La mitad de los españoles tienen problemas para conciliar el sueño, el número de adultos que padecen insomnio crónico se ha duplicado en los últimos 20 años y ya somos el país que más ansiolíticos consume en todo el mundo. «Vivimos en una sociedad que va contra el sueño», denuncia el escritor Isaac Rosa, autor de ‘Las buenas noches’

Rodrigo Terrasa Texto (Madrid) / PAPEL
Carlos García Pozo Fotografías
Siete millones de pastillas de bromazepam, otros 11 millones de diazepames y algo más de 12 millones de dosis de un medicamento llamado lormetazepam que, según el prospecto, produce efectos sedantes e hipnóticos. En nuestro botiquín nacional, entre tiritas, aspirinas y bastoncillos para las orejas, hay también casi 13,5 millones de píldoras de alprazolam y otras 20 millones de lorazepam. Añadan algo de zolpidem, unas cápsulas de doxilamina y un poquito de melatonina… La suma total nos dice que sólo en 2024 se prescribieron en España más de 82 millones de ansiolíticos, hipnóticos y fármacos de la familia de las benzodiacepinas, todos esos zepames que funcionan como depresores del sistema nervioso central y se utilizan principalmente para tratar la ansiedad y, sobre todo, el insomnio.
Ningún otro país en el mundo consume más medicamentos que nosotros para dormir. O, mejor dicho, para intentar dormir. Según datos de 2023 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, en España tomamos casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, una cifra 2.750 veces superior a la de Alemania, por ejemplo, donde el consumo es de 0,04 dosis al día.
Eso significa que esta noche, alrededor de cinco millones de vecinos echarán mano de alguna pastilla para tratar de conciliar el sueño. Los estudios -lo sentimos- dicen que un porcentaje similar de población, tomen algún fármaco o no, van a fracasar.
A ellos les espera un pase especial para eso que David Jiménez Torres retrató en El mal dormir (Libros del Asteroide) como una especie de Disneylandia del insomnio, un festival por el que cada vez desfilan más españoles mientras el resto del país se queda roque.
«Las palabras irrumpen en cuanto apagamos la luz. No vienen en formación. No acuden a nuestra cabeza disciplinadas por la sintaxis. Más bien entran todas a la vez, en torbellinos simultáneos. Es como si un parque de atracciones, tras muchas horas de inactividad, se hubiera puesto en marcha. Y ahí están de pronto el barco pirata, la lanzadera, la montaña rusa. Da igual que nos hayamos ido a la cama tarde o a una hora razonable. En la oscuridad todo es vértigo y efervescencia. Las palabras resuenan con nitidez; casi las podemos palpar. Y así seguiremos hasta que en algún momento despunte un pensamiento rezagado: ¿No estoy tardando mucho en dormirme?».
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Según datos de la Sociedad Española del Sueño, el 14% de los mayores de edad padece insomnio crónico. Esto son unos 5,4 millones de personas, el doble que hace 20 años. Pero es que, además, cerca del 43% de la población adulta en España y un 83,5% de los jóvenes de entre 18 y 34 años tienen problemas para dormir en algún momento.
¿Estamos durmiendo peor que nunca? «Sí, y la respuesta es categórica», responde Carlos Egea, neumólogo y presidente de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (FEMES). «Dormimos mal y lo hemos normalizado durante años peligrosamente».
David Jiménez Torres durmió anoche cuatro horas. Quizás fueron cinco…
-¿Cuándo empezó usted a dormir mal?
-Yo siempre he dormido mal. No tengo un recuerdo de mí mismo en el que no me haya costado mucho dormirme por las noches.
Profesor, investigador, escritor y columnista en este periódico, Jiménez Torres (Madrid, 1986) responde al otro lado del teléfono tras una (otra) mala noche. Cuenta que tiene dos hijos pequeños, así que ahora al menos puede echarle la culpa a ellos de sus madrugadas en vela. «Una de las grandes angustias del insomnio es no saber por qué no duermes», explica. «Pero esto de la paternidad lo simplifica mucho. Ahora al menos sé que es por los niños y me puedo hacer la ilusión de que cuando ellos por fin duerman, yo también podré hacerlo».
En 2022, Jiménez Torres publicó El mal dormir (que estrena ahora su versión en audiolibro, formato ideal para insomnes), un ensayo sobre el sueño, la vigilia y el cansancio que funcionaba también como terapia personal.
«He vivido en tres países, en siete ciudades y en quince pisos distintos; en todos he dormido mal. He tenido varios puestos de trabajo; en todos sentí la angustia de no rendir bien por falta de sueño. He tenido parejas; el mal dormir compartió cama con todas ellas. He tomado pastillas, he consultado webs especializadas, he asistido a talleres de mindfulness; el mal dormir ha permanecido tan inalterable como mi número de DNI».
-¿Qué significa dormir mal para usted?
-Yo tengo un problema bastante común, que es la dificultad para conciliar el sueño. Me meto en la cama y puedo estar dos horas dando vueltas. A veces consigo dormir tres horas; otras noches, cinco. Es bastante anárquico… Hay veces que me despierto y resulta que inesperadamente he dormido casi siete horas. Y de pronto el mundo parece Sonrisas y lágrimas…
-¿Y cómo se ve el mundo con los ojos abiertos de par en par a las tres de la madrugada?
-El mal dormir es como un lienzo en blanco. No es que te lleves a la cama algo que te impide dormir, es que llegas a la cama y de repente te encuentras con que tienes un trecho de dos horas vacío. Y entonces lo vas llenando con tus pensamientos, y esos pensamientos se van volviendo más angustiados a medida que avanzan los minutos, las horas pasan y vas viendo que no te duermes y no te duermes y no te duermes…
Y entonces, otra vez, el dichoso parque de atracciones.
Tic… tac… tic… tac…

El pasado 14 de marzo, día mundial del sueño, la Sociedad Española de Neurología (SEN) publicó la radiografía de nuestros desvelos. Más de la mitad de los españoles no duerme las horas recomendadas (entre siete y nueve) y uno de cada tres adultos se despierta con la sensación de no haber tenido un sueño reparador. La SEN calcula que el 25% de la población infantil tampoco tiene un sueño de calidad y que solo el 30% de los niños mayores de 11 años duermen el tiempo que necesitan.
Carlos Egea atribuye las cifras de pesadilla a una «mala cultura del sueño» en nuestro país. «A nadie le importa que no amanezca hasta las ocho de la mañana, pero todo el mundo en España protesta porque se haga de noche a las ocho de la tarde», dice mientras lamenta que haya calado el mensaje de que «dormir es una pérdida de tiempo» en estos tiempos de hiperconectividad y alerta sobre los riesgos de normalizar el mal dormir: «El tiempo total de sueño tiene una relación directa con la esperanza de vida y ya hay estudios que dicen que acostarse más allá de las 12 de la noche incrementa un 25% el riesgo de tener problemas cardiovasculares».
¿La solución más fácil? El «efecto Amazon» de las benzodiacepinas, denuncia. «Queremos dormir y lo queremos ya».
Un 15% de los estudiantes de entre 14 y 18 admite haber tomado pastillas para la ansiedad o el insomnio durante el último año.
«La cama está para dormir o para practicar sexo, nada más. Si te vas a la cama y no te duermes, levántate hasta que el sueño te venza»Guillermo Plaza, Sociedad Española del Sueño
La pandemia del mal dormir no deja de crecer y, sin embargo, le hacemos poco caso a lo que nos pasa cuando se apagan las luces y se bajan todas las persianas. «Casi todo el mundo sabe que es muy importante comer bien y hacer deporte, pero hasta ahora no nos hemos tomado demasiado en serio el sueño», lamenta María Ángeles Bonmatí, profesora de Anatomía Humana y Psicobiología en la Universidad de Murcia y autora de Que nada te quite el sueño (Crítica, 2023). «No hay recursos suficientes para atender todos los casos que existen, tenemos muy pocas unidades del sueño en España y una persona con problemas puede tardar más de un año en ser atendida. Sabemos que más de cinco millones de españoles padecen algún trastorno crónico del sueño, pero probablemente sólo se han diagnosticado un 10% de ellos».
