ejecuciones. En los primeros años, Kim Jong-un mandó purgar y ejecutar a cientos de altos cargos. Así que, si tuviera que apostar, diría que hay muchas posibilidades de que ella sea igual de despiadada que su hermano… o incluso más.

Hay quien la considera «la mujer más peligrosa del mundo». Así la define el subtítulo de la obra de Lee en su edición estadounidense. ¿Lo cree el experto en política norcoreana? Rotundamente, sí. «No hay precedentes, salvo quizá Thatcher, de una mujer con capacidad real de desencadenar una guerra nuclear«, subraya. Y aun así, matiza, la Dama de Hierro británica contaba con frenos: alianzas, contrapesos, estructuras que limitaban el margen de una sola persona. En Pionyang, argumenta, dichos obstáculos son inexistentes: «En Corea del Norte no los hay: el líder supremo actúa sin que nadie lo frene».

De ahí su conclusión: si Kim Yo-jong cuenta con la confianza total de su hermano Kim Jong-un y, como ella misma ha sugerido en sus declaraciones, puede «pulsar el botón nuclear», hoy «no existe otra mujer en el mundo con un poder tan absoluto y letal«. Esa confianza, comenta el analista, se ve clara. En los actos públicos -cumbres con presidentes surcoreanos, con Donald Trump o con Xi Jinping-, ella casi siempre está a su lado: «Se miran constantemente, hacen contacto visual, se comunican; lo hacen a menudo». Y eso, remata, delata una complicidad poco habitual en la cúpula norcoreana.

«No hay precedentes de una mujer con capacidad real para desencadenar una guerra nuclear»

De su vida privada se sabe poquísimo, solo lo que el régimen deja entrever. ¿Está casada? No hay información al respecto. Se cree que tiene dos hijos: una niña mayor y un niño pequeño. No hay foto familiar ni comunicado oficial: solo intuiciones. En los últimos dos años, la propaganda la ha mostrado entrando en actos públicos con dos críos de la mano. «No podemos afirmar con un 100% de seguridad que sean sus hijos: podrían ser sobrinos, pero es muy poco probable», admite el investigador.

Ahí está la dificultad: ¿cómo se investiga un país tan celoso de la privacidad? Leyendo entre líneas. Corea del Norte publica cientos de textos al día -«la mayoría aburridísimos», bromea el investigador- y los especialistas han aprendido a fijarse tanto en lo que se dice como en lo que se calla. A eso se suman libros, informes y, sobre todo, un archivo humano clave: los casi 35.000 norcoreanos que han desertado a Corea del Sur. Sus voces, de distintas clases y rincones del país, repiten lo mismo: opresión, vigilancia, denuncias entre vecinos y campos de prisioneros.

Usted es una figura pública muy crítica con el régimen. ¿Le preocupa su seguridad?

(Ríe) Yo no soy nadie, soy un pez pequeño en un océano de ballenas. No creo que Corea del Norte quiera malgastar recursos o reputación en alguien como yo. Probablemente ayudaría a vender más libros, sobre todo la edición española que sale ahora. No estoy realmente preocupado, aunque claro, con lo que digo, me aconsejan no visitar Corea del Norte…

En las últimas semanas, el país comunista ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer cuando quiere que el mundo lo mire: moverse en clave militar. Enero ha dejado un reguero de ensayos armamentísticos. El 27 lanzó, de nuevo, varios misiles balísticos de corto alcance rumbo al mar de Japón. La pregunta llega sola: ¿esto huele a guerra? Según el investigador, no tanto. O no todavía. Asistimos a una demostración de poderío en el único terreno donde Corea del Norte puede competir sin rubor. «Hay índices para medir el poder de un Estado: militar, económico, territorio, población, poder blando… Corea del Norte sale mal en casi todos, salvo en el militar», explica. Y ésa es la clave: «Proyectar fuerza para intimidar y marcar el terreno» ante Seúl, Tokio y Washington.

Por el momento, la previsión de Lee es que este año Kim Jong-un «cante una melodía mucho más amable». Su estrategia, viene a decir, no es lineal: «Corea del Norte pasa por ciclos de belicosidad… y luego eso suele ir seguido por un ciclo de paz». Y en ese vaivén, lanza su pronóstico para este 2026: «Hay un 50% de probabilidad de que se reúna con Donald Trump. Quizá incluso con el primer ministro japonés o con el presidente surcoreano». En ese guion, además, cree que La hermanísima volverá a mostrar su lado más afable: «La próxima vez que tiendan la mano será ella quien dé la cara». Es decir, será el rostro amable de un acercamiento diplomático.

Hay una ironía en todo este entramado de predicciones. Y es que Lee construye un relato sobre una mujer que sigue viva, decide, aparece, desaparece y a la que no ha podido hacerle ni una sola pregunta cara a cara. En su reconstrucción caben los ciclos del régimen y los gestos medidos en los desfiles, pero no la respuesta directa. Por eso, cuando se le plantea el y si…, el investigador no se va al botón nuclear.

Si la tuviera delante, ¿por dónde empezaría?

Le preguntaría por qué el Gobierno de Corea del Norte no decide destinar una fracción diminuta de su riqueza a importar alimentos y aliviar el hambre. No es tan difícil: quizá 200 o 300 millones de dólares, dependiendo del grano. No iría a decirle: ‘Tiene que hacer esto o aquello’. Le haría una pregunta: ‘¿Qué planes tienen para aliviar la desnutrición?’.

Fuente: https://www.elmundo.es/papel/historias/2026/02/05/698368a7e85ecec11c8b45ba.html

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio