
Ficción camuflada de etnografía, es una cinta triste sobre la culpa, el deber y la tensión entre individuos y colectivos en tierra mexicana

Julio Tovar / VozPópuli
Baja California, para desgracia del cine mexicano y estadounidense, no ha sido escenario de demasiadas producciones en la gran pantalla. Sus desiertos marítimos, de escasa y aislada vegetación, contrastan con las partes altas donde el pino abunda. Estas zonas costeras, con muchas plantas endémicas, dan algo de paisaje lunar a cualquier narrativa que se ruede allí.
El escenario con algo de onírico, donde se une el cielo y la tierra gracias a las lagunas, fue el lugar del hipnótico documental Una corriente salvaje de Nuria Ibáñez Castañeda. Bastante ficcionalizado, con muchas secuencias donde los protagonistas contaban no pocas y fascinantes anécdotas, estaba llamado a construir una narrativa pura sin cualquier excusa peregrina de realidad. Ibáñez Castañeda ha tomado estos testimonios para armar esta triste y apenada historia de nombre El guardián (estreno el 17 de julio).
La narrativa en esta película está atravesada por las técnicas documentales y utiliza este prodigioso escenario costero para establecer los estados de ánimo del protagonista. Éste, un magnífico debutante Basilio Moncada, es un hombre de oscuro pasado que vive como protector de una finca privada en este territorio casi marciano. Sus encuentros con los lugareños, sus conversaciones con sus hijas y nietas, tienen un marcado laconismo y ese carácter fatal de muchos mexicanos en su madurez.
Lo fascinante es que la directora no juzga jamás al personaje, no refuerza su discurso con alguna música impostada, sino que construye su narrativa con recursos mínimos. Sin apenas iluminación extra, Basilio siempre parece preferir monólogos a contraluz, y es difícil no emocionarse con su circunstancia en esa idea potente, fuertemente política, que contrapone al individuo con la comunidad. Este guardián de finca se debate entre su deber para su patrón, “licenciado” le llama en una expresión que hizo fortuna en España por la serie Aída, y una comunidad mexicana que le es hostil debido a su posición.
Los dos principios, el privado / individual y el comunal, se debaten en alguien con un jefe difuso, que quiere y no quiere que nadie entre en su finca -teme cualquier represalia legal-, y que da a su empleado órdenes contradictorias. En este coto privado el maná, además, es el cotizado pez totoaba, muy querido por la medicina china, y así muchos de los naturales intentan pescarlo a pesar de las prohibiciones estatales y privadas. Entre medias este Basilio dubitativo: hombre que no tiene ni fuerza para imponer su ley, ni tampoco ganas de ser un revolucionario contra su pagador.
Admirable cinta de estilo realista, casi un viaje etnográfico en el estilo de la seminal Nanuk, el esquimal de los años veinte del siglo pasado, es la emoción del actor el verdadero mapa narrativo. En sus largos planos, donde un ambiente pardo parece aplastar a un portero deportado de su sueño estadounidense, el espectador se ahoga con placidez en una melancolía tan apabullante como verdadera.