«La mayor parte de los médicos y enfermeros se ocupan de lo que pasa durante el día, pero el sueño es una parte de la medicina que no se ha estudiado mucho», comparte Guillermo Plaza, coordinador del grupo de trabajo de Otorrinolaringología de la Sociedad Española del Sueño. «El colectivo de expertos en sueño no sumamos ni mil en España».
-¿Y qué nos quita el sueño, doctor?
-Nos lo quita nuestra forma de vida. El móvil, la luz, el ritmo, los turnos de trabajo, los horarios mal planteados a nivel gubernamental, la cena a las 10 de la noche, El hormiguero acabando a las 11… Tenemos un tipo de vida muy divertido y muy guay, pero que tiene un coste sobre el sueño muy elevado. Nos metemos en la cama con pantallas e hiperestimulados, pero la cama está para dormir o para practicar sexo, nada más. Si te vas a la cama y no te duermes, levántate hasta que el sueño te venza, pero no te quedes dando vueltas ni contando ovejitas.
«Tus pensamientos se vuelven más angustiosos a medida que pasan los minutos y ves que no te duermes, y no te duermes, y no te duermes…»David Jiménez Torres, autor de ‘El mal dormir’
Que conste que un ensayo de la Universidad Nacional de Irlanda probó en 2021 que leer un libro en la cama antes de ir a dormir también mejora la calidad del sueño. Así que aquí tienen otra recomendación.
«No podemos dormir. Cada noche retrasamos la hora de acostarnos, cada noche nos vamos antes a la cama, cada noche lo hacemos a la misma hora y no: no podemos dormir. Tardamos en coger el sueño, lo logramos enseguida para despertarnos poco después, nos sorprende la alarma nada más cerrar los ojos. Nos sentimos llenos de energía y por eso no podemos dormir, nos sentimos agotadas y por eso no podemos dormir».
Así arranca la novela Las buenas noches (Seix Barral), una crónica recién publicada sobre la gran epidemia de falta de sueño que sufre nuestra sociedad en un tiempo en el que el dormir se ha convertido en un codiciado objeto de deseo y las noches en vela han dejado de ser un tabú.
«No podemos dormir porque somos jóvenes y las jóvenes no duermen mucho, no podemos dormir porque somos viejos y los viejos no duermen tanto, no podemos dormir porque estamos en la mediana edad y es cuando peor se duerme. Tenemos calor, tenemos frío, giramos cambiando de postura, boca arriba, sobre el costado derecho, con los brazos haciendo almohada y no podemos dormir».
Su autor es Isaac Rosa (Sevilla, 1974), escritor e insomne. «Insomne discontinuo», matiza él. «Yo alterno muchas malas noches con alguna buena, aunque sea por puro agotamiento», cuenta.
-¿Qué es una mala noche?
-Para mí es una noche en la que no duermo nada o tardo mucho en dormirme. O peor, una noche en la que me duermo más o menos rápido, pero de pronto me despierto a las tres y ya no hay manera de volver a dormir. Eso es lo peor… Haber probado un poquito y no poder dormir más. Esa sensación de que las horas pasan lentas y la cabeza te empieza a llevar a sitios oscuros.

De sus madrugadas a ciegas, en silencio y desesperadamente lentas nació la idea de un libro que está sirviendo estos días como excusa para la salida del armario de cientos de insomnes. «Los que dormimos mal no solemos hablar de ello, porque se ve como algo muy íntimo y porque parece que si duermes mal es porque algo te quita el sueño, pero desde que salió el libro estoy descubriendo a mucha gente de mi entorno más cercano que tiene problemas para dormir y yo no lo sabía», explica Rosa. «Empezar a hablar de ello con claridad sería un buen paso para darnos cuenta de que no es sólo un problema individual: vivimos en una sociedad que va contra el sueño, llevamos vidas que son casi incompatibles con dormir. Yo no sé si hoy dormimos peor que nunca, pero sí creo que nuestro insomnio es de ahora y de aquí y tiene que ver con la vida que llevamos en 2025. Tenemos un problema de sueño como sociedad y, al igual que ha ocurrido con la salud mental, hay que empezar a verlo como un problema colectivo».
