Del 24 al 26 de marzo, Madrid acoge esta gran cita internacional, convertida en termómetro de la nueva frontera del vino: baja graduación, desalcoholización y búsqueda de identidad

Laura S. Lara / Metrópoli EM
Madrid vuelve a convertirse en la capital internacional del vino con la XXIV edición del Concurso Internacional Bacchus, que se celebra del 24 al 26 de marzo.
Organizado por la Unión Española de Catadores (UEC) y reconocido por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el certamen reúne a un centenar de expertos de 26 países, entre ellos, figuras jóvenes de la sumillería europea y nombres de enorme peso internacional. Por primera vez, cuatro Masters of Wine y un Master Sommelier se unirán al jurado que catará más de 1.600 referencias procedentes de España, América y Europa en las instalaciones del MOM Culinary Institute de El Pardo.
El termómetro mundial del vino llega este año con una novedad significativa: la incorporación a las catas de los llamados vinos NoLo (acrónimo de No y Low Alcohol), una categoría que refleja los vinos total o parcialmente desalcoholizados. Los Bacchus 2026 reconocerán con las codiciadas medallas Gran Bacchus de Oro, Bacchus de Oro y Bacchus de Plata a los mejores entre tintos, blancos, rosados, espumosos, dulces y generosos, pero también abrirá una ventana a este presente en expansión que sacude al sector: la convivencia del vino tradicional con aquellos que reducen o eliminan el alcohol sin renunciar a la experiencia sensorial.

La nueva frontera del vino
«Los vinos de baja graduación y sin alcohol son una realidad. Es el presente, y con un gran desarrollo de futuro», afirma Marina García, presidenta de la Unión Española de Catadores y directora del concurso. «Esta moda está llegando a España, pero ya se ha implantado en otros países, por lo que teníamos que abrirnos a esta tendencia y tenerlos en cuenta creando un grupo aparte, solo para ellos. Su futuro en la industria vinícola lo consideramos como un vino más, destinado a ocupar un nicho que no ocupa otro y a convivir en armonía con el resto del catálogo de una bodega».
La apertura de Bacchus a los NoLo no es un gesto aislado. En citas recientes como Madrid Fusión o Barcelona Wine Week, las catas de esta categoría han despertado un interés creciente entre profesionales y consumidores. El auge responde a varios factores: la búsqueda de estilos de vida más saludables, las restricciones al consumo de alcohol en determinados contextos y un cambio generacional que valora más la experiencia organoléptica que la graduación. Lo que una década atrás parecía una rareza técnica, hoy se convierte en un terreno de innovación para bodegas y enólogos.

Que el vino sepa a vino
El reconocido sumiller Fran Ramírez, responsable de la propuesta líquida del grupo Triciclo y jurado veterano de los premios Bacchus, ve con pragmatismo la expansión de estos vinos, aunque exige conservar su esencia: «Lo primero es que tienen que ser vino. En esencia deben saber y oler a vino. El hecho de que no tengan alcohol puede estar bien, se ha demostrado que el no consumo de alcohol es beneficioso, aunque también hay estudios que avalan el consumo moderado de vino natural como alimento con propiedades positivas».
Ramírez reconoce el potencial del segmento para llegar a nuevos consumidores, pero subraya que «la desalcoholización tiene que ser algo natural, que no reste esencia«. En su opinión, hay vinos bajos en alcohol «extraordinarios» y otros sin alcohol «bien hechos y que están buenos», aunque advierte de que aún queda camino por recorrer para dotarlos de identidad y origen reconocible. «No he tenido la suerte de probar apenas vinos con identidad de zona. Pero como fórmula de entrada al vino, o como alternativa en contextos donde no se puede beber, me parece válida».
Entre la técnica y la emoción
Desde su experiencia en Smoked Room (dos estrellas Michelin de Dani García), el sumiller Luis Baselga, también jurado en esta edición del Concurso Bacchus, defiende sin embargo la enorme mejora técnica alcanzada por los vinos NoLo. «He catado muchos sin alcohol a ciegas y realmente el trabajo conseguido es impresionante. Resulta difícil distinguirlos de un vino con alcohol. La industria bodeguera ha hecho un trabajo fascinante en cuanto a calidad organoléptica«.
Aun así, subraya un contraste entre lo técnico y lo cultural: «De forma personal no abogo por ellos, porque el vino forma parte de nuestra historia y de nuestra cultura con el alcohol como elemento inseparable. Cuando no había agua potable o alimento, el vino era fuente de salud y nutrición. Esa carga simbólica no se puede desligar».

Baselga acepta, no obstante, que esta categoría ha llegado para quedarse, más aún en una sociedad que busca alternativas saludables o con menos calorías vacías. «El NoLo cumple un fin organoléptico, ese placer inmediato del sabor del vino», explica. «Pero cuando hablamos de reflejar un paisaje o una identidad geográfica, ahí pierde profundidad. Es un producto estandarizado, como un kétchup: satisface, cumple una función, pero le cuesta transmitir emoción o autenticidad. No obstante, tendremos que estar a la altura de lo que demanden los clientes. Es una realidad que no se puede ignorar».
Un cambio de paradigma
La incorporación de los NoLo al mayor concurso de vinos de España no solo legitima su presencia, sino que confirma que el sector ha empezado a asumirlos como parte de un nuevo paisaje. Si la revolución de los vinos naturales abrió hace unos años un debate sobre la pureza y la intervención mínima, ahora la discusión gira en torno a la autenticidad de la experiencia: ¿puede haber vino sin alcohol que emocione como el tradicional?
Fuente: https://www.elmundo.es/metropoli/elmundovino/2026/03/23/69bd0b4dfc6c83f2018b45ad.html