Ocho décadas después y tras un largo pulso judicial, el nieto del propietario judío expoliado recupera una obra del pintor italiano valorada en más de 20 millones de euros.

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Elsa Salom / Historia National Geographic
“Cuando conozca tu alma, pintaré tus ojos”, decía el pintor italiano Amedeo Modigliani (1884-1920). Seguramente, no fue una tarea fácil para él, pues pasó a la historia por retratar unos peculiares rostros alargados, con hendiduras negras en las cavidades de los ojos: inquietantes para algunos, fascinantes para otros.
El bohemio Modigliani, natural de Livorno y de origen judío, murió a la temprana edad de 35 años a causa de la tuberculosis. Drogas, excesos, pobreza y enfermedad envolvían a este joven artista, al que algunos llamaban “Modi” (por su pronunciación en francés: “maldito”).
Todo ello, junto a otros tantos episodios como su tormentosa relación con la también pintora Jeanne Hébuterne (a la que sí dibujó unos brillantes ojos azules), lo convierten hoy en un mito que, sin duda, ocupa un lugar destacado entre los nombres que sentaron las bases del arte moderno.
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Desafortunadamente, murió sin ser consciente de ello. Y, aunque no pudo disfrutar del éxito en vida, hoy nos deja un preciado y extenso legado que todos queremos proteger y, en algunos casos, recuperar. Este es la historia de Philippe Maestracci o, mejor dicho, de su abuelo, Oscar Stettiner, verdadero propietario de un valioso Modigliani expoliado por los nazis hace más de 80 años.
Una pintura cargada de historia
La devastadora Segunda Guerra Mundial tuvo consecuencias inconmensurables que sacudieron todos los ámbitos de la vida: el arte no fue una excepción. Los expolios de bienes judíos llevados a cabo por el régimen nazi en toda Europa fueron constantes, dejando con las manos vacías a quienes no podían defenderse.

De origen judío, Stettiner era un reputado marchante de arte que poseía una galería en París. Tras su forzosa huida y posterior detención, las obras quedaron desprotegidas y fueron rápidamente saqueadas y, en muchos casos, subastadas. En la colección se encontraba el óleo sobre lienzo que hoy acapara la atención internacional: L’homme assis à la canne (en español, «El hombre sentado con bastón»), pintado por Amedeo Modigliani en 1919, retrata —con esos particulares ojos— a una destacada figura de la industria del chocolate francés, Georges Ménier.
Con el fin de la guerra, un tribunal francés anuló las ventas y ordenó la restitución de las obras. Sin embargo, el Modigliani nunca volvió a su propietario, que falleció sin ver resuelta esta injusticia. En 1996, el coleccionista libanés David Nahmad adquirió la obra y la incorporó a su colección. Años después, un nuevo intento de venta y el origen incierto del lienzo reavivaron las dudas y el afán de justicia, lo que llevó a Maestracci a iniciar un proceso judicial que hoy concluye con un desenlace favorable.
Un robo que pide justicia
La resolución final de la Corte Suprema de Nueva York, comunicada apenas una semana atrás, pone fin a una pugna legal iniciada por Maestracci casi dos décadas antes, en busca de justicia para su familia.

La devolución abre ahora varios interrogantes: cuándo y cómo se llevará a cabo. ¿Recurrirá la colección Nahmad? Aunque existe la posibilidad de retrasar la entrega, la sentencia es clara e irrevocable y se erige como un verdadero precedente en la búsqueda y recuperación de las numerosas obras que fueron saqueadas a manos del nazismo. Además, motiva a emprender nuevos procesos para honrar a quienes fallecieron sin obtener la justicia que tanto anhelaban.
Hoy, Philippe Maestracci, ya octogenario, se erige como memoria viva de su abuelo, el marchante de arte judío al que los nazis arrebataron una de sus obras más preciadas: un Modigliani que hoy resurge como símbolo de justicia frente al legado del nazismo.