El presidente revalida el cargo por octava vez desde el año 2000 y podrá dar continuidad a su proyecto hasta 2030.

Jorge Pacheco / El Español
Veinte años después de la última vez que los socios del Real Madrid se acercaron a unas urnas, Florentino Pérez ha vuelto a escuchar lo que más le gusta: el respaldo mayoritario de la masa social.
El presidente revalida su cargo con un 65% de los votos y derrota a Enrique Riquelme en unos comicios que él mismo convocó y que ha terminado convirtiendo en un plebiscito sobre su figura, su gestión y su proyecto de futuro.
La reelección consolida a un dirigente que arrastra ya 26 años de vínculo con la presidencia -con el paréntesis entre 2006 y 2009- y que, cuando algunos esperaban un repliegue, ha optado por exponerse al juicio directo del madridismo para reforzar su autoridad.
No era una votación obligada. A Florentino le quedaban todavía tres años de mandato cuando, el 12 de mayo, en una rueda de prensa de altísima tensión en Valdebebas, anunció por sorpresa el adelanto electoral.
Lo hizo en plena crisis deportiva, apenas 48 horas después de que el Barcelona se proclamara campeón de Liga tras vencer en El Clásico, y envuelto en la denuncia de lo que describió como una «confabulación» de periodistas y otros individuos decididos, según su relato, a controlar el club.
Aquel día lanzó un desafío que ha terminado marcando la campaña: «El que se quiera presentar, que se presente, es su oportunidad, le invito a que lo haga».
El reto que aceptó Riquelme
El guante lo recogió Enrique Riquelme, presidente de la energética Cox, empresario alicantino de 37 años que hasta hace unas semanas era un perfecto desconocido para el gran público madridista.
Aquel hombre «con acento mexicano» al que Florentino aludió con sorna en su comparecencia tomó la palabra al pie de la letra: en los diez días que permiten los estatutos reunió la documentación, avaló el 15% del presupuesto del club -que ronda los 1.300 millones de euros- y logró que la junta electoral validara su candidatura. Por primera vez en dos décadas, había elecciones en las urnas.

Enrique Riquelme votando en las urnas de las elecciones del Real Madrid. EFE
La pugna, en el fondo, ha sido un duelo entre dos titanes empresariales de sectores estratégicos: la construcción de ACS, que preside Florentino, y la energía de Cox.
Una campaña a campo abierto librada en los platós y las portadas durante dos semanas frenéticas en las que el bombardeo de promesas no cesó.
Los tantos que se anotó
Si algo ha demostrado Florentino en esta campaña es que conoce los resortes del madridismo como nadie. Su discurso se ha sostenido sobre una palabra: aval. «A mí me avala la historia, los socios del Madrid saben que conmigo siempre juegan los mejores de la historia», repitió estas dos semanas.
Frente a un rival que cuestionaba la salud económica de la entidad, el presidente respondió con cifras: el club cerrará el ejercicio con unos ingresos récord de 1.250 millones de euros y aspira a alcanzar los 2.000 millones. «Seguimos siendo el club que más factura del mundo», presumió.
El segundo gran tanto lo marcó en el terreno emocional y deportivo. Consciente de que llegaba a las urnas tras una temporada en blanco y con un equipo en horas bajas, Florentino convirtió el mercado de fichajes en arma electoral.
Mientras las promesas de Riquelme –Haaland y Klopp– se debilitaban ante los desmentidos de los entornos de los protagonistas, Florentino confirmó el regreso de José Mourinho al banquillo y los fichajes de Ibrahima Konaté y Denzel Dumfries, además de prometer una oferta superior a los 150 millones por una gran estrella de la Champions.
El tercero, el más delicado, fue desactivar la principal acusación de Riquelme: la supuesta privatización del club a través de la venta de un porcentaje del capital. El aspirante advirtió de que abrir la puerta a un cambio de estatutos para vender, «aunque sea de un 5%», suponía un riesgo para el control de los socios.
Florentino le dio la vuelta al relato: «El Real Madrid siempre será de sus socios. Yo he puesto mi patrimonio, a riesgo de perderlo, para salvar al Real Madrid», llegando a afirmar que su deseo es que el patrimonio económico, y no solo el sentimental, sea de los socios y «cuando se mueran, que lo hereden sus hijos o sus nietos».
De las propuestas rivales fue tajante: «Sus propuestas son la ruina. Mienten. Estos han venido a por el Real Madrid».

