El extremeño y el hierro santacolomeño, ausentes en Sevilla, vuelven a Madrid en la corrida del 120 aniversario de la RUCTL después de la emotiva faena del último San Isidro; Uceda Leal y Daniel Luque redondean un cartel de máximo interés

María Vallejo / El Mundo
Para conmemorar el 120 aniversario de la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia, regresa este domingo Emilio De Justo a Madrid. Anunciado, junto a Uceda Leal y Daniel Luque, con la ganadería de La Quinta. Y envuelto todavía en los ecos no olvidados de su faena a ‘Periquito’ (San Isidro de 2024). Aquel toro tan encastado de los Hermanos Conradi al que EdJ, renacido tras la doble y terrorífica fractura cervical que sufrió el Domingo de Ramos de 2022, ofreció sus femorales sin trampa en una batalla colosal. Un año después, revolotea el recuerdo del encastado santacoloma buscando su cuerpo con audacia y un hambre feroz y la emotividad de Emilio y su izquierda desnuda: Madrid rugía.
«Fue mi gran rencuentro con Madrid después de un año arrastrando la rigidez y las secuelas de la lesión del cuello», dice De Justo. No es difícil adivinarle el brillo en los ojos desde el otro lado del teléfono: «Estaba apasionado. Tenía delante un toro muy bravo y exigente, sabía que estaba haciendo algo importante y sentía la emoción del estruendo único que hace esta plaza cuando se entrega». Con la misma fuerza que rugía Madrid entregaba EdJ su vida: «En la primera tanda diestra, me cogió por la barriga. Tenía ese sentido del toro de santacoloma muy desarrollado. Me escapé de milagro, pero me rehíce con ilusión y mucho amor propio. Cuando me puse por el izquierdo, la faena cogió el nivel de las tardes bonitas». La espada sin muerte se llevó por delante el grandioso triunfo presentido. Otro más en su largo idilio con los grises, tan fiel puntal de la carrera de Emilio.
«Siempre me han gustado las dos líneas de Saltillo y Santa Coloma. Se me dan bien. Con los toros de La Quinta suelo tener sensaciones muy especiales. Tanto con el que embiste como con el que sale complicado, porque sé apostarle y eso me ha dado muchos triunfos en plazas importantes y el reconocimiento de aficionados y profesionales, que es la mayor satisfacción que puede tener un torero. Además, tengo una gran relación con los ganaderos. Son unos aficionados extraordinarios y su ganadería está en un gran momento».
La pregunta por Sevilla se vuelve entonces obligada: «¿Por eso pidió matar seis de La Quinta en la Feria de Abril?» «Ese tema se tergiversó un poco. Cuando vimos que no había acuerdo en las negociaciones y nos dijeron que la corrida de La Quinta iba en la Semana de farolillos, me ofrecí. Ya había matado seis de Victorino y siempre he querido hacerlo con esta ganadería. ¿Qué mejor sitio que Sevilla en su semana de farolillos? Habría sido una cosa de muchísima categoría, pero ahí fue cuando la empresa nos dijo que la corrida iba en preferia, lo descartamos y la gente pensó que yo lo había pedido a última hora», cuenta EDJ desde la serenidad.

«Fue una pena grande no estar en la Maestranza. Es el templo del toreo con el que muchos soñamos, pero no me quita el sueño. Era la decisión más justa con todos estos años y con las cosas importantes que he hecho en Sevilla». En 2021, desorejó a un toro de Victorino y paseó 3 orejas en dos tardes en las temporadas del 23 y el 24, tras el parón obligado de 2022, cuyas secuelas ha arrastrado mucho tiempo.
El saberse mermado físicamente delante del toro fue la pesada cruz que Emilio cargó cada tarde que se vistió de luces en 2023. «He recuperado muchísima movilidad en la rotación del cuello. Es lo que más me costó, sobre todo a principios de la temporada del 23. Me creaba ciertas inseguridades delante de los toros. Me faltaba flexibilidad y movilidad y sufría. Fue una temporada de mucho mérito porque hice cosas importantes sin estar físicamente al nivel». El golpe seco de su cuello contra la arena aún estremece la memoria. De Justo voló por los aires tras entrar a matar al primer toro (de Pallarés) de los seis que le esperaban en los corrales aquella tarde. Con su clásica y honestísima rectitud de ciprés. El parte médico confirmó la fractura de las vértebras C1 y C2.
Cuesta creer que no le persiga aquél fantasma cuando se va a por el estoque: «No tengo baches mentales a la hora de coger la espada. La mente puede con todo o te hunde. Yo sabía que, si quería volver al máximo nivel, tenía que seguir entregándome igual. Mi determinación me exigía seguir siendo el torero que era y matando como siempre he sentido la suerte de matar», dice, irradiando plenitud desde su resurrección física y mental: «Me siento muy recuperado, como torero y como persona. Fue el peaje que tuve que pagar y estoy orgulloso de haberlo superado. Me ha hecho más fuerte».
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Sus últimas palabras brotan desde su coraza de guerrero fraguado en el sílex de los pueblos de Colombia y el ostracismo de once años sin torear como una catarata de ambición incontenible: «He conseguido cosas importantes en el toreo, pero el amor propio me levanta por las mañanas con la motivación de crecer. Mi techo no ha llegado», concluye desde el coche desde el puerto previo a su cita con La Quinta.
Fuente: https://www.elmundo.es/cultura/toros/2025/05/18/682843c6e9cf4a09458b458e.html