En público, la Casa Blanca dice que se enfrenta a Venezuela para frenar el narcotráfico, pero el presidente de EE. UU. ha hecho patente su interés por el acceso a las reservas del país.

Credit. Adriana Loureiro Fernandez para The New York Times
Edward Wong / Julian E. Barnes / NYT
La galardonada con el Premio Nobel de la Paz hizo su presentación por video en directo en una conferencia empresarial en Miami a la que asistieron ejecutivos y políticos estadounidenses, entre ellos el presidente Donald Trump.
“Estoy hablando de una oportunidad de 1,7 billones de dólares”, dijo en inglés el mes pasado María Corina Machado, principal dirigente de la oposición en Venezuela, semanas después de que se anunciara el premio de la paz, que se le otorgó por desafiar a Nicolás Maduro, el líder autocrático del país.
Destacó las enormes reservas de petróleo y gas de Venezuela —“Vamos a abrir todo, upstream, midstream, downstream, a todas las empresas”—, así como su infraestructura minera y energética. Su mensaje ha sido inquebrantable desde principios de este año, cuando se jactó del “infinito potencial” de su país para las empresas estadounidenses en un pódcast presentado por el hijo mayor del presidente, Donald Trump Jr.
Ha tenido un público receptivo.
El presidente y sus asesores han insistido públicamente en que las letales operaciones militares en torno a Venezuela y la campaña de presión contra Maduro tienen como principal objetivo proteger a los estadounidenses del narcotráfico. Pero Venezuela no es un productor de drogas, y los estupefacientes que pasan de contrabando por el país van a parar principalmente a Europa.
Entre bastidores, los funcionarios del gobierno también se han enfocado intensamente en las reservas de petróleo de Venezuela, las mayores del mundo.
Su importancia es evidente en las negociaciones secretas entre funcionarios estadounidenses y Maduro en materia petrolera, y en las conversaciones que los ayudantes y aliados de Trump han mantenido con Machado y otras figuras de la oposición venezolana.
Trump ha dejado claro públicamente su interés por el control de las reservas de Venezuela. En un discurso ante los republicanos de Carolina del Norte en 2023, cuatro años después de que respaldó los esfuerzos para derrocar a Maduro en su primer mandato, Trump dijo: “Cuando me fui, Venezuela estaba a punto de derrumbarse. Nos habríamos apoderado de ella, habríamos conseguido todo ese petróleo, habría estado justo al lado”.
El papel del petróleo en las crecientes tensiones entre Maduro y Trump destacó el miércoles con la dramática incautación estadounidense de un petrolero que viajaba por el mar Caribe transportando crudo para Cuba y China. Trump dijo que se quedaría con el cargamento, aunque su autoridad legal para hacerlo es cuestionable

Dicha acción supuso una brusca escalada en la campaña de Trump contra Maduro, la cual se ha prolongado durante meses e incluido 25 ataques a barcos en los que han muerto al menos 95 personas, actos que, según muchos expertos jurídicos, son ilegales.
Venezuela y su petróleo están en el centro de dos de las prioridades de seguridad nacional declaradas por Trump: el dominio de los recursos energéticos y el control del hemisferio occidental. Venezuela posee alrededor del 17 por ciento de las reservas de petróleo conocidas del mundo, es decir, más de 300.000 millones de barriles, casi cuatro veces la cantidad que tiene Estados Unidos. Y ninguna nación tiene mayor presencia en la industria petrolera de Venezuela que China, la superpotencia cuya inmensa huella comercial en el hemisferio occidental el gobierno de Trump pretende frenar.
“Cuando el presidente Trump ha hablado de Venezuela y de otros países comparables, siempre ha hecho hincapié en la importancia de que Estados Unidos tenga acceso a esos recursos petrolíferos”, dijo Francisco R. Rodríguez, profesor de la Universidad de Denver que estudia la economía política de Venezuela.
Trump ha hablado repetidamente de obtener petróleo y otros recursos naturales como recompensa por la intervención militar estadounidense en suelo extranjero. “Siempre he dicho que hay que tomar el petróleo” fue una de sus frases favoritas en su campaña presidencial de 2016.
En su primer mandato, dijo que se iba a “quedar con el petróleo” de Siria debido a la presencia de soldados estadounidenses allí. Ha dicho que Estados Unidos debería haberse quedado con el petróleo de Irak y Libia como pago por las intervenciones militares que derrocaron a esos gobiernos.