-¿Y esto cómo se cura?
-Yo sólo soy un novelista, pero creo que es evidente que vivimos con un malestar social y una incertidumbre que afecta a nuestro sueño. Y el ritmo de vida enloquecido que llevamos no nos lo va a devolver. Para dormir mejor necesitamos otra vida.
«Vivimos en una sociedad que va contra el sueño, llevamos vidas casi incompatibles con dormir»Isaac Rosa, autor de ‘Las buenas noches’
La vida de Pilar ocurre en Ciudad Real. Tiene 59 años y es ama de casa. Dice que nunca ha necesitado muchas horas de sueño, pero empezó a dormir realmente mal hace unos 10 años. La menopausia y las secuelas del coronavirus llevaron su insomnio a otro nivel. «Una noche mala hoy implica dormir una o dos horas seguidas, a veces ni eso, con varios microsueños de 20 o 30 minutos. Son como pequeñas siestas», cuenta. «Afronto cada noche con temor por si, otra vez, no puedo dormir».
Sólo un 33% de las mujeres españolas duermen al menos siete horas entre semana. «Yo intento no medicarme porque las pastillas me sientan mal en el estómago», admite Pilar. «Pero tomo infusiones de relax a diario y gominolas de estas con melatonina para acelerar el sueño».
A la espera de esa nueva existencia que pedía Isaac Rosa, lo cierto es que remedios no faltan en el mercado. Aplicaciones para monitorizar los ciclos circadianos, terapias y retiros, caramelos, mantas pesadas y altavoces de ruido blanco, hashtag sleepmaxxing, lámparas relajantes, anillos y cintas para la cabeza, pijamas infrarrojos, colchones inteligentes y suculentas ofertas de turismo del sueño. La ejecutiva publicitaria Marian Salzman ya dijo hace unos años que dormir sería «el nuevo sexo», un nuevo símbolo de estatus y éxito tras décadas de apología suicida del rendimiento. La industria del sueño a la carta mueve ya más de 100.000 millones de dólares en todo el mundo.
«Cualquiera con un mínimo de mentalidad empresarial ve que aquí hay un nicho de mercado», apunta Isaac Rosa. «Esta es una sociedad tan desesperada por dormir que está dispuesta a la locura de pagar por ello».
Dormir no es gratis. Así se llama el último libro de la doctora Núria Roure, otro más para confirmar el bum editorial del insomnio. «Debería serlo, pero no lo es», aclara ella. «Estamos pagando una factura muy grande por no dormir bien. Y cuando uno deja de dormir, deja de vivir».
Roure (Lleida, 1978) fue la primera psicóloga en España acreditada como somnóloga por la European Sleep Research Society, es desde hace más de 15 años miembro de la Sociedad Española de Sueño y ha firmado varios manuales para reaprender a dormir. Además, ella también tuvo problemas de insomnio.
«Yo sabía que necesitaba descansar por las noches y eso me generaba más estrés y más ansiedad y entré en un ciclo muy negro»Núria Roure, psicóloga y autora de ‘Dormir no es gratis’
«Los tuve cuando preparaba mis oposiciones», recuerda ahora. «Tenía un estrés y una autoexigencia brutal y cuando llegaba la noche sólo me venían temarios y temarios a la mente. Sabía que necesitaba descansar para poder memorizar y eso me generaba más estrés y más ansiedad y entré en un ciclo muy negro».
Salió aplicando las técnicas que ya estaba estudiando y hoy dirige talleres para dormir bien. «Descansamos mínimo una hora menos que hace 100 años», asegura. «Le estamos quitando horas al sueño porque vivimos hiperactivados, atrapados en una cultura del hacer, hacer, hacer, hacer… Y eso acaba pasando una factura invisible. No es gratis».
-¿Cuál es el primer paso para salir de ahí?
-¡Dormir! Lo primero es conseguir dormir y romper el patrón para que no se convierta en una obsesión. Porque quien duerme bien tiene muchos problemas en la cabeza, pero quien no duerme sólo tiene uno: que no duerme.

