México alberga más de 50 especies de frijol, 31 de ellas endémicas. Un estudio ecogeográfico del CNRG‑INIFAP revela cómo conservar esta diversidad y aprovecharla para enfrentar sequías, plagas y los retos del cambio climático.

Clara Aceves / La Campiña
MÉXICO.- Hablar del frijol es hablar de identidad, historia y alimentación. Este cultivo, presente en la mesa mexicana desde tiempos ancestrales, es también una de las mayores riquezas biológicas del país. Por ello, el estudio “Ecogeografía de la colección de frijol del Centro Nacional de Recursos Genéticos (CNRG): 2011–2023” se ha convertido en una herramienta clave para comprender y proteger esta diversidad.
La ecogeografía analiza cómo interactúan las especies con su entorno: lluvia, temperatura, altitud, tipo de suelo y ubicación. En el caso del frijol, esta información permite identificar qué materiales genéticos son más resistentes a sequías, altas temperaturas, suelos degradados o nuevas plagas, un conocimiento esencial en tiempos de cambio climático.
El estudio, desarrollado por el CNRG‑INIFAP, destaca la importancia de conservar especies silvestres del género Phaseolus tanto ex situ (en bancos de germoplasma) como in situ (en sus ecosistemas naturales). Esta doble estrategia garantiza que la diversidad genética siga disponible para investigación, mejoramiento y producción agrícola.
México, centro mundial de diversidad del frijol
De las aproximadamente 150 especies de Phaseolus registradas en el mundo, 52 están en México y 31 son endémicas, lo que convierte al país en un reservorio único de variabilidad genética. Esta riqueza es resultado de siglos de adaptación a distintos climas, suelos y prácticas agrícolas.
El trabajo del CNRG‑INIFAP
Desde 2012, el CNRG resguarda una de las colecciones más importantes de biodiversidad agrícola del país. Su banco de semillas inició con más de 18 mil accesiones provenientes de instituciones nacionales e internacionales.
Actualmente conserva 10,978 accesiones de 29 especies de frijol, muchas recolectadas durante décadas y otras repatriadas desde el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), donde se almacenaban materiales mexicanos recolectados desde 1930.
Esta labor científica, respaldada por el INIFAP como brazo técnico de la Secretaría de Agricultura, contribuye directamente a la autosuficiencia y soberanía alimentaria, al asegurar que México cuente con variedades adaptadas a los desafíos actuales y futuros del campo.
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