La biógrafa Patricia A. Billingsley ofrece en su nuevo libro detalles sobre este desconocido romance y la influencia que este tuvo en algunos de sus poemas de ‘Poeta en Nueva York’

Archivo Fundación Federico García Lorca Centro Federico García Lorca, Granada
Lara Gómez Ruiz / La Vanguardia
Barcelona
“Querido amiguito mío, recibí tu carta con gran alegría. He encontrado ya mi sitio en New York. Deseo verte muy pronto y pienso constantemente en ti, pero no puedo ir contigo hasta dentro de seis semanas. Escríbeme enseguida, querido amigo, y dime si te parece bien el retraso de mi viaje. Luego pasaría unos días contigo y serían deliciosos para mí”. El remitente de esta carta es nada menos que un Federico García Lorca recién llegado a la universidad de Columbia.
El poeta escribe a Philip Cummings, un joven poeta que conoció en la Residencia de Estudiantes de Madrid y con el que tuvo encuentros sexuales. ¿Por qué sé sabe nada o muy poco de este joven que claramente fue decisivo en la vida de Lorca? Y no solo en el terreno amoroso, pues todo apunta que podría ser la primera persona que publicó una traducción al inglés de los poemas del granadino en todo el mundo.
Deseo verte muy pronto y pienso constantemente en ti”
Lorca a Cummings por carta
La investigadora y biógrafa Patricia A. Billingsley trata de arrojar luz a este desconocido personaje en su ensayo Lorca en Vermont. El poeta español y su amante americano ( Taurus), recién llegado a las librerías. “Eran pocos los que conocían la conexión de Federico con Vermont, y optaron por callar lo que sabían”, explica en su prólogo. Los motivos del silencio no eran otros que la homofobia imperante en la época. Pero, incluso con esta lacra social de por medio, Lorca supo imponerse y dar a su amigo el protagonismo que requería en sus textos, pese a que los lectores no lo hemos sabido ver hasta ahora.
La autora también reflexiona al respecto: “¿Por qué en Poeta en Nueva York , una obra claramente centrada en la ciudad, había tantos poemas ambientados en un paisaje campestre? ¿Y por qué en dos de los títulos de las secciones se mencionaba específicamente Vermont?” Pues porque en Vermont vivía Cummings.

Cuando los jóvenes se conocieron, en 1928, Lorca había aceptado que su relación con Emilio Aladrén había terminado. “Le había dejado no solo con el corazón roto, sino también avergonzado por haberse enamorado de un hombre que solo buscaba beneficiarse de su relación con una estrella literaria en ascenso”, apunta Billingsley. Una calurosa tarde de julio, para dejar por unas horas a un lado la melancolía, el poeta se puso a tocar el piano en la sala de conferencias de la Residencia, punto de encuentro frecuente entre alumnos y profesores. Chopin, Schubert, Mozart… Cummings escuchó melodías y acordes de algunos de sus músicos predilectos y decidió acercarse. Allí vio a un joven tocando, rodeado de compañeros que, como él, le admiraban.

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Supo pronto que tenía que conocerlo y presentarse como uno de los 150 estudiantes matriculados en el programa de verano para extranjeros de la Residencia. El profesor Federico Salinas, que conocía a ambos, hizo los honores. Aunque, lo que sorprendió al autor de Romancero gitano, es que su nuevo amigo le regalara un poema que había escrito sobre la marcha sobre su actuación.
“A Federico le interesaba mucho el hecho de que yo pudiera entenderlo”, confesó Cummings
Rápidamente, Lorca y Cummings conectaron y, en vista de ello, intimaron. Aquel otoño, el propio Federico escribió su propio poema en el que hablaba de una relación sexual entre dos amantes masculinos. Años más tarde, el estadounidense reconoció en una entrevista que “a Federico le interesaba mucho el hecho de que yo, como estadounidense que hablaba español, pudiera entenderlo”. Y de ello se aprovecharon mutuamente para traducirse los poemas de uno y de otro.
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El idilio en la Residencia duró poco, pues Cummings debía regresar a Vermont, aunque antes hizo un periplo por diferentes ciudades. “Estoy muy baqueteado y maltratado de pasiones que tengo que vencer, pero me empiezo a encontrar libre, solo, en mi propia creación y esfuerzos”, escribiría el granadino a su amigo Sebastián Gasch tras la marcha del estudiante de intercambio. Pero el destino, caprichoso como es, los volvió a unir. A Lorca le surgió la oportunidad de viajar ocho meses a Estados Unidos junto a Fernando de los Ríos, el admirado exprofesor de Federico en Granada.
“Don Fernando me dijo que no desaprovechara la ocasión de ir (a Vermont)”, escribió Lorca a sus padres
En el tren nocturno que les llevaría de Madrid a París, como primera parte del viaje, se encontró a Philip de casualidad, pese a que la biógrafa no descarta que ambos pudieran haber planeado ese fortuito encuentro. Casi cuarenta años más tarde, Cummings reveló que, aprovechando la intimidad que les proporcionaba el compartimento privado, reanudaron sus relaciones sexuales y, de paso, le invitó a visitarlo a Vermont a finales de aquel verano, después de que el poeta se hubiera instalado en la universidad de Columbia, donde residiría. Lorca aceptó encantado.

“Don Fernando me dijo que no desaprovechara la ocasión que se me presentaba de ir a uno de los sitios más bellos de Norteamérica”, le escribió a sus padres, para explicarles su intención de ausentarse unos días de Nueva York. No fue exactamente a Vermont, pues cabe imaginar que a Cummings le provocaba apuro que su amigo viera que realmente no tenía tanto dinero como le explicó en su día. Lo tuvo, pero su familia atravesaba en esos momentos apuros económicos, aunque sí podía permitirse veranear unas semanas en el pequeño pueblo de Eden Mills, cerca de Vermont, donde Lorca convivió unos días junto a Philip, sus padres, su tía y su sobrina, “personas altísimas”. Los dos amigos compartieron habitación (y cama) durante la estancia.
Del diario de Philip y de los versos posteriores de Federico, como Poema doble del lago Eden, Cielo vivo o Vuelta de paseo, leídos ahora de otra forma, se desprende que ambos disfrutaron de estas vacaciones y de este vínculo que se prolongó durante tres años, hasta que Lorca comprendió que su amigo, pese a sus deseos, no aceptaría una relación homosexual de forma pública.