Florentino Pérez celebra su victoria en las elecciones del Real Madrid. EFE
El objetivo, cumplido. La victoria no solo prolonga su mandato: le otorga el respaldo explícito que llevaba años sin necesitar pedir, después de ser proclamado sin oposición en 2009, en 2013, en 2017, en 2021 y de nuevo en 2025.
Ahora, con el aval de las urnas, podrá afrontar con mayor músculo político el referéndum que él mismo ha prometido para su gran proyecto societario.
Un legado de 26 años
El respaldo de este domingo se entiende mirando atrás. Florentino Pérez aterrizó en la presidencia el 16 de julio de 2000, con 53 años, tras ganar a Lorenzo Sanz con la promesa que cambió el fútbol moderno: el fichaje de Luis Figo.
Llegaron después Zidane, Ronaldo y Beckham, los ‘galácticos’ que convirtieron al club en una marca global mientras se saneaba la economía de la entidad.
Aquella primera etapa, reelegido en 2004 con el 94,2% de los votos, terminó de forma abrupta con su dimisión en febrero de 2006 tras tres temporadas sin títulos.

Florentino Pérez abraza a Cristiano Ronaldo durante su presentación con el Real Madrid en 2009. EFE
Su regreso en 2009 inauguró la etapa más laureada. Aquel verano protagonizó uno de los mercados más espectaculares de la historia -Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema, Xabi Alonso– y construyó el equipo que dominaría Europa.
En estas dos etapas el club ha acumulado, siete Champions League, siete Mundiales de Clubes, seis Supercopas de Europa, siete Ligas, tres Copas del Rey y siete Supercopas de España solo en fútbol, además de un palmarés notable en baloncesto.
Conquistas como las Champions de 2014, 2016, 2017, 2018, 2022 y 2024 cimentaron una hegemonía continental sin precedentes recientes.
Pero su legado no se mide solo en títulos –66 entre las dos secciones-. El propio Florentino lo ha resumido en una idea: «El nuevo estadio Santiago Bernabéu va a cambiar la historia del Real Madrid».
La remodelación del estadio, iniciada en 2019 y operativa al completo en la temporada 2024/25, ha disparado los ingresos del club -cerca de 594 millones por el área comercial y unos 233 por el estadio y los días de partido- hasta el récord histórico. El próximo vendrá de la mano de la tecnología y el llamado Bernabéu Infinito.
El mandato que viene
Ningún reinado tan largo está exento de sombras, y la reválida llega precisamente tras una de las peores temporadas recientes. El equipo encadena dos temporadas en blanco y vivió el despido de Xabi Alonso en enero y su sustitución interina por Álvaro Arbeloa.
El propio Florentino ha atribuido el bache al calendario: «El Mundial de Clubes nos mató. A los tres o cuatro meses teníamos 28 lesionados en la primera plantilla».
Por eso esta legislatura se antoja distinta. El gran proyecto pendiente es la propuesta de vender un pequeño porcentaje del club -en torno al 5%- a un inversor externo, una operación que Florentino ha prometido someter siempre a referéndum y que repartiría el patrimonio económico entre los cerca de 100.000 socios.
«El Madrid siempre será de los socios y todo cambio se hará siempre por referéndum», ha defendido, prometiendo que el 95% seguirá mandando.
A ello se suman la apuesta por un nuevo modelo en el fútbol europeo -ahora de la mano de la UEFA de Ceferin y con el Madrid como actor principal- y un futuro deportivo que pasa por reconstruir una plantilla castigada, empezando por la defensa, con Mourinho de regreso en el banquillo.
Sin olvidar el avance del ‘caso Negreira‘, sobre el que el Madrid ha elaborado un dossier de 500 páginas que entregará en los próximos días al organismo rector del fútbol europeo.
A sus 79 años, Florentino Pérez encara así un nuevo ciclo con la legitimidad reforzada de quien ha ganado en las urnas cuando no estaba obligado a someterse a ellas. La reválida está superada.
El siguiente paso será que el madridismo, que este domingo le ha renovado la confianza, le acompañe también el día en que le pregunte, ya sin intermediarios, si quiere tener la propiedad económica del club a cambio de vender un simbólico porcentaje.