Tras casi cuatro meses de conflicto los dos países pactan una extensión de la tregua que firmarán el viernes en Suiza. Pakistán asegura que las partes se comprometen al cese inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido Líbano

Macarena Vidal Liy / El País
Washington
Estados Unidos e Irán han alcanzado este domingo un acuerdo de paz preliminar para poner fin a tres meses y medio de guerra en Oriente Próximo, según ha anunciado Pakistán, cuyo primer ministro ha avanzado que la rúbrica tendrá lugar el viernes próximo en Suiza. Tanto Irán como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han confirmado el pacto. El republicano también ha adelantado la apertura del estrecho de Ormuz tras la firma del acuerdo.
Si el acuerdo se materializa, la guerra entre los dos adversarios habrá acabado, al menos en su forma actual, zanjando un conflicto que Estados Unidos e Israel comenzaron el 28 de febrero y que ha dejado una estela de más de 7.000 muertos, ha hecho tambalearse las alianzas en la región, ha asestado un duro golpe a la economía global y amenaza las perspectivas de Trump y su partido republicano en las elecciones de medio mandato de noviembre. Todo para conseguir, después de una larga montaña rusa de bandazos y cambios de postura del presidente estadounidense, lo que ya existía en vísperas de la guerra: un estrecho de Ormuz abierto y la promesa de Irán de que no busca desarrollar armas nucleares.
Los mercados reaccionaron de inmediato, en la apertura asiática. El barril de crudo brent cayó más de un 3% para quedar en torno a los 84 dólares el barril, después de haber cerrado la semana pasada en su nivel más bajo desde el comienzo de la guerra. El dólar también retrocedía contra otras divisas internacionales. Una tendencia que ha continuado este lunes.

El anuncio ha llegado de Pakistán, país mediador. Su primer ministro, Shehbaz Sharif, afirmó pasadas las 17.00 de Washington (seis horas más en la España peninsular) en su cuenta en X que, “tras intensas conversaciones”, “se ha alcanzado un acuerdo de paz entre los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán”. “Ambas partes han declarado el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano. La ceremonia oficial de firma tendrá lugar el viernes 19 de junio en Suiza”, escribía el mandatario.
Después ha sido el turno de Trump. “El acuerdo con la República Islámica de Irán ya está cerrado”, ha dicho el mandatario, que este domingo cumple 80 años, en Truth. “¡Felicidades a todos! Por la presente, autorizo plenamente la apertura del estrecho de Ormuz sin peajes y, simultáneamente, autorizo el levantamiento inmediato del bloqueo naval de los Estados Unidos. Barcos del mundo: ¡arranquen motores! ¡Que fluya el petróleo!”, añadía el republicano, que más tarde, en otro mensaje, matizaba que la reapertura del estrecho sería tras la firma del acuerdo, lo que permitirá antes limpiarlo de minas.
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“El texto del memorando de entendimiento ya está ultimado”, ha confirmado después el viceministro de Exteriores de Irán, Kazem Gharibabadi, según ha informado la agencia Tasnim. La firma oficial, ha indicado también el alto cargo, se producirá el viernes en Suiza. En Washington, el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, ya ha expresado su intención de viajar para participar en la ceremonia en Ginebra.

Irán se hizo de rogar a lo largo de todo el domingo, después del ataque de Israel en Líbano. Ante la desesperación y la furia de un Trump que veía escapar la ocasión de anunciar un acuerdo el día de su cumpleaños, primero indicaba que el incidente podía hacer descarrilar todo el proceso. Después, guardaba silencio. Y, cuando finalmente confirmó el pacto, sus medios estatales lo presentaron como una gran victoria; aseguraron que Teherán había conseguido arrancar nuevas concesiones en el último minuto sobre la paz en Líbano, “garantías sobre la integridad territorial de ese país, y el levantamiento inmediato del bloqueo” estadounidense sobre los puertos iraníes, según la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní.
El viceministro Gharibabadi, por su parte, ha asegurado al confirmar el acuerdo que la firma del memorando de entendimiento no significa que Teherán confíe en “el enemigo”, y ha advertido que en caso de que la República Islámica considere que Estados Unidos ha violado los términos “tomaremos nuestras propias medidas”.