En 2019, Trump ordenó a sus asesores que Juan Guaidó, entonces líder de la oposición venezolana, se comprometiera a dar a Estados Unidos acceso al petróleo de su país y a excluir a China y Rusia si Guaidó arrebataba el poder a Maduro en un esfuerzo respaldado por Estados Unidos, según las memorias de John Bolton, entonces asesor de seguridad nacional. Bolton lo calificó de “gran extralimitación”.
Maduro también considera el petróleo de Venezuela una importante herramienta geopolítica.
Los dirigentes del país dependen de las compras de petróleo de China como baluarte contra las sanciones económicas impuestas por el primer gobierno de Trump y mantenidas por el presidente Joe Biden. En abril, durante una visita a Pekín, Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, pidió a los dirigentes chinos que realizaran mayores inversiones en la industria petrolera de su país y que compraran más crudo. China ya representa el 80 por ciento de las compras de petróleo de Venezuela.
El petróleo bajo presión
En los últimos meses, los ayudantes de Trump han debatido cómo conseguir un mayor acceso al petróleo de Venezuela para las empresas estadounidenses, dada la hostilidad de Maduro y la presencia de China, según afirman funcionarios y exfuncionarios.
Richard Grenell, enviado especial encargado de tratar con Venezuela y presidente del Centro Kennedy, ha dirigido las conversaciones encaminadas a alcanzar un gran acuerdo con Maduro. El dirigente venezolano hizo una oferta a Trump que incluía la apertura de la industria petrolera del país a los estadounidenses, más allá del acceso limitado de Chevron, que opera allí con una licencia confidencial recientemente ampliada por el gobierno estadounidense.
Trump ha rechazado esa oferta, porque otros altos asesores han argumentado con éxito que no se puede confiar en Maduro y que busca ganar tiempo. Ese bando, liderado por Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, ha presionado para derrocar por la fuerza a Maduro. Argumentan que un líder conservador y orientado al libre mercado —es decir, Machado— favorecería a las empresas estadounidenses y limitaría la inversión china.
Trump sugirió a Maduro en una llamada telefónica el mes pasado que abandonara el cargo. Maduro se ha negado a ceder el poder en un futuro próximo, a pesar de la acumulación de fuerzas militares estadounidenses en el Caribe y de la repetida amenaza de Trump de ir más allá de los ataques a embarcaciones y atacar objetivos al interior de Venezuela.
La incautación del buque petrolero y las nuevas sanciones contra el sector petrolero de Venezuela pretenden derribar la obstinación de Maduro al demostrar que Estados Unidos está dispuesto a asfixiar la mayor fuente de ingresos del país, dijeron funcionarios y exfuncionarios.
Es probable que Estados Unidos pronto confisque más buques que transportan petróleo venezolano, dijeron funcionarios estadounidenses. El gobierno estadounidense podría justificar futuras incautaciones citando antecedentes de petroleros que transportan petróleo desde Irán, país que está sometido a un conjunto de sanciones más estrictas que Venezuela; esta justificación ya la usó la semana pasada.
Estados Unidos solo ha incautado un puñado de petroleros en los últimos años. Todas esas acciones se han fundamentado en la sospecha de que el crudo iraní se utilizaba para financiar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una rama del ejército iraní que el primer gobierno de Trump designó organización terrorista extranjera, dijo Edward Fishman, antiguo especialista en sanciones del Departamento de Estado.
Unas cuantas incautaciones más de buques con petróleo venezolano por parte de Estados Unidos podrían provocar que las empresas decidieran evitar el país y la consiguiente pérdida de ingresos petroleros, dijo Tom Warrick, exfuncionario del Departamento de Estado que también trabajó como abogado de la industria.
“Ahora se revela que la estrategia del gobierno de Trump apunta muy claramente a ese flujo de dinero”, dijo. “Venezuela tiene una cantidad bastante pequeña de efectivo disponible, por lo que perder ese petrolero empezará a resentirse con bastante rapidez”.

