Un ensayo recomendado por Elon Musk advierte que la empatía excesiva hacia el diferente puede destruir nuestras comunidades

Portada del ensayo ‘Empatía suicida’
Víctor Lenore / VozPópuli
El científico evolutivo y profesor Gad Saad ha acuñado el término ‘empatía suicida’, cada vez más de moda en los debates sobre la decadencia de Occidente. Lo desmenuza con detalle en su libro Suicidal Empathy: Dying To Be Kind, que publica Harper Collins el próximo 2 de julio, pero que ya está dando mucho que hablar. El texto denuncia que gobiernos e individuos practican una forma patológica de altruismo por la que sitúan la compasión hacia grupos externos por encima de la supervivencia de su propia civilización.
La empatía es un rasgo natural y valioso del ser humano que nos permite conectar y colaborar. Sin embargo, cuando esta virtud se lleva al extremo se desvincula del sentido común. Entonces se convierte en lo que él denomina “empatía suicida”. La explícita ilustración de portada muestra a una oveja sosteniendo un cartel con la frase “Liberad a los lobos”.
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El núcleo del problema, según explica el investigador en este ensayo y plataformas como problema, radica en la inversión de las prioridades morales. Las élites políticas y culturales occidentales han comenzado a valorar más los sentimientos de grupos externos o delincuentes que el bienestar, la seguridad y la preservación de su propia ciudadanía.
Un ejemplo clásico de este fenómeno es la tendencia, cada vez más visible en el mundo occidental, a mostrar mayor clemencia hacia criminales reincidentes que hacia las víctimas de sus delitos. Las políticas que priorizan la rehabilitación ideológica de los infractores por encima del castigo proporcional son vistas por Saad como el síntoma de una brújula moral descalibrada. Saad analiza con datos cómo esta excesiva compasión ha moldeado las políticas migratorias y de fronteras. Argumenta que existe una tendencia a tratar a los inmigrantes ilegales o extranjeros con una deferencia superior a la que reciben los propios ciudadanos contribuyentes o los veteranos de guerra.
Primero lo nuestro
Otra de las manifestaciones de esta empatía llevada al extremo es la adopción de normas que, en nombre de la inclusión extrema, terminan perjudicando a los colectivos vulnerables. Pensemos en el trato hacia las mujeres biológicas en los deportes, por ejemplo en el boxeo, donde las demandas del colectivo trans eclipsan los derechos del sexo débil.
Elon Musk es el principal valedor de este libro antipático que sale a la venta el próximo 2 de julio
Saad describe las ideologías que fomentan esta mentalidad como verdaderos «parásitos ideológicos» o patógenos mentales. ÑEstos virus intelectuales se propagan rápidamente por las instituciones educativas y los medios de comunicación, anulando el instinto natural de supervivencia de la civilización y promoviendo una tolerancia hacia ideas que buscan destruir los propios valores occidentales.
La influencia de este concepto ha trascendido el ámbito académico y se ha convertido en un tema central del debate político contemporáneo. El magnate global Elon Musk se ha hecho eco de estas ideas, señalando que la promoción de la “empatía suicida civilizacional” podría ser el fin de la cultura occidental tal como la conocemos.
Los críticos del autor, por otro lado, sostienen que atacar la empatía representa un retroceso peligroso para los derechos humanos y la compasión social. Argumentan que conceptos como este pueden ser utilizados para justificar políticas excluyentes, erosionar la red de seguridad social y deshumanizar a las poblaciones vulnerables que requieren asistencia y protección. A pesar de los cuestionamientos, la tesis de Suicidal Empathy ofrece una reflexión necesaria sobre los límites del altruismo en la gestión pública. El debate central no es si se debe ser compasivo, sino si las sociedades pueden sostenerse indefinidamente cuando sus políticas ignoran las realidades de la biología evolutiva, la meritocracia y el instinto de preservación.