Lo importante vendrá en las negociaciones de 60 días para llegar a un acuerdo definitivo, ha agregado Gharibabadi. En esas negociaciones se abordará, según él, el levantamiento de sanciones a Irán, así como su programa nuclear, mecanismos para la supervisión del cumplimiento de los compromisos y un plan de reconstrucción para Irán. Esos contactos, en los que participarán también los mediadores que han facilitado el acuerdo preliminar —Pakistán, principalmente, pero también Qatar, Turquía y Egipto—, comenzarán una vez que haya entrado en vigor el nuevo alto el fuego, el desbloqueo del estrecho de Ormuz y se hayan descongelado fondos iraníes en el exterior.
El alto cargo iraní también ha declarado que a partir de esta misma noche Estados Unidos comenzará a levantar el bloqueo que imponía contra los puertos iraníes. Washington le daba la razón: en una serie de mensajes en Truth, Trump ha anunciado que autoriza la “eliminación inmediata” del bloqueo naval estadounidense, aunque el estrecho de Ormuz, según él, quedará abierto definitivamente el viernes después de la ceremonia de firma, “a causa de la retirada de las minas” que Irán había colocado para cerrar ese paso marítimo estratégico desde el comienzo de la guerra.
El anuncio del acuerdo pone fin a una semana de vértigo que comenzó con una grave escalada del intercambio de fuego entre las dos fuerzas, en dos días seguidos de bombardeos que hicieron tambalearse la tregua —teóricamente vigente desde el 8 de abril, aunque salpicada de incumplimientos—. Trump prometió durante semanas que la paz estaba al alcance de la mano, pero el acuerdo no llegaba a materializarse.
Ambas partes han litigado y discrepado hasta el último momento sobre el contenido del memorándum de entendimiento —ese acuerdo provisional cuyo texto se conocerá el viernes—, que fija un alto el fuego de otros 60 días para negociar en ese tiempo el pacto definitivo.
Las versiones de lo negociado que se han ido divulgando en los últimos días difieren según cuál de las dos partes la explique a su público. El ministro de Exteriores iraní, Abás Araghchí, citado por la televisión estatal de su país, aseguró el viernes pasado, como ha corroborado ahora su número dos, que el acuerdo provisional incluirá reabrir el estrecho de Ormuz y poner fin a conflictos en múltiples frentes; incluida la invasión israelí de Líbano, algo a lo que Israel se ha negado hasta ahora. El asunto de fondo, el futuro del programa nuclear iraní, no quedará acordado ahora sino al final de otro período de negociación de varias semanas.

En lo inmediato, la clave es ver qué acuerdan ambas partes sobre el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo que es fundamental para el tráfico internacional de petróleo, gas y fertilizantes. Irán había sostenido hasta ahora que deberá reconocerse su soberanía —y la del vecino Omán— sobre el estrecho.
Frente de discusión
Otro frente de discusión es el de los fondos iraníes retenidos en el extranjero y que Teherán reclama. La República Islámica confía en recibir 24.000 millones de dólares congelados en el extranjero, la mitad de ellos antes de que comiencen las nuevas negociaciones sobre el programa nuclear, y que en esas conversaciones Washington ofrezca un plan de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares. También sostiene que se levantarán las sanciones que pesan sobre su economía.
La versión de Washington difiere. Según un alto cargo que habló la semana pasada bajo la condición del anonimato en conversación telefónica con periodistas, el acuerdo prevé que los términos se vayan aplicando gradualmente: Irán recibiría fondos actualmente congelados en el extranjero pero solo en tramos, a medida que fuera cumpliendo su parte del pacto, especialmente lo concerniente a su programa nuclear. “Serán recompensados económicamente por cumplir sus obligaciones incluidas en el acuerdo. Si entregan su material nuclear, como han prometido, recibirán algo. Si desmantelan sus instalaciones nucleares, recibirán algo más. Si no cumplen, no tendrán beneficios económicos”, insistió esta fuente.

Tras cerrar el pacto, ahora tocará ponerlo en práctica, lo que puede resultar la parte más complicada. Ambas partes albergan una profunda desconfianza mutua, y no quieren ofrecer ninguna posibilidad al otro de declararse ganador.
El régimen iraní deberá convencer a la Guardia Revolucionaria, mucho más reforzada como consecuencia de esta guerra, de que el resultado merece la pena. Trump no quiere, bajo ninguna circunstancia, que se le pueda reprochar que el resultado es similar —o peor— que el acuerdo nuclear negociado por la Administración de Barack Obama y firmado en 2015 por Irán y las potencias occidentales (JCPOA), por el que Teherán limitaba sus actividades nucleares a cambio del levantamiento de sanciones.
El republicano retiró a Estados Unidos del acuerdo en 2018, asegurando que los términos eran terribles y pese a que el Organismo Internacional de la Energía Atómica certificaba que Teherán estaba cumpliendo sus compromisos. La salida de Washington deshizo ese acuerdo. Como consecuencia, Irán aceleró su programa nuclear.
El memorando de entendimiento, y el acuerdo que pueda salir de las negociaciones futuras “probablemente permita a Irán haber logrado una nueva normalidad, en la que Estados Unidos ya no considera automáticamente que atacar directamente a sus vecinos y controlar de hecho Ormuz constituya un casus belli”, opinaba antes de la confirmación del acuerdo William Weschler, antiguo subsecretario adjunto de Defensa para la lucha contra el terrorismo y actual analista del think tank Atlantic Council.