Hace sólo unos meses, la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia y la Alianza por el Sueño hicieron pública su «pirámide del sueño», una guía educativa que representa gráficamente y de forma sencilla cómo deberían ser unos hábitos de higiene del sueño equilibrados. Ya saben: ritmos y horarios, rutinas, ambientes óptimos, la luz, el momento idóneo para meterte en la cama…
Bueno, pues si alguien cogiera esa pirámide y le diera la vuelta como a un calcetín, posiblemente de dentro caería alguien como Antoni Daimiel (Ciudad Real, 1970). Daimiel ha sido el rostro de las retransmisiones de la NBA en España desde hace 30 años y eso significa vivir en una especie de jet lag permanente. El periodista lleva desde 1995 trabajando a esa hora en la que en la tele sólo hay vendedores de colchones, brujas echando las cartas por teléfono y señores vendiendo cuchillos de cocina capaces de cortar un neumático en juliana.
«Se me hacían las 9 de la mañana y aún no me había acostado. Luego me dormía y cuando despertaba ya era de noche otra vez… ¿Dónde estoy?»Antoni Daimiel
«Yo siempre he tenido una tendencia a ser nocturno, pero he dormido bien casi siempre. Incluso cuando empecé con la NBA», cuenta hoy. «Durante los primeros nueve o 10 años, tuve temporadas en las que hacía cinco partidos por semana y casi todos de madrugada. Lo que yo hacía bien, sin que nadie me lo hubiera dicho, es que mantenía mi horario todos los días. Aunque no tuviera que trabajar me acostaba siempre a las cinco o las seis de la mañana porque me quedaba jugando a la play, leyendo o viendo una peli. Es verdad que me daba poco el sol, pero así evitaba romper eso del ritmo circadiano. Y todo me fue bien hasta que me pasé de rosca…».
En aquellos tiempos en los que la vida era maravillosa a las 4 de la madrugada, a Daimiel se le estropició el reloj biológico. «Tendría 30 o 31 años o así. Yo llegaba de trabajar a las cinco y media o a las seis y llegaba con los focos, con la adrenalina del partido y no podía dormir. Primero comía algo, luego me ponía a ver algo en la tele y de repente se hacía de día, eran las nueve y todavía no me había acostado. Luego me dormía, pero cuando me despertaba ya era de noche otra vez y eso me trastornó. ¿Pero qué está pasando aquí? ¿Dónde estoy? Y ahí sí tuve que pedir ayuda. Dejé de hacer cuatro o cinco partidos por semana, lo fui controlando y empecé a tomar melatonina, que entonces estaba prohibida en España, pero yo me la traía de Estados Unidos».
-¿Volverá a dormir algún día como una persona normal?
-Bueno, yo como una persona normal no he dormido casi nunca. Igual podría adaptarme, pero eso de levantarme a las siete de la mañana tampoco lo quiero, sabes. Yo no valgo para eso. Siempre he mirado con desdén a la gente que madrugaba mucho. Volvía de hacer partidos y veía a gente sacando el perro a las seis de la mañana o yendo a correr. ¿Pero dónde vas? Me parece algo marciano. No lo concibo.
Sus noches de NBA en Movistar Plus+ han mantenido en vela a millones de españoles desde el siglo pasado y popularizaron un lema que confirma la cultura del insomnio en nuestro país. Entre la ciudad que nunca duerme y esa España que madruga, el baloncesto yanqui vino a decirnos también que «dormir es de cobardes».
«Joder, no lo había pensado nunca», admite Daimiel. «Pero es verdad que la NBA fue de las primeras cosas que empezaron a emitirse en directo y todos los días de madrugada. Andrés Montes me lo decía mucho: ‘¿Es que en este país la gente no duerme?’. Y la cosa ha ido a peor en los últimos años. Las pantallas y todas las opciones de distracción y ocio que hay ahora nos han llevado al hoyo y la gente está durmiendo muy poco. No sé… Si ha sido culpa nuestra, lo siento de verdad».
Fuente: https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/01/68d56499e4d4d8c8498b457f.html