Esta falta de escucha, afirma, complica la resolución de conflictos

Ana Beatriz Micó / ABC
Las discusiones forman parte de nuestra vida diaria. Pueden aparecer en el trabajo, en casa, con los amigos e incluso en lugares públicos con personas desconocidas.
La cuestión es que no todas las tensiones tienen por qué acabar en enfrentamiento. Saber cuándo intervenir y cuándo es mejor quedarse al margen puede marcar la diferencia.
Así lo explica Juan Manuel García, experto en análisis de la conducta formado por el FBI, que pone el foco en el papel del ego y en la gestión emocional como elementos clave para relajar conflictos.
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«Plantéate si realmente te merece la pena entrar al trapo. ¿Para qué? ¿Qué vas a ganar con ello?», reflexiona García, quien ha pasado años en la primera línea de la negociación, enfrentándose a situaciones de alta tensión donde una palabra mal dicha o un gesto ignorado podían ser fatales.
Según él, la mayoría de las veces no respondemos por necesidad, sino por orgullo: «Lo único que estamos alimentando es el ego, porque se ponen en duda nuestros pensamientos o ideologías». Y ese impulso, asegura, rara vez lleva a un sitio útil.
La falta de escucha, un obstáculo para la paz
De hecho, Ricardo Moya, músico, cómico y presentador del podcast, plantea al experto que, en la mayoría de ocasiones, las discusiones se mantienen porque «hay algo que se que se vicia». «Es como egos que se van retroalimentando», puntualiza.
Esto, responde García, se debe a que «no escuchamos», sino que «estamos esperando a que el otro termine para rebatirle». «Ese es el gran problema, que no escuchamos y que solamente estamos pendientes de nosotros mismos», precisa.

Así, cuando alguien termina de hablar, en lugar de lanzarnos a responder, el experto recomienda asentir ligeramente y dejar un pequeño silencio en el aire.
«Lo decía Goleman, la ventilación emocional que viene de la escucha activa lo que hace es que el perfil emocional baje. A mí me interesa que tu perfil emocional baje. ¿Por qué? Porque no estás con una emoción alta», detalla.
Cambiar el foco para bajar la tensión
Por otra parte, García explica que «cuando alguien te dice algo provocativo está esperando la confrontación». Y romper ese guion descoloca: «Si espera una reacción y ve lo contrario, se sorprende».
En esos momentos, sugiere respuestas que bajan la tensión: «Es lógico que pienses eso». «Nunca lo había pensado de esa manera». «Ah, qué interesante». Después, silencio y dejar que sigan hablando. «La gente, como está tan a gustito cuando habla, se centra en lo que tiene que decir más que en otra cosa. Y tú, feliz», resume.
También menciona el «recurso práctico» de desviar la mirada, que puede usarse tanto en entornos formales como relajados. «En una reunión, he visto a alguien tirar una taza al suelo fingiendo que era un accidente», asegura.
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El resultado es que «la atención se va a otra cosa. Y, cuando vuelves, «empiezas con el mismo conflicto, sí, pero no tan arriba». «Ya tienes capacidad de escalarlo hacia otro sitio. Hay menos escalones que bajar», concluye.