Trump no ha hablado públicamente de ayudar a las empresas estadounidenses a obtener una mayor cuota del petróleo de Venezuela como objetivo de esa campaña. Pero lo ha mencionado a menudo en privado, dijeron personas familiarizadas con las conversaciones.
En conversaciones mantenidas este año, funcionarios estadounidenses negociaron con Maduro posibles acuerdos para expulsar a las empresas petroleras chinas y rusas de Venezuela y ampliar el papel de las empresas estadounidenses.
China ha frenado su inversión directa en la industria de Venezuela en los últimos años. Maduro parecía interesado en atraer una mayor inversión de Estados Unidos, dijeron funcionarios estadounidenses. Pero se mantuvo firme en su empeño de aferrarse al poder, por lo que las conversaciones se estancaron.
Perforaciones en tiempos de guerra
Trump ha autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en Venezuela, y podría decidir derrocar a Maduro con violencia, utilizando como punta de lanza a la agencia, al ejército estadounidense o a ambos.
Sin embargo, muchos expertos en Venezuela anticipan que las consecuencias de una acción de este tipo sean caóticas. Funcionarios estadounidenses de varias agencias del primer gobierno de Trump llegaron a esa conclusión en juegos de simulación militar en 2019.
La agitación en una Venezuela sin Maduro podría complicar el deseo y la capacidad de las empresas estadounidenses de ampliar su presencia allí.
Ninguna gran empresa petrolera de Europa o Estados Unidos entró inmediatamente en Irak o Libia tras las intervenciones militares estadounidenses que derrocaron a los gobiernos y desencadenaron guerras civiles. Las empresas más grandes tardaron años en empezar a operar ahí. En cambio, las petroleras chinas firmaron contratos para operar en los yacimientos del sur de Irak durante la guerra civil, y en general han tenido una tolerancia al riesgo mucho mayor en zonas de conflicto.
El apetito de las grandes empresas estadounidenses por entrar en la industria venezolana bien podría depender de si la campaña de presión estadounidense y cualquier operación militar desembocan en el caos o en la estabilidad.
“Las empresas petroleras estadounidenses trabajan en zonas bastante peligrosas, pero lo que les va a interesar es el balance final”, dijo Oliver B. John, quien trabajó como diplomático estadounidense en asuntos económicos en las naciones árabes del Golfo.

Chevron ha operado en Venezuela durante un siglo y es la única empresa estadounidense que permaneció en el país cuando, hace décadas, el gobierno venezolano obligaba a las empresas occidentales a convertirse en socios minoritarios en empresas conjuntas con la petrolera estatal, Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA).
Las empresas estadounidenses tuvieron una presencia importante en la industria hasta la década de 1970. En esos años, los dirigentes venezolanos pusieron la industria bajo control estatal y crearon PDVSA, en una acción popular que fue un sello distintivo de los movimientos democráticos y nacionalistas del país. Hugo Chávez, el líder socialista, lo consagró en la Constitución tras su llegada al poder en 1999.
Machado ha hablado en términos generales sobre cómo remodelaría el sector si llegara al poder. En junio, en una charla por video con el Consejo de las Américas, un grupo empresarial de Nueva York, dijo que pondría en marcha un “proceso de privatización” y que una agencia nacional abriría el sector a la inversión privada. El objetivo sería que Venezuela produjera unos tres millones de barriles diarios de petróleo en un plazo de 10 años, el triple de la producción actual, dijo.
Sin embargo, una industria nacionalizada es popular entre los venezolanos debido a sus raíces históricas, y “privatizar la industria petrolera de Venezuela sería controvertido en muchos sentidos”, dijo Rodríguez.
Las luchas de la industria se intensificaron después de que el primer gobierno de Trump le impuso sanciones. Estas dificultaron las operaciones en todo el país, incluidas las refinerías que pueden procesar petróleo con alto contenido de azufre, típico del crudo venezolano. La empresa conjunta de Chevron en Venezuela ha utilizado refinerías de petróleo de la costa del golfo de México, y otras empresas estadounidenses que se expandan en Venezuela podrían aprovechar esa capacidad.
La mayor empresa extranjera con inversiones y operaciones en la industria venezolana es China National Petroleum Corporation, o CNPC, una empresa estatal que realiza empresas conjuntas con PDVSA. Pero desde 2019, ha adoptado un papel más pasivo en Venezuela para evitar violar las sanciones estadounidenses. El año pasado, una empresa privada china, China Concord Resources Corporation, firmó un contrato de 20 años con PDVSA para invertir más de 1000 millones de dólares en la explotación de yacimientos petrolíferos venezolanos.
En la actualidad, el petróleo venezolano que va a China es el resultado de las compras de empresas privadas chinas, dijo Rodríguez.
Las empresas energéticas nacionales chinas recibían petróleo venezolano gracias a que los bancos estatales de China aceptaban el petróleo como pago de préstamos al gobierno venezolano. Pero Venezuela dejó de pagar hace años —la deuda ascendía a 19.000 millones de dólares en 2020— y China ha dejado de concederle préstamos.
Los funcionarios y ejecutivos chinos se han vuelto más cautelosos a la hora de relacionarse con Venezuela, aunque siguen buscando formas de colaborar con el gobierno de Maduro, dijo Margaret Myers, académica de la Universidad Johns Hopkins que estudia las relaciones de China con América Latina.
“Ha habido una creciente desilusión por parte de China”, dijo. “Pero siguen comprometidos a quedarse en general”.
Fuente: NYT