Del Chambertin de Borgoña al Vin de Constance de Sudáfrica: los secretos de la bodega imperial que hoy cotizan en el mundo de las subastas.

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Elsa Salom / Historia National Geographic
Imaginad por un momento que somos coetáneos al mayor protagonista de la Revolución Francesa: Napoleón Bonaparte, el poderoso militar que cambió la historia de Francia y Europa para siempre. Imaginad ahora que las majestuosas puertas de su corte imperial se abren para nosotros y que podemos adentrarnos en aquellos victoriosos años del siglo XIX…
Nos podrían surgir miles de preguntas acerca de su mundo, como su dudosa causa de muerte o su conflictiva relación con Josefina. Pero hay una en especial que ha cautivado a los historiadores y estudiosos de esta figura: ¿Qué vino bebía Napoleón Bonaparte? ¿Cuáles eran sus gustos? Porque, como dice el célebre aforismo latino in vino veritas («en el vino está la verdad»), pocas cosas dicen tanto de una persona como los alimentos que presiden su mesa.
¿Qué vinos había en las bodegas de Napoleón?
Cuando pensamos en la vida que pudo rodear a Napoleón, nos vienen a la mente lujosos banquetes y excesos propios de un emperador. Sin embargo, la realidad parece haber sido muy diferente. Muchos de los testimonios de quienes le trataron comparten una misma imagen: la de un hombre de hábitos austeros. También en lo referente a la bebida.

Su vino preferido era el Chambertin, un valioso tinto de Borgoña elaborado con uvas pinot noir. Lo bebía a diario, aunque de una forma muy peculiar con la que ha pasado a la historia: aguado. Napoleón rebajaba el vino con agua, aproximadamente a partes iguales. Además, bebía con moderación, según los testigos de la época, no solía superar la media botella durante las comidas.
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Su afición por este tinto era tal que lo acompañó en sus campañas militares de Rusia o Egipto. Pero aunque Francia atesoraba algunos de los viñedos más prestigiosos del planeta, los gustos del estratega —al igual que sus ambiciones geopolíticas— terminaron por traspasar fronteras. En sus últimos años, Napoleón manifestó una notable predilección por un vino procedente de un lugar tan remoto y exótico para la época como Ciudad del Cabo.
El exótico vino que acompañó al emperador en sus últimos días
Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, eran pocos los vinos que podían gozar de una reputación tan consolidada como la del Constantia Wyn (conocido hoy como Grand Constance). Su origen, al contrario que el de la mayoría de sus favoritos, se encontraba a miles de kilómetros del emperador.

Elaborado en la finca sudafricana Groot Constantia —fundada en 1685 en Ciudad del Cabo—, este vino dulce se convirtió en uno de los más prestigiosos a nivel mundial. Su fama fue tal que se convirtió en uno de los preferidos en las cortes reales europeas, e incluso fue citado por célebres autores como Charles Dickens o Jane Austen.
De la mesa de Napoleón a las salas de subastas
Cualquier lugar que haya habitado o visitado Napoleón, así como cualquier objeto que formara parte de su vida cotidiana, componen un legado sumamente valioso que hoy atrae la atención de todo público. Un claro ejemplo es la Casa de Longwood, la residencia donde vivió exiliado hasta su fallecimiento. Es por ello que, dos siglos después, los vinos vinculados a su figura siguen despertando una enorme fascinación.

En 2021, una botella de Grand Constance de 1821 —destinada originalmente al emperador en Santa Elena— fue subastada por unos 30.000 dólares. Se cree que esta pieza formaba parte de un lote de botellas enviadas para su consumo personal. Pero ya era tarde: el 5 de mayo de aquel mismo año Napoleón moría antes de poder descorcharla.
Más recientemente, Georgia —el país donde se ha hallado la evidencia más antigua de elaboración de vino— ha vuelto a poner el foco sobre el emperador. En una histórica bodega de Tiflis, sus galerías subterráneas custodian colecciones que pertenecieron a los zares rusos y que, según las autoridades locales, conservan también botellas de figuras como Napoleón y Stalin. Ahora, el Gobierno georgiano ha comenzado a catalogarlas y ha anunciado que algunas piezas serán subastadas para financiar una futura escuela vinícola.
EL PALADAR QUE CONQUISTÓ LA HISTORIA
Las preferencias líquidas de Napoleón, el gran conquistador de la historia contemporánea, forman solo uno de los innumerables detalles que siguen alimentando la fascinación por su figura, más de dos siglos después de su solitaria e incierta muerte.
Sus campañas militares, sus amores, sus derrotas y hasta sus costumbres en la mesa continúan despertando el interés de historiadores y curiosos a lo largo de los años. Quizá porque, además de conquistar media Europa, el estratega francés logró algo todavía más complejo: convertirse en una leyenda cuya vida sigue generando preguntas tiempo después de su partida.